Nuevo canciller de Chile restará atención a la crisis de Venezuela

Nuevo canciller de Chile restará atención a la crisis de Venezuela

La decisión estaría ligada a la difícil resolución del conflicto, porque a juicio del ministro de Exteriores el diálogo entre la oposición y el régimen de Nicolás Maduro no estaría rindiendo frutos

El próximo 13 de agosto, el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Teodoro Ribera, cumplirá dos meses en su cargo. Fue ese el lapso que el propio canciller le solicitó al presidente Sebastián Piñera al asumir sus nuevas tareas, con el objetivo de hacer un diagnóstico y conocer el funcionamiento del ministerio. Una vez cumplido el plazo, ahora está listo para impulsar sus proyectos.

Ribera ya definió los ejes que potenciará durante su gestión, los cuales implicarán una mayor preocupación por los países vecinos en desmedro de la atención a Venezuela, y una mayor búsqueda de consensos en la política exterior.

A ello el canciller sumará algunas prácticas que ya ha aplicado desde que asumió el cargo. Viaja solo lo estrictamente necesario, introdujo criterios como videoconferencias para agilizar el trabajo, e implementó un nuevo sistema de coordinación interno.

En su entorno aseguran que hasta antes de su llegada, las áreas comercial y de política de la Cancillería funcionaban de manera casi separada, lo cual a partir de ahora cambiará. El razonamiento es que en el mundo de hoy, lo político afecta lo comercial y viceversa.

También está haciendo esfuerzos para mejorar la comunicación interministerial, con citas periódicas con sus pares, como las que ha tenido con el titular de Justicia, Hernán Larraín, con quien ha revisado el cumplimiento de sentencias en derechos humanos y extradiciones.

En esa línea, desde Teatinos 180 se destaca además la relación de confianza que ha fraguado con Piñera, lo cual ha disminuido las tensiones generadas durante el período de Roberto Ampuero por el rol de Benjamín Salas, el asesor internacional del mandatario.

El ministro promete modificaciones en seis embajadas, la Dirección General Administrativa, la Dirección General de Protocolo y la Dirección de Seguridad Internacional.

Preocupación vecinal y mesas de diálogo 

El ministro de Relaciones Exteriores de Chile destaca que una de sus primeras acciones fue viajar a Argentina para conocer en persona a su par trasandino, Jorge Faurie, debido a que las relaciones con los países vecinos será una preocupación prioritaria durante su administración.

A su juicio, el foco de Chile ha estado demasiado puesto en la crisis venezolana. "Suramérica no es solo Venezuela", dijo, y enfatizó su interés en reactivar redes con Bolivia y fortalecer las existentes con Perú.

En cuanto a Lima, se optará por una política de contención, con miras a no entorpecer las relaciones con temas como la tensión migratoria en Tacna, algunos aspectos del Tratado de 1929 y el uso de las cuencas acuíferas transfronterizas, como la situación del Uchusuma.

La Paz será un tema especial, ya que observa con atención lo que ocurriría con una posible reelección de Evo Morales y un eventual empeoramiento de las relaciones bilaterales. Para ello, el canciller ya piensa implementar una diplomacia entre los pueblos.

El objetivo sería generar redes de contacto a nivel ciudadano entre ambos países que subsistan ante los malos momentos de los vínculos a nivel político entre los Estados. Para ello, convocaría una mesa transversal para consensuar una política al respecto.

La decisión de ir restando protagonismo al tema venezolano estaría ligada a la difícil resolución del conflicto, porque el diálogo entre la oposición y el régimen de Nicolás Maduro no estaría rindiendo frutos. No obstante, seguirán atentos, pero con menos intensidad, a través del apoyo de asesores de la cartera, como el ex diputado Darío Paya.

Finalmente, otro punto relevante para Ribera será la necesidad de lograr consensos internos sobre política exterior, luego de la tensión instalada entre la oposición y el gobierno en temas internacionales, como la postura ante tratados internacionales, entre otros temas.

Luego de detectar dicha falencia, la primera determinación del canciller fue revisar la estrategia comunicacional y disminuir sus intervenciones públicas, con miras a reducir las opciones de generar roces entre ambas partes. Es decir, habrá menos presencia mediática.

Lo segundo, fue reconocer que el clima de unidad que marcó los últimos años gracias a la postura de Chile ante los casos de Perú y Bolivia en La Haya llegó a su fin y que ahora hay que asumir que habrá niveles de disenso mayores, ya que la política exterior estará más vinculada a los temas internos, como ha ocurrido en el asunto de la migración.

Para ello, se crearán grupos de trabajo que permitan consensuar políticas previas y construir políticas de Estado. Es así como en dos meses más debiera establecerse el Consejo Asesor de Política Exterior y otras instancias, como la mencionada sobre Bolivia.

En ellas, esperan tratar el traspaso de soberanía a instrumentos internacionales, para evitar las discrepancias vistas ante el Pacto Mundial de Migraciones y el Pacto de Escazú, y lo que es considerado el tema de fondo: la permanencia en el Pacto de Bogotá.

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