Nord Stream 2 y la 'trampa siberiana' de Angela Merkel

Nord Stream 2 y la 'trampa siberiana' de Angela Merkel

El primer campeón de ajedrez de la era moderna, Wilhelm Steinitz, decía que el jugador con la iniciativa está obligado a atacar para no correr el peligro de perder la partida. En la guerra híbrida que Rusia libra desde hace años con Alemania, la canciller Angela Merkel ha creído que el caso Alexei Navalny le daba una oportunidad de ataque y ha lanzado una jugada activa contra el presidente Vladimir Putin.

Detectado en el laboratorio de toxicología del Ejército alemán rastros de gas nervioso en el opositor ruso, la canciller ha pedido a la Unión Europea y a la OTAN una respuesta firme y común a lo que entiende es una violación de la Convención sobre Armas Químicas de la ONU de 1993, de la que Rusia es signatario. "Estamos ante un régimen agresivo dispuesto a llevar a cabo sus intereses sin escrúpulos y con violencia", llegó a decir la ministra alemana de Defensa, Annegret Kramp-Karrenbauer.

La jugada de Merkel apelando a la unidad y valores de Occidente contra los métodos de Vladimir Putin con sus opositores la honra, pero los maestros de la geopolítica no la ven clara. Navalny es ciudadano ruso, el envenenamiento del que está siendo tratado en Berlín ocurrió en Siberia y cualesquiera que sean las sanciones por venir, si vienen, le costarán dinero y reputación a Alemania. En argot ajedrecístico, y viene a pelo, las fichas que la canciller ha puesto en movimiento podrían caer en la conocida como 'trampa siberiana'.

"El gesto humanitario con Navalny no debe convertirse en un enfrentamiento entre Rusia y Alemania o entre Rusia y Occidente. Esto es un asunto interno ruso", advierte el presidente de la Conferencia de Seguridad de Múnich, Wolfgang Ischinger, ex secretario de Estado de Asuntos Exteriores y antiguo embajador en Washington y Londres.

Demasiado tarde. Sin esperar a las conversaciones con los socios europeos y de la OTAN, anticipándose a una previsible falta de consenso, en Alemania se multiplican las voces a favor de una respuesta unilateral, lo que ha puesto a Merkel en un indeseado dilema. "Alemania es el único país europeo que puede responder al acto criminal que se ha cometido contra Navalny con el único lenguaje que Putin entiende y donde más le duele, el gas. Hay que abandonar la construcción del gasoducto Nord Stream 2", afirma Norbert Röttgen, presidente de la comisión parlamentaria de Asuntos Exteriores.

Röttgen, uno de los tres candidatos a presidir la Unión Cristianodemócrata (CDU) -el partido de Merkel-, y vicepresidente de la organización 'Atlantik-Brücke' (Puente Transatlántico) siempre fue contrario a ese gasoducto. Sus razones son las mismas que las de Estados Unidos y otros países de la UE: es contraproducente desde el punto de vista medioambiental, creará problemas de seguridad en Ucrania, Polonia o los países bálticos (ya que al dejar de ser lugares de tránsito quedarían a merced de Rusia), incrementará la influencia de Putin en Europa y sólo beneficiará a Alemania y no al conjunto de la Unión.

El Nord Stream 2 fue, por todo ello, polémico desde sus inicios. Ya en 2017, el ex presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk aseguró que haría todo lo posible para abortarlo en defensa de la independencia energética de Europa y hasta el jefe de la Comisión, Jean-Claude Juncker, expresó serias dudas.

Merkel, con la mitad de los socios europeos en contra, incluido Francia, ha hecho desde entonces encaje de bolillos para acoplar el Nord Stream 2 en la política energética comunitaria y forjado una extensión del acuerdo de suministro ruso para Ucrania. Ha repetido hasta la saciedad que el gasoducto que se construye en alta mar desde Víborg, en Rusia, hasta Greifswald en Alemania, no es un proyecto de Estado, sino del sector económico y que sus ramales se conectarán a la red europea. "Es un proyecto económico europeo", ha sido su mantra.

UNA PARALIZACIÓN COMPLICADA
El caso Navalny ha reabierto la caja de Pandora. Salvo el Partido Die Linke (La Izquierda), que siempre se posiciona de parte de Rusia, la dura condena de Merkel a Rusia ha desatado un oportunista reguero de peticiones a favor del abandono del proyecto. Manfred Weber, vicepresidente de la Unión Socialcristiana (CSU) -la rama bávara de la CDU- y jefe de la fracción de los Populares en el Parlamento Europeo, ha sido uno de los últimos en alzar la voz contra el Nord Stream 2. "El 'sistema Putin' está dispuesto a matar y Europa está en la obligación de responder con una sola voz en defensa de la democracia, la libertad y el Estado de derecho".

Como si fuera tan fácil. Como si las fichas en el tablero evolucionen al jaque mate. En la construcción del Nord Stream 2 participan unas 120 empresas de una docena de países europeos y ya se han invertido unos 12.000 millones de euros, la mitad de ellos aportados por el consorcio estatal ruso Gazprom.

"Si el proyecto se detiene por una decisión política, Alemania no sólo deberá hacer frente a demandas millonarias de las empresas, sino que también perderá credibilidad jurídica, aspecto esencial en el mundo de los negocios", advierte Ischinger.

Desde el punto de vista político, la paralización de las obras emprendidas por consorcios internacionales, una vez construido más del 90%, tampoco será gratis para la reputación internacional de Alemania. A Merkel le resultaría muy difícil marcar diferencias con las sanciones impuestas el pasado 21 de diciembre por el presidente estadounidense Donald Trump a todas las empresas que participan en el Nord Stream 2 y a las que reaccionó furiosa. No fue la única. La clase política alemana en su conjunto calificó de ilegales las sanciones extraterritoriales de Trump, al que acusaron de neoimperialismo.

Merkel hizo un movimiento inteligente al pedir una respuesta común europea al envenenamiento de Navalny, pero la presión a la que ahora está sometida en casa ha dado al traste con su estrategia del avestruz. Atrapada en la 'trampa siberiana', a la canciller sólo le queda ganar tiempo. "Les pido un poco de paciencia. La confirmación de que Navalny fue envenenado con un gas militar se produjo la semana pasada. Las conversaciones emprendidas con los socios europeos y de la OTAN para buscar una respuesta común acaban de empezar", ha declarado el portavoz del Gobierno, Steffen Seibert.

Y cuanto más se prolonguen mejor, como mínimo hasta pasadas las elecciones estadounidenses. Detener el Nord Stream 2 antes de noviembre sería un regalo para Trump: a muchos dirigentes europeos y alemanes les gustaría que abandonara la Casa Blanca. Un "ya lo avisé" o "al final me han dado la razón" sería insoportable para muchos dirigentes en Europa.

Queda la opción de nuevas sanciones, pero el ministro alemán de Economía, Peter Altmaier, muy próximo a la canciller, ya ha mostrado su escepticismo. Putin se enfadaría, sin duda, pero no le doblegaría. Rusia está tan acostumbrada a las sanciones como sabedora es de su importancia en los conflictos que acechan Europa. Putin puede en cualquier momento desencadenar o reactivar la crisis de los refugiados en el Mediterráneo, echar fuego a los conflictos en Siria, Libia o Ucrania y permitir, llegado el caso, un baño de sangre en Bielorrusia.

UNA PACIENCIA AGOTADA POR PUTIN
Visto con el prisma geopolítico, los analistas coinciden en que Putin sólo teme a su creciente oposición interna y la eventual emancipación de los países que forman el cordón sanitario que defiende la continuidad de su régimen. Bielorrusia es uno de ellos.

La reacción de Merkel al caso Navalny, aunque insólita, es comprensible. A la canciller se le agota la paciencia. Desde 2010, los servicios alemanes de inteligencia han detectado que la presencia ilegal de espías rusos en Alemania se ha duplicado y con ella los medios de propaganda rusos como RT Deutsch, antes Russia Today. En 2015, el Bundestag sufrió un ataque cibernético orquestado por el soldado ruso Dmitri Badin, contra el que la Fiscalía Federal dictó orden internacional de busca y captura.

En agosto de 2019 un ciudadano georgiano de origen checheno fue asesinado en Berlín por agentes rusos y el Gobierno alemán está convencido de que la orden la dio Putin personalmente. A eso se suma, entre otros, que las negociaciones sobre Ucrania, en las que Alemania se ha involucrado con Francia, siguen bloqueadas.

Las relaciones con Rusia son tan importantes para Alemania como las transatlánticas, pero más añejas. De por medio hay lazos de sangre, episodios en la Historia, una parte de la población alemana que fue socializada por Rusia durante décadas y fuertes inversiones en el sector inmobiliario por parte de oligarcas. Merkel habla ruso mejor que inglés y Putin perfeccionó su alemán como oficial de la KGB en Alemania. Los dos se conocen bien y son excelentes jugadores de ajedrez. Para Putin, la canciller es la única gobernante europea que sabe de su país tanto como él y puede jugar a su nivel.

Los aficionados que siguen la partida Moscú-Berlín esperan con impaciencia el siguiente movimiento. Pero si el ciberataque al Bundestag y el asesinato en su territorio del opositor georgiano no detuvieron el Nord Stream 2, es razonable pensar que la jugada con la que Merkel saldrá de la 'trampa siberiana' será más táctica que mortal.

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