Nikol Pashinián, primer ministro de Armenia: "Los armenios somos el último baluarte frente a los turcos"

Nikol Pashinián, primer ministro de Armenia: "Los armenios somos el último baluarte frente a los turcos"

En una entrevista con EL MUNDO, Pashinián admite tácitamente que el mortífero ataque contra un edificio de viviendas en Azerbaiyán fue una represalia y acusa a Turquía de continuar "con la política del genocidio de armenios como en 1915"

Rosa, la abuela de Artisom Sanosiyan, acariciaba el túmulo de tierra con mimo. Hablaba con su nieto como si todavía siguiera vivo, con el rostro demudado. A intervalos se dedicaba a colocar nuevas flores sobre la sepultura o a limpiar con un pañuelo la foto del difunto que adornaba la tumba, donde el chaval de 19 años aparecía con un esbozo de sonrisa.

"Hace una semana todo este espacio estaba vacío y ahora, mire alrededor. Y siguen cavando nuevos agujeros. Todos tienen la misma edad. Diecinueve, veinte...", afirma Eliza Calstian, prima de Artisom. La muchacha enseña una foto de cuando ambos tenían dos años. Se les ve sonriendo y rodeados de peluches.

El mismo osito que han colocado sobre otra tumba cercana, la de Albert Hovhannisyan. Su foto disparando un cañón fue elegida como enseña de la campaña patriótica promovida por Yereván al inicio de la confrontación. Su muerte ulterior le convirtió en un icono para la población local.

"Mi hijo ha pasado a la inmortalidad. Mi dolor es grande pero estoy orgulloso de ser el padre de un patriota, de un héroe moderno", escribió su padre en Facebook cuando conoció la muerte de Albert.

En estos días, el cementerio y memorial militar de Yereván -la capital de Armenia- es un continuo trasiego de féretros, funerales y ceremonias de conmemoración para las decenas de chavales que han perdido la vida en la nueva guerra de Nagorno Karabaj.

El llanto de los allegados y los rezos de los sacerdotes se entremezclan con el continuo trabajo de tres excavadoras que siguen habilitando espacio para las próximas víctimas. En el terreno ya hay más de un centenar de tumbas. "Ayer llegaron 17 y una cifra parecida cada día", explica un uniformado presente en el lugar.

Si los armenios exhiben a un Albert Hovhannisyan como distintivo, los azerbaiyanos también han creado su propio "emblema" recurriendo a la instantánea del pequeño Omar Nasirov, de 5 años, sonriendo y con la cara cubierta de sangre. Desde que un misil destruyera el pasado domingo un edificio de apartamentos en Ganja, la segunda ciudad de Azerbaiyán, matando a una decena de civiles, las redes sociales de ese país han convertido a Nasirov -de quien dicen que resultó herido en el trágico suceso- en su particular divisa.

La posibilidad de que ambos lados de este conflicto interminable lleguen a resolver sus diferencias por medio de la negociación parecen tan lejanas como arraigado semeja ser el odio que se profesan mutuamente y que les lleva a usar a muertos y heridos como bandera de enganche para su causa.

"EL ATAQUE CONTRA GANJA FUE UNA RESPUESTA DESESPERADA"
El propio primer ministro de Armenia, Nikol Pashinián, reconoció en una entrevista con EL MUNDO y el diario alemán Die Welt, que el ataque contra Ganja había sido una especie de lección.

"Tras la entrada en vigor del alto el fuego [el pasado sábado] no se detuvieron los bombardeos contra Stepanakert y otras ciudades de Nagorno Karabaj... sufrían un ataque constante de los cohetes... y las fuerzas de Karabaj dieron una respuesta desesperada [la traducción también podría entenderse como 'extrema'], porque seguían siendo atacados pese al acuerdo. Si se compara esa respuesta en términos porcentuales (sic), fue muy insignificante [el Scud arrasó un edificio de viviendas civiles], mucho más pequeña, para que Azerbaiyán comprendiera finalmente que esas acciones no iban a permanecer sin respuesta".

El misil de Ganja y los posteriores enfrentamientos en el sur y norte de Nagorno Karabaj cuestionan la viabilidad de la tregua acordada en Moscú y que debía haber entrado en vigor el sábado pasado. Este miércoles, Bakú reconoció haber atacado lanzaderas de misiles instaladas en territorio de la República de Armenia, lo que supone un paso más en la escalada bilateral.

Pashinián achaca la continuación de los combates a Azerbaiyán y su principal aliado, Turquía. En un discurso a la nación, el primer ministro admitió por primera vez que los uniformados armenios han tenido que retirarse de algunos territorios del norte y el sur del enclave.

La implicación de Ankara en esta nueva fase del conflicto ha resucitado el espectro del genocidio de 1915 a manos de las tropas otomanas y sus aliados, y ese trauma parece guiar muchas de las decisiones políticas que siguen perpetuando esta contienda.

"Turquía continúa con la política del genocidio de armenios como en 1915... Ha sido Turquía quién inició esta guerra, quién la está dirigiendo, quién no permite el alto el fuego, quién está trayendo al conflicto a terroristas y mercenarios que recluta en Siria", opinó Pashinián en su diálogo con este diario.

"¿Por qué? Porque los armenios somos el último baluarte frente a su política expansionista. Hay que ver lo que está ocurriendo en el contexto de lo que está haciendo Turquía en el Mediterráneo [se refiere a su creciente rivalidad con Grecia y Chipre], en Siria e Irak", agregó.

Con la misma contundencia que defiende la devastadora réplica de Ganja, el jefe del ejecutivo reiteró en dos ocasiones que las fuerzas armenias utilizarán "todos los medios" a su alcance para "evitar otro genocidio".

Aunque el jefe del ejecutivo de Yereván se mostró "dispuesto a negociar" sobre el futuro de las regiones azerbaiyanas ocupadas por las tropas armenias -algo que exigen cuatro resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas-, Pashinián aludió a un elemento que es clave para entender la posición de esta comunidad en esta pugna histórica: en 1991 la población de Karabaj, de mayoría armenia, organizó un referéndum de independencia de acuerdo a la normativa de la Unión Soviética. La minoría azerbaiyana boicoteó la cita, donde se votó a favor de la secesión por un resultado abrumador.

"Nagorno Karabaj, que tenía una mayoría del 80 por ciento de armenios, fue colocada de forma arbitraria por Stalin en Azerbaiyán y no en Armenia. A finales de los años 80 los armenios de Nagorno Karabaj iniciaron un movimiento pacífico para recuperar sus derechos. Al igual que Azerbaiyán se declaró independiente de la Unión Soviética, Nagorno Karabaj se declaró independiente de la Unión Soviética y de Azerbaiyán", refirió Pashinián.

UNA MEMORIA SUBYUGADA POR LAS BRUTALIDADES
La reciente y atribulada historia de esta región ha conseguido eclipsar la narrativa de aquellos años en los que armenios y azerbaiyanos eran vecinos y convivían en las mismas poblaciones.

La memoria actual de ambos sectores se encuentra subyugada por las brutalidades que sufrieron las dos comunidades durante el conflicto de los 90.

Sentado en una mesa del Hotel Armenia de Stepanakert días antes, el veterano Artur Aleksanyan -uno de los activistas que participó en el movimiento secesionista de Karabaj a finales de los 80 y en la contienda subsiguiente- relataba cómo fue detenido en 1991, la ingente paliza que sufrió cuando un guardia azerbaiyano que previamente le había obligado a desnudarse le intentó arrebatar la cruz que llevaba en el pecho y cómo consiguió ocultarla en la boca antes de perder el conocimiento.

"Nunca podríamos volver a vivir juntos", sentenció el anciano.

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