Najib Mikati, un multimillonario para salvar el Líbano

Najib Mikati, un multimillonario para salvar el Líbano

Especialista en aparecer cuando el Líbano vive dramáticos momentos de crisis, Najib Mikati ya sabe lo que es estar al frente de un gobierno con el país roto. Cuando en 2005 fue asesinado Rafik Hariri, acudieron a él para formar un gabinete. Su misión entonces era curar las divisiones que fracturaron al país -entre prosirios, con Hizbulá al frente, y antisirios, agrupados en torno al hijo de Hariri, Saad- tras la muerte del emblemático ex primer ministro en un espectacular atentado con coche bomba en Beirut.

En 2011, ya con la mecha de las revoluciones árabes prendida desde Túnez, fue designado de nuevo para formar equipo de gobierno. Eran tiempos difíciles, marcados por el estallido de la guerra en la vecina Siria y en los que, pese a obtener el apoyo de Hizbulá, tardó casi medio año en conformar Gabinete. Tuvo que ceder y puso en manos del partido chií más de la mitad de los ministerios. Enfrente tuvo a Saad Hariri, el heredero político de su padre asesinado, que se opuso a su colaboración con Hizbulá a quien acusa de estar tras la muerte del patriarca suní. Mikati aguantó en el cargo dos años y permaneció en funciones hasta 2014, en un contexto muy marcado por el conflicto sirio y la llegada de un millón de refugiados al pequeño país mediterráneo.

Ahora, Mikati vuelve a la carga. Esta vez tiene el consentimiento de Saad Hariri, quien habiendo sido designado para formar gobierno, tuvo que autodescartarse el pasado 15 de julio tras 10 meses de infructuosas negociaciones. El Líbano lleva malgobernado con un Ejecutivo en funciones desde que el primer ministro Hasan Diab dimitiera el pasado agosto, una semana después de las explosiones que el 4 de ese mes devastaron Beirut y provocaron más de 200 muertos y miles de heridos.

Mikati es el hombre más rico del país, con permiso de Saad Hariri (que ha visto reducido su patrimonio en los últimos años). La revista 'Forbes' estima que su fortuna asciende a 2.700 millones de dólares. Su emporio se ha forjado en la construcción y en la telefonía, con tentáculos en Europa, América y África y en ciudades tan exclusivas como Nueva York, Londres o Mónaco. Junto a su hermano Taha, también multimillonario, fundó el holding M1, que es el principal accionista del operador sudafricano MTN, es dueño de la marca de moda de lujo Façonnable, y tiene inversiones en tecnología financiera y en los sectores inmobiliario, transporte e hidrocarburos. El pasado julio, el grupo compró una de las mayores compañías telefónicas de Birmania, entre denuncias de connivencia con la junta militar golpista.

Otro dato para la polémica: es amigo personal del presidente sirio, Bashar Asad. Se le considera, asimismo, próximo a Hizbulá, milicia-partido chií prosiria y proiraní que se ha convertido en un Estado dentro del Estado libanés.

Casado y padre de tres hijos, su trayectoria muestra el camino de esa élite libanesa que vive una vida de lujo mientras el país se ha ido yendo al traste. Licenciado en Gestión y Administración de Empresas en la Universidad Americana de Beirut (UAB), estudió en Fontainebleau (Francia) y Harvard (EEUU).

Sus comienzos en los negocios se retrotraen a los años 80, en plena guerra civil libanesa, cuando junto a su hermano atisbó las posibilidades de las comunicaciones por satélite. En 1992 se asoció con France Telecom para explotar la telefonía móvil en el Líbano. Años después, el Gobierno revocó su licencia, que quedó en manos de una empresa kuwaití, según informa Efe. Los hermanos Mikati siguieron emprendiendo en África, lanzándose a la construcción de las redes móviles de Ghana, Liberia y Benin.

Compatibilizó su éxito empresarial con la política, donde aterrizó en 1998 para ser ministro de Obras Públicas. Dentro del complicado sistema de reparto de poder que rige entre las distintas confesiones religiosas libanesas, Mikati es uno de los jefes de filas de los suníes. A esta rama del islam se le confía la jefatura del Gobierno, según el esquema de cuotas confesionales diseñado al término del dominio colonial francés. Los chiíes ostentan la Presidencia del Parlamento, mientras que se reserva el cargo de jefe del Estado a una figura perteneciente a la comunidad cristiano maronita.

Najib Mikati nació en 1955 en Trípoli, que paradójicamente es la ciudad más pobre del país de los cedros, donde el 57% de sus habitantes viven con menos de un dólar al día. En las protestas que estallaron en octubre de 2019 contra la corrupción de los gobernantes, Mikati fue objeto de la cólera de los tripolitanos, que llegaron a intentar asaltar su residencia y marcharon blandiendo retratos suyos mientras cantaban consignas contra él. Ese mismo año se abrió una investigación contra el millonario político por "enriquecimiento ilícito".

Para sus detractores, Mikati encarna esa oligarquía que nada en la corrupción y el nepotismo. Una clase política que ha aprovechado sus cargos públicos para enriquecerse. "¿Cómo puedo confiar en un ladrón que me ha robado y ha robado el futuro de mis hijos?", reclamaba a France-Presse Mohamed Diab, un beirutí de 57 años. "Mientras esta casta esté todavía en el poder, nada cambiará", opinaba.

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