Mujeres en el Afganistán talibán: golpes, latigazos y un Ministerio para castigar sus pecados

Mujeres en el Afganistán talibán: golpes, latigazos y un Ministerio para castigar sus pecados

19:31 - El nuevo gobierno afgano anuncia la abolición del Ministerio de la Mujer y pone en marcha un departamento para la Prevención del Vicio y la Promoción de la Virtud

El volantazo de los talibán apenas tiene precedentes. Si acaso en Irán donde, en el curso de los primeros años tras la revolución popular que derrocó al sha, las mujeres perdieron paulatinamente sus derechos hasta acabar siendo obligadas a cubrirse el pelo o sometidas a la autoridad del 'guardián' varón. Pero hasta los iraníes palidecen ante unos fundamentalistas afganos que, al mismo tiempo que han prometido al mundo derechos para las mujeres, han sentado todas las bases para borrarlas de la sociedad por completo.

El día en que anunciaron los cargos de su Gobierno provisional un detalle llamó la atención. Fieles a su estrategia de Relaciones Públicas, cuyo objetivo es legitimarse en el plano global y ser reconocidos, los talibán omitieron, en la traducción al inglés del folio de nombramientos transmitido a los medios, el anuncio de su nuevo Ministerio para la prevención del vicio y la promoción de la virtud. Se había caído de la lista, en cambio, el Ministerio de la Mujer.

¿Nuevo? No tanto. A muchas de las afganas más entradas en años tal título les produce escalofríos. No olvidan que, durante el período anterior de control talibán, a finales de los 90, aquel Ministerio fue el responsable de decretar la mayoría de tropelías por las que la comunidad internacional señaló al movimiento: enviar a los hombres a rezar a las mezquitas a latigazos, medir la longitud de su barba, destruir radios o televisiones y atacar a las mujeres por intentar ir a trabajar o andar solas por la calle.

Durante semanas, las funcionarias que habían intentado ir a trabajar a la sede del Ministerio original se habían topado en la puerta con un "vuelva usted mañana" de los talibán. El pasado viernes, un grupo de mujeres se filmó en vídeo, frente al edificio, denunciando que los fundamentalistas les habían dicho, de forma definitiva, que se habían quedado en el paro. Entretanto, unos obreros pintaban un nuevo letrero en el portal de la oficina: 'Ministerio de rezo y guía y la promoción de la virtud y la prevención del vicio'.

"Soy la única de la familia que trae el pan a la mesa", lamenta una de las trabajadoras que asegura haber sido despedida. "Si no hay Ministerio, ¿qué se supone que debería hacer una mujer afgana?", se pregunta. La misma cuestión la reivindican en las calles cientos de mujeres estos días. Frente a unos talibán que prometieron "derechos para las mujeres" pero "en el marco de la ley islámica", o mejor dicho de su interpretación cerril de esta, las féminas no han dejado de exigir poder trabajar y participar en la política.

La respuesta de los talibán que las chicas están recibiendo sobre el asfalto consiste en golpes y latigazos. Los agresores ya tienen un cuerpo policial al que responder. La Policía de la Moral se acaba de presentar en sociedad, dispuesta a hacer cumplir con las normas draconianas del Emirato Islámico. Por mucho que sus responsables traten de dulcificar su función diferenciándola de la que tenían en los 90. "No teníamos un libro específico de principios", asegura uno de los comandantes en Kandahar al diario 'The Guardian'.

Se llama Mawlawi Mohammad Shebani, y está a cargo de velar por el recato en una de las ciudades más conservadoras de Afganistán. Un trabajo a priori no excesivamente difícil dado el lugar, pero no por ello piensa tomárselo con menos rigor. Eso sí, promete no recurrir a la mano dura de buenas a primeras: "Queremos primero informar a todos de los principios", indica Shebani. "Hay algunas cosas pequeñas por las que no reaccionaremos, no queremos que la gente entre en pánico o sienta negatividad".

Su labor contribuye al fundido a negro en una de las sociedades que, durante los últimos años, y pese a la violencia y la incompetencia de sus autoridades, se había mantenido vibrante. El giro que se experimenta es tal que incluso Pakistán, el país que más ha hecho por aupar a los talibán al poder de nuevo, a fin de influir en el país, puede estar viéndole las orejas al lobo.

Ayer, en una entrevista para la cadena BBC, su primer ministro, Imran Khan, alertó contra los intentos talibán de apartar a las niñas de la educación. "Creo que permitirán a las niñas ir a la escuela", aseveró Khan, poco después de que el movimiento haya evitado convocarlas a las clases de Secundaria. "La idea de que las mujeres no deberían ser educadas es simplemente no islámica. No tiene nada que ver con la religión", sentenció el político paquistaní.

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