Moscú y Kíev firman la paz del gas

Moscú y Kíev firman la paz del gas

Gazprom seguirá llevando gas a Europa por Ucrania al menos cinco años más

Los oleoductos y gasoductos son parte intrínseca no sólo de la geopolítica de Rusia, uno de los principales productores y exportadores de hidrocarburos del mundo, sino también de las necesidades económicas de los países de la Unión Europea, a los que hace falta energía para calefacción y para hacer funcionar su industria. El fantasma de una nueva guerra del gas como las sufridas una década atrás sobrevolaba sobre el continente, porque se temía que las tensiones de la crisis ucraniana impidiesen que Moscú y Kíev llegasen a un acuerdo antes de que el pacto actualmente en vigor finalice el próximo 31 de diciembre. Pero si en el campo político, diplomático y militar la crisis ucraniana sigue caliente, en el de la energía, que son negocios, sí se ha conseguido la paz.

El gigante ruso de la energía Gazprom y la empresa ucraniana Neftogaz alcanzaron el pasado fin de semana un acuerdo para seguir enviando combustible a Europa través de Ucrania durante al menos los próximos cinco años. Moscú y Kíev terminaban así una larga disputa, y en el continente europeo se lanzaba un suspiro de alivio porque por esa vía le llega el 40% del gas ruso que necesita, y que en términos globales significa un 30% de sus necesidades energéticas.

Aunque los ministros de Energía, Alexánder Nóvak por Rusia y Oleksiy Orzhel por Ucrania, no especificaron el precio al que Gazprom pagará los derechos por usar los gasoductos ucranianos, Kíev se asegura que en el 2020 pasarán por su territorio 65.000 millones de metros cúbicos de gas ruso, más 40.000 millones cada uno de los años siguientes. La cifra es menor que
la enviada por Gazprom en ejercicios anteriores, pero suficiente para que Naftogaz quede satis-
fecha.

El acuerdo también supone que Gazprom haga frente a las demandas por el precio del gas y las tasas de tránsito que desde el 2014 viene planteando Naftogaz ante un tribunal de arbitraje de Estocolmo. La rusa tendrá que pagar a la ucraniana 2.900 millones de dólares (2.620 millones de euros), que es lo que propuso dicho órgano, para dar estas disputas legales por zanjadas, anunció el jefe de Gazprom, Alexéi Miller.

El acuerdo es un gran avance para ambos países, que llevan cinco años intentando resolver sus disputas en torno a la guerra del este de Ucrania, donde han muerto más de 13.000 personas según la ONU, y la península de Crimea, anexionada por Rusia en marzo del 2014. La reciente cumbre en París del Cuarteto de Normandía (líderes de Ucrania, Rusia, con la intermediación de Alemania y Francia) parece haber dado nuevas esperanzas de encontrar el camino para encauzar el conflicto bélico. Aunque desde hace años los pasos que se dan son muy cortos o se ven interrumpidos por un paso atrás. Ayer mismo las entidades separatistas anunciaban estar de acuerdo en un intercambio de prisioneros antes de fin de año, aunque hace una semana esto se daba por descartado.

El gas también ha formado parte de este escenario de enfrentamientos. Ucrania dejó de importar gas directamente de Rusia en el 2015, debido a la anexión de Crimea y del apoyo de Moscú a los separatistas prorrusos del este de Ucrania. Pero Ucrania necesitaba el oro azul , así que compró el gas ruso de forma indirecta, a través de varios países de la Unión Europea, como Eslovaquia, Polonia o Hungría.

La paz del gas también se trató en la reunión de París, según ­explicó tras el encuentro el pre­sidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, quien ya anunció ­entonces que habría acuerdo antes de Año Nuevo.

Gazprom y Naftogaz han alargado las negociaciones hasta el final por diversos desacuerdos, como la duración del nuevo contrato. Al gigante ruso le interesaba un acuerdo corto, tal vez de un año de duración, o simplemente prorrogar el acuerdo de 2009. Contaba con que el Nord Stream 2, el segundo gasoducto por el fon do del mar Báltico, entrase en funcionamiento hacia finales del 2019. Pero la fecha de inauguración se ha ido retrasando y las recientes sanciones de Estados Unidos obligarán a posponerla varios meses, probablemente acercándonos ya al año 2021.

Si los primeros planes se hubieran cumplido, a la parte rusa no le habría hecho mucho daño perder los gasoductos ucranianos para vender gas a Europa.

Ucrania, por el contrario, quería un contrato más largo, con una duración de diez años, como el anterior. De esa forma quedaría vacunada contra cualquier otra ruta alternativa que buscase Rusia para llegar a sus clientes europeos, ya sea por el norte a través del mar Báltico y Alemania con los dos Nord Stream, ya sea por el sur con el TurkStream y Turquía. Sí ha logrado, al menos una concesión, ya que según su ministro de Energía, Oleksiy Orzhel, el pacto alcanzado incluye la opción de alargar el acuerdo a su término diez años más.

Pero no todo el mundo en Ucrania está satisfecho con el acuerdo. El expresidente ucraniano Petró Poroshenko criticó el domingo en Facebook que este acuerdo dé por resueltas las demandas contra la rusa Gazprom. “Estamos hablando de miles de millones de dólares que tendrían que ir a Naftogaz”, aseguró. Según el ahora opositor, el acuerdo no está justificado por su viabilidad económica, sino por motivos políticos. Poroshenko pidió que se apliquen sanciones contra las empresas ucranianas que lleguen a cualquier acuerdo con Gazprom para comprar gas directamente a Rusia a partir del 1 de enero del 2020, en contra de la práctica que se adoptó en 2015. Su partido, Solidaridad Europea, formalizará esta petición a la Rada, el parlamento unicameral de Ucrania, en forma de proyecto de ley. Según él, esos son “contratos políticos”, y no comerciales, y aseguró por televisión haber “recibido información de cinco empresas ucranianas que han firmado acuerdos” de este tipo con Gazprom. Poroshenko acusó a Rusia de vender gas con descuentos a la “quinta columna” para socavar los “fundamentos del estado ucraniano” con los ingresos. El viceprimer ministro ruso Dimitri Kozak desmintió que Gazprom haya firmado tales acuerdos.

El pasado mes de abril Poroshenko perdió contundentemente las elecciones presidenciales en Ucrania ante Volodímir Zelenski, un exactor que ha cambiado la televisión para convertirse en un presidente novato.

 

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