Moscú confía en que Berlín mantendrá el pragmatismo en la relación bilateral

Moscú confía en que Berlín mantendrá el pragmatismo en la relación bilateral

Rusia espera que el sucesor de Merkel revalide el equilibrio entre negocios y crítica

El ramo de flores que en cada cumbre Vladímir Putin entregaba a Angela Merkel era todo un símbolo, además de un gesto de cortesía. Igual que con otros países occidentales, las relaciones de Alemania con Rusia han ido empeorando en los últimos años, pero en el Kremlin pueden darse con un canto en los dientes porque Berlín siempre ha insistido en dejar los puentes tendidos. Este escenario pragmático, entre la rivalidad y la cooperación, es el que espera Moscú si de la coalición resultante de las urnas alemanas sale un canciller socialdemócrata, democristiano, o incluso verde.

Las relaciones entre Rusia y Alemania comenzaron a deteriorarse con las manifestaciones contra Putin tras las elecciones legislativas rusas de diciembre de 2011. Luego siguió la anexión de Crimea, que Ucrania y Occidente consideran ilegal; la implicación de Rusia en la guerra del Donbás, y el envenenamiento y encarcelamiento del opositor ruso Alexéi Navalni, que cumple dos años y medio de cárcel. “Los principales partidos alemanes tienen una actitud crítica hacia nuestro país, definida por líneas rojas conocidas (...) Pero reconocen la necesidad de desarrollar relaciones en varias áreas y la imposibilidad de resolver problemas internacionales sin Rusia”, ha escrito en Nezavísimaya Gazeta Vladislav Belov, director del Centro de Estudios Alemanes en el Instituto de Europa de la Academia de Ciencias ­Rusa.

En los vínculos entre Rusia y Alemania pesa más la cooperación económica que la disputa política

El socialdemócrata Olaf Scholz, y el democristiano Armin Laschet mantienen una posición crítica moderada. Scholz ha afeado a Rusia la violación de la frontera de Ucrania. Pero al mismo tiempo ha propuesto renovar una Ostpolitk europea, referencia al acercamiento de Willy Brandt a los países de Europa del este. Laschet señaló a principios de año en la DW que romper las relaciones diplomáticas sería contraproducente.

La otra candidata con posibilidades, Annalena Baerbock, de los Verdes, es más agresiva y critica la política de Berlín respecto a Moscú. Eso se ve en el controvertido gasoducto Nord Stream 2. Si llega a ser canciller y el proyecto no se hubiese aprobado, revocaría la autorización, y si para eso fuera tarde, aplicaría sanciones al gasoducto. Pero tampoco es partidaria de dar un portazo total al Kremlin.

Relación buena, pero sin espejismos

No se puede esperar que la relación entre el futuro canciller alemán y Vladímir Putin se parezca a la que el jefe del Kremlin ha tenido con Angela Merkel. De una edad similar, ambos hablan con fluidez la lengua del otro, ambos vivieron en Dresde en la Alemania comunista..., experiencias compartidas que han facilitado los encuentros. El tiempo dirá si el pragmatismo alemán es suficiente para sortear las piedras del camino. Moscú no espera nada más. Cuando en enero pasado Armin Laschet fue elegido líder de la CDU, Andréi Klímov, vicepresidente de la comisión de Exteriores del senado ruso, recordó con ironía y prudencia a sus compañeros las primeras alegrías por la elección de Donald Trump como presidente de EE.UU. en el 2016. “Quienes apoyan en Alemania el Nord Stream 2 no son prorrusos, sino políticos proalemanes que protegen los intereses de los negocios alemanes”, dijo.

Eso se debe a que la relación entre los dos países es más económica que política. “Para cualquier negocio mutuamente beneficioso, hay que crear condiciones favorables”, escribía en abril Yuri Shafránik, presidente del Consejo de la Unión de Industriales de Petróleo y Gas de Rusia al hacer balance de una conferencia sobre la cooperación empresarial rusogermana.

“Alemania y Rusia no siempre logran alcanzar un entendimiento” respecto a los valores democráticos, “pero no hay que olvidar los intereses comunes y llegar a un entendimiento”, ha dicho el ­politólogo alemán Alexander Rahr en el Servicio Nacional de Noticias ruso.

Cuando el 20 de agosto la canciller Merkel visitó el Kremlin para recoger su último ramo de flores, pidió a Putin la liberación de Navalni. Pero también dejó un mensaje para su sucesor. “Siempre he tratado de encontrar compromisos. Y creo que en el contexto internacional no hay alternativa al diálogo”, afirmó.

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