Misión imposible en el Estrecho de Ormuz

Misión imposible en el Estrecho de Ormuz

El gobierno británico mismo ha provocado la crisis de los petroleros con Irán. Ahora necesita apoyo europeo y el cambio de gobierno en Londres hace que la situación sea aún más impredecible, opina Barbara Wesel.

Un proverbio chino dice: Quien ata la campana en la cola del tigre, también la tiene que desatar. En esta desagradable situación se encuentra ahora el gobierno británico. Hace dos semanas había retenido a un petrolero iraní en Gibraltar, que presuntamente se dirigía hacia Siria. El aviso vino probablemente de los círculos del servicio secreto de EE.UU. y los británicos actuaron obedientemente.

Como era de esperar, irán contraatacó y capturó el viernes pasado al buque británico Stena Impero en el Estrecho de Ormuz. Londres lo calificó como un acto de piratería, pero sabe muy bien quién provocó esta confrontación peligrosa. Y sabe que ahora necesita ayuda para manejar la situación con el tigre.

Una trampa estadounidense

Evidentemente, la doble estrategia británica con Irán fue un error. Por un lado, Londres apoyó la postura europea de que el acuerdo nuclear con Teherán debe ser salvado y que la decisión del presidente Trump de abandonarlo no fue justificada. Desde hace meses, los principales países europeos han estado tratando de encontrar una forma de evadir las duras sanciones estadounidenses y mantener vivo el tratado con Irán.

Pero, al mismo tiempo, Londres busca acercarse a Washington y se quiere presentar como aliado leal. Como resultado, el gobierno británico que actualmente se mira constantemente el ombligo con el tema del "brexit", cayó en la trampa del asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, el mayor halcón de la Casa Blanca. Gran Bretaa se dejó involucrar en una confrontación muy peligrosa y los aliados europeas ahora también tendrán que posicionarse.

París y Berlín, signatarios del acuerdo nuclear con Irán, no buscaron esta situación. Sin embargo, ahora tienen que encontrar una respuesta constructiva. La mejor solución sería llevar a ambas partes a la mesa de negociaciones y resolver la crisis mediante un intercambio de petroleros.

Pero parece que en Teherán se están imponiendo los partidarios de un línea dura en la lucha interna por el poder. El régimen iraní opta por la confrontación total. Y los europeos tienen que aprender dolorosamente que los logros de su antigua diplomacia con Irán ya no valen nada.

Diplomacia de los cañones sin cañones

La situación es muy desagradable, pero las capitales europeas deben decidir ahora si quieren ayudar a los británicos a proteger los petroleros en el Estrecho de Ormuz. Incluso si lo hacen a regañadientes, Berlín y París deberían considerar la opción de formar convoyes con barcos occidentales y ponerlos bajo protección militar. Considerando el mal estado en que se encuentran las Fuerzas Armadas alemanas, tendrán que aclarar primero si todavía disponen de algún equipo que flote o vuele. De momento Berlín se puede consolar con la miserable condición en la que se encuentra la Marina Británica. Después de años de recortes, la mitad de sus fragatas están en reparaciones.

Queda la pregunta de por qué el Gobierno británico tuvo que provocar al tigre iraní, viéndose forzado a recurrir ahora a una diplomacia de los cañones sin disponer apenas de ellos. Además, esta no puede ser la cooperación europea ideal en materia de política exterior: uno de los socios comete una estupidez sin consultar al los otros, y todos tienen que sacar las castañas del fuego.

El riesgo tiene nombre: Boris Johnson

El cambio de gobierno en Londres agrava aún más la situación. Boris Johnson es impredecible, no es un diplomático, y menos aún un experto en política de Oriente Próximo. Ahora le toca viajar a París y Berlín y pedir apoyo en la crisis de los petroleros. Por otro lado, le toca jugar el papel de provocador en el tema del "brexit" y hacer demandas escandalosas e insultar a sus socios. Esta situación esquizofrénica solo puede conducir a un gran alboroto.

Todo lo que sabemos sobre Boris Johnson sugiere que no está a la altura de esta crisis. Además, podría decidir buscar su fortuna de la noche a la mañana al lado de Donald Trump. Gran Bretaña necesita urgentemente un acuerdo comercial con Washington.

Es una situación fatal para la Unión Europea. Los socios deberían esperar a ver lo que hace el nuevo primer ministro en Londres antes de involucrarse con él. Johnson mentiría y traicionaría a sus socios europeos a sangre fría. Superar la crisis de los petroleros podría resultar en una misión imposible.

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