Michel Temer, ex presidente de Brasil: "Acabé en la cárcel por una arbitrariedad. Fue un secuestro"

ON THE RECORD | ENTREVISTA

Michel Temer, ex presidente de Brasil: "Acabé en la cárcel por una arbitrariedad. Fue un secuestro"

Este veterano abogado con 40 años de carrera política ha protagonizado uno de los momentos más convulsos de la Historia brasileña. Desde su puesto de vicepresidente del país asistió a la destitución de Dilma Rousseff por corrupción, lo que le llevó al poder.

Este veterano abogado con 40 años de carrera política ha protagonizado uno de los momentos más convulsos de la Historia brasileña. Desde su puesto de vicepresidente del país asistió a la destitución de Dilma Rousseff por corrupción, lo que le llevó al poder. Durante sus dos años en Planalto se vio asediado por diversas investigaciones sobre sobornos y lavado de dinero como supuesto líder de una red criminal. Pasó por la cárcel, como Lula da Silva, a quien dice admirar

Brasil vive uno de los momentos más convulsos de su Historia. Los tres últimos presidentes del país han terminado procesados por corrupción y dos de ellos pisaron la cárcel, aunque fuera de forma preventiva. A la espera de varias investigaciones judiciales en su contra sobre lavado de dinero y sobornos en el 'caso Lava Jato', el abogado y político de centroderecha Michel Temer, presidente de 2016 a 2018, es uno de los protagonistas de estos últimos tiempos. De visita por Madrid, analiza su paso por el palacio de Planalto, reivindica las medidas económicas que tomó, se defiende sobre su papel en el 'impeachment' contra Rousseff y reflexiona sobre el triunfo de Bolsonaro.

Pregunta.- ¿Cómo explica que los tres últimos presidentes de Brasil, incluido usted, hayan acabado procesados por corrupción?

Respuesta.- Yo sólo puedo hablar por mí. Acabé en la cárcel por una arbitrariedad. Fue un secuestro. Ir a prisión es la consecuencia de un proceso regular. Cuando un proceso penal comienza hay una investigación, luego la Fiscalía apoya o no apoya esa investigación y si eso sigue su curso llegamos al juicio. No se dio nada de eso en mi caso. Por eso, los días en prisión fueron pocos, hasta que el Supremo decidió sacarme de allí por unanimidad.

P.- ¿Qué queda del paquete de reformas que impulsó en su paso por el Gobierno?

R.- El Gabinete de Bolsonaro no se está moviendo ni un milímetro de lo que estábamos haciendo. Eso no es algo muy común, porque normalmente, cuando un nuevo Ejecutivo entra tras ganar unas elecciones, suele cambiarlo todo. Pero Bolsonaro ha continuado con las reformas que yo comencé. Por ejemplo, el control de la inflación. Cuando yo llegué al Gobierno, el Producto Interior Bruto de Brasil era negativo, de -4%. Seis meses después, conseguimos que subiera al 1% en positivo. En ese sentido, Bolsonaro es continuista en el buen sentido. Las carreteras de Brasil estaban llenas de baches y conseguimos renovarlas y reasfaltarlas.

P.- ¿Sigue pensando que la destitución de Dilma Rousseff como presidenta fue un golpe de Estado, como afirmó antes de que ella lo culpara de formar parte de una conspiración para tumbarla?

R.- No, no, no. Quien tumbó a la presidenta fueron las manifestaciones de la calle. Comenzaron en 2013 en Brasilia y se extendieron por todo el territorio brasileño por la subida del precio del transporte, como ahora en Chile. En 2015 ya eran millones de personas en la calle las que pedían la caída de Rousseff. Ahí se inició el juicio político para su destitución en la Cámara de los Diputados. En aquella época estuve en mi oficina de São Paulo, sólo fui a Brasilia tres o cuatro días y no participé en aquel proceso. Pero claro, si el presidente es destituido, tiene que asumir el cargo vacante el vicepresidente. Hablar de golpe de Estado es desprestigiar a los senadores que participaron en aquel 'impeachment'.

P.- ¿Qué opina de la salida de la cárcel de Lula da Silva?

R.- Lula es el más grande líder nacional, sin ninguna duda. Me alegro de que haya salido de la cárcel, pero esperaba que él hiciera una declaración para intentar pacificar el país, una llamada a la unidad. No se puede seguir insistiendo en la controversia ideológica. Al final estamos luchando brasileños contra brasileños.

P.- ¿Hasta qué punto el triunfo de Bolsonaro es una reacción de los votantes contra la corrupción de la política brasileña de los últimos años?

R.- Sí, ése es un punto, pero no el principal. En Brasil ha habido varias ocasiones en las que los votantes lo han cambiado todo. El partido PSL en el que militaba Bolsonaro pasó de un diputado a 53 de golpe. Es algo parecido a lo que pasó con Lula da Silva en 2002. Apareció de la nada con un discurso antisistema, como ha hecho ahora Bolsonaro, y arrasó. Es algo muy común en Brasil.

P.- ¿Puede contagiarse Brasil de las protestas que vemos en otros países de América Latina como Chile o Colombia?

R.- El contagio no llegará porque Brasil tiene unas instituciones muy sólidas. No se puede decir que la democracia corra riesgo en Brasil. La cultura política brasileña está muy enraizada en la sociedad. No creo que suframos ninguno de esos movimientos de América Latina.

 

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