Michel Barnier: “Al Reino Unido le cuesta asumir las consecuencias del Brexit”

ENTREVISTA AL NEGOCIADOR JEFE DE LA UE PARA EL BREXIT

Michel Barnier: “Al Reino Unido le cuesta asumir las consecuencias del Brexit”

El negociador jefe europeo del Brexit cree que "el electrochoque" de la primera ruptura de la UE puede ser beneficioso si se aprovecha la unidad para impulsar una agenda positiva

Pregunta. Se acaba de aprobar otra prórroga del Brexit, la tercera desde marzo de 2019. ¿Será la última?

Respuesta. La situación política británica nos obliga a tener paciencia. Ahora somos más optimistas porque por primera vez ha habido un voto positivo sobre el Brexit en el Parlamento británico, con un margen de 30 votos. Cuanto antes se ratifique el acuerdo de salida, mejor, pero no depende de nosotros.

P. Johnson quiere que le garanticen que no habrá más prórrogas. ¿Puede darle la UE esa garantía?

R. Las prórrogas del tiempo de negociación no las hemos pedido nosotros, ha sido el Reino Unido. Nosotros lo único que decimos es que no habrá negociación durante la prórroga de tres meses que concluye el 31 de enero de 2020.

P. ¿Cree que el Brexit se le ha atragantado al Reino Unido?

R. Creo que en el Reino Unido hay una dificultad para comprender objetivamente todas las consecuencias de la decisión de salir de la UE, del mercado interior y de la unión aduanera. A menudo, estas consecuencias se han infravalorado y ahora hay una dificultad para asumirlas. Nosotros sabemos el impacto y estamos dispuestos a soportarlo. Pero las consecuencias para el Reino Unido son mucho mayores y les cuesta asumirlo.

P. En el Consejo Europeo también ha habido diferencias, con algunos países esperanzados en una revocación del Brexit y otros partidarios de consumarlo de una vez.

R. Por supuestos hay diferentes sensibilidades. Pero no creo que haya ningún líder europeo a favor del Brexit. Todos lo lamentan. Una de las principales razones de la unidad de los 27 ha sido la sensación de responsabilidad ante un momento muy grave. El Brexit ha provocado un electrochoque.

P. ¿Ha sido un electrochoque positivo?

R. Ha probado que la unidad es posible. Se logró gracias al sentimiento de estar ante un momento muy grave. Pero también por otros elementos, como el nuevo discurso de EE UU en relación a Europa, el contexto geopolítico del Mediterráneo, el desafío de la emigración. Todo ello ha alentado la idea de que para abordar ese nuevo escenario geopolítico es mejor hacerlo juntos que cada uno por su cuenta.

P. ¿Juntos para hacer qué? Porque vemos que la unión bancaria no avanza, la política de asilo tampoco…

R. No es cierto. La economía se ha consolidado, hemos superado la crisis de la zona euro, se ha creado el fondo de inversión del llamado plan Juncker, hemos tomado las primeras medidas importantes en materia de defensa, hemos decidido gestionar mejor nuestras fronteras con una guardia común... Hay elementos positivos. Y todo eso no es fácil, porque no es fácil mutualizar. No somos un Estado federal ni queremos serlo. No hay un solo pueblo europeo, hay 28 pueblos europeos, cada uno con su identidad nacional. Y no es sencillo juntar a 27 países para afrontar los retos comunes. Nunca lo ha sido. Con un asunto tan grave como el Brexit hemos mostrado que con un determinado método y con el tiempo necesario, podemos estar unidos. Y debe ser posible utilizar esa unidad para otros asuntos, a partir de una agenda positiva.

P. Y si de repente el Reino Unido quisiera cancelar el Brexit, ¿sería buena idea mantener dentro del club a un país donde la UE provoca tanta crispación?

R. Esa hipótesis siempre ha sido contemplada. Corresponde al Reino Unido decidirlo. Nosotros lamentamos la separación. Es mejor estar juntos. Pero creo que debemos extraer lecciones del Brexit. ¿Por qué el 52% de los británicos votaron por irse? Ojo, porque el Reino Unido no es el único país donde hay ese problema. En todos los países hay movimientos populistas y críticos hacia Europa. Hay que aprender la lección del Brexit. Y abordar la cólera social que hay en las regiones desindustrializadas, en las que se sienten desprotegidas, en las que echan en falta servicios públicos o en las que la emigración genera polémica. No todo eso es responsabilidad de Europa, pero la nueva Comisión y el nuevo Parlamento Europeo deben extraer las lecciones adecuadas del Brexit. Yo participaré en ese debate, porque tengo ideas al respecto.

P. Usted será también el encargado de negociar la futura relación con el Reino Unido. Y algunos en Londres amagan con relajar los estándares para competir más fácilmente con la UE.

R. El acuerdo que queremos negociar es cero aranceles, cero cuotas y cero dumping. Creo que está claro.

P. ¿Y si el Reino Unido decide, por ejemplo, rebajar los estándares laborales?

R. Será su responsabilidad. Pero el acceso a nuestro mercado será proporcional al compromiso del Reino Unido con unas reglas comunes de juego. La cuestión es si el Reino Unido quiere alejarse no solo de la UE sino también de nuestro modelo reglamentario. La respuesta que recibimos es que en Londres se respetará el nivel de la legislación que exista al final del período transitorio y que no se dará marcha atrás ni en materia social ni medioambiental. Y las reglas en materia de ayudas de Estado y de fiscalidad estarán también en el corazón de este terreno para competir en igualdad de condiciones. Al Reino Unido le interesa tener una relación potente con nosotros.

P. O sea, que si hay dumping, se restringirá el acceso al mercado europeo.

R. De manera proporcional.

P. Merkel ha dicho que después del Brexit, el Reino Unido pasará a ser un rival de la UE.

R. Sí, evidentemente, pasará a ser un competidor. Estoy a favor de la competencia, que forma parte de la vida. La cuestión es si se trata de competencia leal o si es una competencia salvaje a base de dumping. Del lado europeo, no somos incautos, aunque el espíritu es constructivo y queremos establecer una futura relación de competencia económica leal.

El almuerzo en Luxemburgo que abrió el camino del acuerdo

La llegada de Boris Johnson a Downing Street parecía empujar al precipicio de un Brexit brutal. El primer ministro británico aseguró que el Reino Unido saldría de la UE el 31 de octubre con o sin acuerdo. Y exigió la retirada de la llamada salvaguarda irlandesa como condición para renegociar una salida pactada. La UE y su negociador jefe, Michel Barnier, mantuvieron la calma, a la espera de ver la evolución. Y todo cambió, según recuerda ahora Barnier, tras un almuerzo de trabajo en Luxemburgo entre el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, Johnson y el propio negociador europeo. "En Luxemburgo, el primer ministro nos dijo: quiero un acuerdo. Y tuve la sensación de que era sincero", asegura Barnier. En aquella cita, la UE dejó claro sus dos líneas rojas. "No puede haber frontera entre las dos partes de Irlanda y no se puede dar derecho de veto sobre el acuerdo a una sola formación política de Irlanda del Norte", detalla Barnier. Johnson tomó buena nota. Y tras reunirse con el primer ministro irlandés, Leo Varadkar, en Liverpool, llegaron las señales de acuerdo a la vista. "El negociador británico, Stephen Barclay, me informó de que Londres se movía. Y empezamos una ronda de negociación, de cinco días, que desembocó en el acuerdo del 17 de octubre".

El acelerón final, con un acuerdo en dos almuerzos y cinco días, hace dudar si el problema irlandés era tan importante o solo una excusa para ganar tiempo mientras Londres resolvía el caos político desencadenado por el referéndum del Brexit en 2016. "No, no, no, no, no, no….", porfía Barnier. "Jamás hemos hecho teatro ni hemos buscado excusas para dilatar el proceso. Siempre han sido los británicos quienes han necesitado más tiempo para resolver sus cuestiones internas en la Cámara de los Comunes".

Barnier también defiende que la UE volviera a la mesa tras asegurar durante meses que el acuerdo estaba cerrado de manera definitiva. "El Gobierno británico que llegó en julio nos dijo que no quería saber nada de la unión aduanera, una posibilidad que May había dejado abierta. Y que no querían un backstop (salvaguarda) en Irlanda. ¿Qué íbamos a hacer? ¿Negarnos a negociar y provocar una salida sin acuerdo? Había que buscar una solución y la hemos encontrado". Y Barnier se felicita por el resultado. "Hemos logrado la cuadratura del círculo: la paz y una economía unida en Irlanda, el respeto al mercado interior y la integridad del territorio aduanero británico, con Irlanda del Norte incluida". Para él, el acuerdo cerrado el 17 de octubre tenía un premio adicional. Ese mismo día, pero en 1986, el Comité Olímpico Internacional designaba a Altberville como sede de los juegos olímpicos de invierno. Barnier dirigió aquella candidatura y una foto en su despacho recuerda la conquista que más le enorgullece en su carrera política.

 

 

 

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