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Merkel y Macron se comprometen a establecer un presupuesto común para la zona euro

Merkel y Macron se comprometen a establecer un presupuesto común para la zona euro

19/06/18 - 14:39 - La canciller alemana y el presidente francés acuerdan una batería de reformas para proteger a los países de eurozona de futuras crisis y coordinar la política migratoria

Las adversidades arrecian y París y Berlín se han propuesto liderar la transformación que necesita Europa. Emmanuel Macron y Angela Merkel se han dado cita este martes a las afueras de Berlín y han acordado tras largos meses de espera e indecisión una batería de reformas para proteger a los países de la zona euro de futuras crisis y coordinar la política migratoria; los dos grandes asuntos que fracturan la Unión. La reunión ministerial y de jefes de Gobierno franco-alemana pretende sentar las bases para el consejo europeo que se celebrará a finales de junio en Bruselas.

El punto clave del pacto presentado por Francia y Alemania es la creación de un presupuesto para la zona euro, que financie inversiones que fomenten la competitividad y la innovación y ayude a estabilizar la zona euro. Los líderes no han detallado sin embargo cómo de grande será ese presupuesto, que debería crearse en 2021. “Queremos que el presupuesto de la zona euro fortalezca la inversión, con el objetivo de tender a la convergencia en la zona euro”, ha dicho Merkel en la conferencia de prensa posterior a cuatro horas de reunión.

Frente a las ambiciones de París, Berlín se había mostrado reticente con la idea de crear un presupuesto específico para los países que comparten la moneda única y hasta ahora la canciller ha hablado de dotarlo con una cifra muy limitada. La eficiencia del presupuesto como elemento estabilizador dependerá en parte de la cuantía final que acuerden los países del euro. Merkel cuenta con una notable resistencia interna, también dentro de su propio partido, a cualquier medida que implique sufragar deudas ajenas de países que los alemanes consideran que no han hecho bien los deberes. La pujante extrema derecha centra además su euroescepticismo en la batalla contra la moneda única, lo que complica la defensa de posiciones más europeístas por parte de los partidos tradicionales, que temen perder electores.

Junto al europresupuesto, el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), pasará a convertirse en un Fondo monetario europeo que operará como una línea de crédito. El eje franco-alemán propone también adelantar la puesta en marcha del llamado respaldo del Fondo de Resolución, una de las patas de la Unión Bancaria inicialmente prevista para 2024, que serviría para paliar la inestabilidad financiera que pudiera generar el cierre de bancos.

La idea es llevar al consejo de finales de junio en Bruselas esta posición común que Berlín y París esperan que abracen el resto de socios de la Unión. Más allá de la endiablada letra pequeña de la reforma de la zona euro, la inmigración, que amenaza con acaparar la atención del próximo consejo europeo, ha sido el otro de los asuntos que ha centrado el encuentro franco-alemán y que se ha convertido en un problema urgente en términos de política interna para la canciller. Es además, un tema que divide profundamente a los socios de la UE como ha evidenciado el periplo del Aquarius y capaz de dinamitar pilares de la construcción europea como la libre circulación.

Macron y Merkel han explicado que defienden una mayor protección de las fronteras exteriores de la UE, reforzando Frontex y trabajando con países de origen de los migrantes y de tránsito, en particular con Libia.

Tanto Merkel como Macron sufren por su derecha el empuje de una retórica antiinmigración y de esencias identitarias. Ambos aspiran a mejorar el sistema de asilo que palíe las deficiencias del actual sistema de Dublín, que establece a qué país europeo compete la tramitación de los procedimientos de asilo de los demandantes. “Queremos reformar la regulación de Dublín y tenemos una posición común”, anunció Macron. “Tenemos que tener más control sobre nuestras fronteras, pero también tiene que haber más solidaridad”, añadió el presidente francés.

Merkel ha acudido a esta cumbre debilitada y bajo una enorme presión debido a la fractura del bloque conservador que dirige y que forma la gran coalición del Gobierno alemán junto con los socialdemócratas. Horst Seehofer, el líder de la Unión Social Cristiana, el partido bávaro aliado y ministro de interior alemán, impuso el lunes un ultimátum de dos semanas, en las que la canciller debe consensuar con los socios europeos fórmulas que le permitan reducir la llegada de demandantes de asilo a Alemania e impedir que quien pida asilo en otro país de la UE no pueda después cruzar las fronteras alemanas. Si no hay acuerdo, Seehofer amenaza por blindar las fronteras alemanas sin el consentimiento de la canciller, lo que podría provocar un colapso del Ejecutivo en Berlín.

A modo de advertencia a Seehofer, la declaración de Meseberg de este martes hace hincapié en la necesidad de buscar “soluciones europeas comunes”. “Las acciones unilaterales y descoordinadas partirán a Europea, dividirán a sus pueblos y pondrán a Schengen en peligro”, añade la declaración en alusión a la libre circulación de personas dentro de la Unión.

En ese contexto, Merkel y Macron abordaron la llamada “migración secundaria”, es decir, la de demandantes de asilo que según Dublín deben completar su procedimiento de asilo en el primer país de la UE al que han llegado. “Vamos a trabajar juntos para encontrar una solución intergubernamental o multigubernamental con varios Estados Miembros que están afectados”, ha anunciado Macron, arropando a Merkel los ultimátums procedentes de sus propias filas.

Meseberg era una cita de esperadísimas respuestas. Francia lleva casi un año aguardando que Alemania emita señales concretas de hasta dónde está dispuesta a llegar en la prometida y necesaria refundación de la zona euro. La política interna ha mantenido secuestrada a la gran potencia germana, primero con una elecciones generales, después con una dilatadísima formación de Gobierno y ahora, cuando parecía que era por fin el momento de echar a andar, con una aguda crisis interna. La paciencia, tampoco la francesa, es infinita, pero Macron ha esperado y ha cedido en sus ambiciones, plenamente consciente de que sin Berlín no hay reformas posibles.

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