Merkel llega el viernes a la Casa Blanca para una «fría reunión de trabajo»

Merkel llega el viernes a la Casa Blanca para una «fría reunión de trabajo»

La canciller tomará el relevo al presidente francés en la presión por la «agenda europea»

La versión oficial asegura que Merkel y Macron trasladarán a Trump el mismo mensaje durante sus consecutivas visitas a Washington, pero ni viajan juntos ni serán recibidos con el mismo entusiasmo por el presidente de EE.UU.. Cada uno de ellos, además, hará las oportunas puntualizaciones, que en el caso de la canciller alemana –que viaja a Washington este viernes,– caerán fácilmente en terreno baldío. Tres días después que Macron, Merkel llegará a la Casa Blanca en una vista fugaz, sin tiempo para jugar al golf como acaba de hacer el presidente de EE.UU. con el jefe de gobierno japonés Shinzo Abe, y sin haber hablado con Trump durante cinco meses antes del 1 de marzo, cuando resultó imprescindible y solamente para comunicarle desde EE.UU. una intervención internacional en Siria en la que Alemania no participaría.

«Lo cierto en que no me imagino a Merkel jugando al golf…», bromea Peter Beyer, miembro de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y que acaba de asumir el cargo de coordinador de las relaciones trasatlánticas en un momento de gran tensión entre las dos administraciones, para reconocer a renglón seguido que «definitivamente, no será una visita fácil».

El tono de la relación entre ambos lo marcó Trump en marzo del año pasado, durante la sesión de fotos previa al primer encuentro en el Despacho Oval. No se dignó mirar a la canciller alemana, ni siquiera cuando los fotógrafos pidieron el tradicional apretón de manos. Las grabaciones recogieron el momento en el que Merkel le pregunta a su anfitrión si acaso no quería darle la mano. Trump permaneció impávido y no respondió a la pregunta.

«Han de verse ambas visitas como una sola. Macron se ocupará de las fotos bonitas y Merkel hará su papel y jugará duro», insiste Beyer. El 1 de mayo expira la exención de los aranceles de EE.UU. sobre las importaciones europeas de acero y aluminio y «la prioridad más acuciante es el problema comercial, pero sería ilusorio tratar de resolver todo en esta visita, el objetivo es alcanzar una extensión del plazo».

El segundo asunto entre los más candentes es el acuerdo nuclear multinacional con Irán. «Aquí se trata de hacerle ver que el acuerdo no es tan malo como él lo pinta», sigue Beyer, «que el mundo es mejor con que sin acuerdos». Y respecto a las presiones de Washington para que Alemania aumente su ejército, «Merkel dejará claro que ya lo está haciendo y esto abarca desde misiones en el extranjero como Mali y Afganistán hasta la ayuda humanitaria en Siria».

Pero objetivos aparte, Merkel y Trump no se tragan. Es un sentimiento mutuo que el estadounidense está más dispuesto a mostrar en público que la alemana, por lo que la visita quedará reducida a un «salvar lo poco salvable», según el experto en relaciones trasatlánticas de la Sociedad Alemana de Política Exterior Henning Riecke, a «limitar en lo posible los daños», een palabras de Jan Techau, del German Marschall Fund.

Mientras que Trump servirá de guía a Macron por varios monumentos durante tres días, Merkel llega solo para una fría reunión de trabajo. Fuentes del Partido Socialdemócrata han sugerido que el equipo de Merkel se equivocó al trazar una estrategia de acercamiento a Ivanka Trump, invitada a un foro femenino auspiciado por el G20 y que recibió abucheos por presentar a su padre como «defensor de las mujeres».

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