May, muy débil, pide colaboración e ideas a Corbyn

May, muy débil, pide colaboración e ideas a Corbyn

La primera ministra, frágil y cuestionada cuando cumple un año en el poder

El próximo jueves se cumplirá un año de la llegada de Theresa May al poder, elegida por aclamación de sus diputados, sin necesidad de que se llegase a la votación de la militancia en unas primarias. Gozaba entonces de las mejores credenciales, tras haber sido una duradera y seria ministra del Interior. Sus admiradores más hiperbólicos hasta la saludaron como una segunda Margaret Thatcher. Todas aquellas expectativas se han incumplido. Hoy May es una premier en minoría, desacreditada y cuestionada en sus propias filas. Una prueba más de su debilidad es que en un discurso pedirá este lunes apoyo e ideas al mismísimo Jeremy Corbyn.

En la democracia británica no sirven las victorias pírricas en las urnas. La voz del pueblo es sagrada y normalmente un revés electoral se salda con una dimisión inmediata. El pasado 8 de junio May perdió la mayoría absoluta que había heredado de Cameron. Pero se ha mantenido en el poder tras alegar que se impuso en las elecciones, lo cual es un hecho evidente, pues obtuvo 55 diputados más que Corbyn, quien celebra aquellos comicios como si los hubiese ganado, cuando en realidad no sumaría una mayoría ni con los votos de nacionalistas y liberales.

May se mantiene en el poder gracias a los votos de los diez diputados de DUP, una formación unionista norirlandesa muy a la derecha. Compró su apoyo con mil millones de libras del erario público, destinados a inversiones en Irlanda del Norte. Pero ni así se acallan las voces críticas. Se acaba de filtrar que el diputado Andrew Mitchell, en su día jefe de filas de la bancada conservadora y hoy firme aliado del ministro que negocia el Brexit, David Davis, calificó a May en una cena de «cadáver en el agua» y aseguró que ha perdido toda autoridad. Otros diputados también le han pedido que se vaya en el próximo congreso conservador y se habla de «Gobierno zombi». Mientras tanto el ambicioso Boris Johnson espera su hora con forzadas frases de apoyo a May, que en realidad no hace más que acrecentar más su imagen de debilidad.

 

David Lidington, el ministro de Justicia, salió a echar un capote a su jefa y el domingo tachó de cotilleos de verano los rumores sobre que May podría renunciar. «Beben demasiado prosecco [espumoso italiano]» y «toman demasiado el sol» en las fiestas de verano, despejó con humor. Este domingo los portavoces del Número 10 tuvieron que desmentir también el rumor de que May podría irse a finales de mes pretextando problemas de salud (la primera ministra es diabética).

Este lunes May pedirá a la oposición de la Cámara de los Comunes que «contribuya, y no solo con críticas». En un insólito ejercicio de humildad, pues hasta su revés electoral aplicó al máximo el rodillo legislativo, demandó también colaboración para «clarificar y mejorar sus políticas». «Pido a los otros partidos de los Comunes que traigan sus ideas sobre cómo encarar los desafíos del país», afirma en un guiño directo a Jeremy Corbyn, que puede sentar muy mal a la bancada tory más brexitera y derechista.

May, eso sí, se cuidará de marcar las líneas rojas de su Brexit, que no está dispuesta a suavizar. Son tres: dejar el mercado único y la unión aduanera y salir de la jurisdicción de la Corte Europea de Justicia. Esta semana enfrenta un duro examen parlamentario. El jueves, el día de su aniversario en el poder, se presentará la llamada Gran Ley de Revocación, que pretende convertir la normativa europea generada en las cuatro décadas en la UE en leyes británicas. La aposición ha anunciado que dará la «batalla legislativa» y por ejemplo quieren que el país continúe vinculado al Tribunal Europeo.

Dentro del Partido Conservador siguen las discrepancias con el Brexit duro. Philip Hammond, el ministro de Economía, un posibilista moderado, acaba de afirmar que sería «de locos» no buscar la máxima relación comercial con la UE.

En algunas encuestas se recoge ya que la mayoría de la población se arrepiente del Brexit y se acumulan indicadores económicos negativos, los últimos, la caída del precio de la vivienda y el retroceso de las manufacturas. También hay sondeos en los que Corbyn ya marcha por delante de May, aunque la fiabilidad de las encuestas británicas es paupérrima. El líder laborista se ha crecido, y más tras su baño de masas ante los jóvenes en el festival de rock de Glastonbury, y afirma que puede haber unas nuevas elecciones en septiembre. Pero el Partido Conservador, que ante todo es una gran máquina de poder, tratará de evitarlo a toda costa.

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