Malvinas: gracias, Chile

Malvinas: gracias, Chile

Mi país valora especialmente el apoyo del gobierno y del pueblo de Chile; apoyo que se ha mantenido inalterable a lo largo de las últimas dos décadas y que ha sido sostenido en numerosos foros multilaterales.

El pasado 25 de junio el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas adoptó por consenso, una vez más, una resolución que recoge los conceptos que hace más de 50 años estableció por primera vez la Asamblea General, como guía para dirimir civilizadamente la Cuestión Malvinas: el diálogo directo entre sus únicas partes, la República Argentina y el Reino Unido. El qué es la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes; el cómo, es el diálogo, porque la política del hecho consumado y la amenaza armada son derrotas para la Razón y para los principios básicos de la convivencia internacional.

En esta ocasión, países que coinciden en muy pocos planos de la discusión multilateral, confluyeron en el apoyo a la Argentina. Ello, debido a la existencia de un consenso generalizado sobre Malvinas.

El Embajador Milenko Skoknic, Representante Permanente de Chile ante Naciones Unidas, en su contundente intervención, manifestó: “La solución definitiva de la Cuestión de las Islas Malvinas es una materia de fundamental importancia y sensibilidad para las naciones de América Latina y el Caribe (…) Chile, y los demás copatrocinadores apoyamos los legítimos derechos de soberanía de la República Argentina en este asunto (…)”.

Mi país valora especialmente el apoyo del gobierno y del pueblo de Chile; apoyo que se ha mantenido inalterable a lo largo de las últimas dos décadas y que ha sido sostenido en numerosos foros multilaterales. En términos personales sólo puedo expresar agradecimiento por el acompañamiento de Chile, ante la indignación que provoca la aspiración británica de vestir de legitimidad la ocupación violenta de territorio argentino desde 1833.

El hecho de que el Reino Unido desoiga consistentemente el llamado de la Comunidad Internacional (y en particular el de los países latinoamericanos), implica que hace primar su interés ilegítimo e ilegal por perpetuar una situación colonial manifiesta, y anacrónica, frente a la internacionalidad del siglo XXI.

Y no es la única normativa que desoye, con el desdén del imperio que dejó de ser. Malvinas tiene la base militar más voluminosa al sur del paralelo 50, representando un peligro para la seguridad regional y vulnerando una de las tradiciones de nuestra América Latina: ser una región de paz. Nada menos que la Asamblea General, exhortó a todos los Estados a que respetaran escrupulosamente la región del Atlántico Sur, como zona de Paz y Cooperación.

Sin embargo, el Reino Unido mantiene su negativa a continuar con las negociaciones, y acciona unilateralmente aún teniéndolo vedado. Y no lo hace por el principio de autodeterminación (inaplicable al caso, de acuerdo –incluso- por la doctrina internacional) ni por el petróleo, ni por los recursos naturales ni por los permisos de pesca. No es únicamente por las riquezas: lo hace por una razón geopolítica. Se trata de su interés estratégico por el control militar en el pasaje bioceánico entre el Atlántico y el Pacífico y su aspiración de proyección sobre la Antártida. Sobre los sectores antárticos argentino y chileno. Recordemos que sólo Chile y la Argentina, de los siete reclamantes de soberanía del Tratado Antártico, somos quienes nos reconocemos recíprocamente soberanía sobre los espacios en cuya reclamación no existen superposiciones.

No se trata exclusivamente, entonces, del quebrantamiento de la integridad territorial argentina, ni de las acciones unilaterales de explotación, exploración y saqueo de recursos renovables y no renovables, ni siquiera de usar en los mapas el apodo en inglés que lleva el archipiélago.. Acciones, por otra parte, que también contrarían resoluciones de Naciones Unidas y exponen a nuestro mar y a nuestro subsuelo a degradaciones irreparables.

Se trata –más grave aún –de poner fin a una situación colonial que no hubiera debido tener lugar en ningún tiempo, pero mucho menos en un siglo que nos convoca a enfrentar desafíos que ponen en juego la propia noción de “humanidad”.

Rafael Bielsa es embajador de Argentina en Chile

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