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Macron insinúa que puede ceder a algunas demandas de los huelguistas

Macron insinúa que puede ceder a algunas demandas de los huelguistas

El presidente no ve innegociable la subida de la edad de jubilación a 64 años

La posibilidad de un compromiso en Francia sobre la reforma de las pensiones comenzó a vislumbrarse ayer, aunque la huelga no se ha desconvocado. Mientras el primer ministro, Édouard Philippe, se reunía por separado con cada sindicato y con la patronal, el presidente de la República, Emmanuel Macron, hacía saber que no considera innegociable la subida de la edad de jubilación a los 64 años, uno de los aspectos que más oposición despiertan.

Macron indicó que veía “una mejora posible” en la propuesta de la llamada “edad pivote” o “edad de equilibrio”, un malabarismo conceptual usado por el Gobierno para tratar de ocultar la elevación de la edad de jubilación. Legalmente esta seguirá en los 62 años, pero en la práctica se quiere subir a los 64, pues ese será el umbral mínimo para cobrar la pensión entera a la que cada trabajador tiene derecho según lo cotizado. Si se opta por la jubilación a los 62 años, habrá penalización. Eso podría revisarse.

El presidente necesita llevar adelante una reforma que es muy simbólica sobre su voluntad de transformar Francia. Si consigue establecer un sistema universal, en lugar de los 42 regímenes especiales actuales, será ya una victoria. Macron parece dispuesto a no ser tan ambicioso para no forzar las cosas y poner fin a una huelga de trenes y del transporte público parisino que está causando muchas molestias y daños económicos. El Gobierno podría ceder también en la cuestión de los trabajos especialmente penosos y duros, ampliando sus categorías y permitiendo en esos casos jubilaciones anticipadas.

Philippe debe celebrar hoy una reunión multilateral con todos los sindicatos. Quizá sea el momento de la verdad. Ayer hubo sensibilidades diversas. El secretario general de la Unión Nacional de Sindicatos Autónomos (UNSA), Laurent Escure, salió del encuentro con el primer ministro moderadamente optimista sobre la perspectiva de una solución. La UNSA es la fuerza mayoritaria en la compañía de transportes públicos de la región de París (RATP), cuyos paros tienen un fuerte impacto en la población.

El líder de la Confederación General del Trabajo (CGT), Philippe Martínez, estuvo mucho más duro y habló de un “desacuerdo profundo” con el Gobierno. Martínez se quejó de que el Ministerio del Interior manipule a la baja, según él, el número de manifestantes durante las últimas movilizaciones, como la del pasado martes. El presidente de la patronal, Geoffroy Roux de Bézieux, por su parte, expresó su inquietud por el coste que la huelga está teniendo para las empresas y pidió ayudas de urgencia a los sectores más afectados.

En las rondas de ayer se estrenó el nuevo comisario para la reforma, Laurent Pietraszewski, un diputado de la mayoría presidencial, desconocido para el gran público, que sustituyó a Jean Paul Delevoye, forzado a dimitir por un escándalo de acumulación de cargos e incompatibilidades. En el debate nacional intervino el expresidente François Hollande, quien lamentó “el proyecto improvisado” de Macron y denunció un problema de método, confianza y justicia.

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