Lula regresa por la puerta grande y se convierte en alternativa a Bolsonaro

Lula regresa por la puerta grande y se convierte en alternativa a Bolsonaro

Giro inesperado en la telenovela política brasileña. Lula ha vuelto. El exmandatario progresista puede ser candidato a las elecciones del año que viene, después de que el lunes el Supremo Tribunal Federal (STF) anulase sus condenas por corrupción y volviera a quedar habilitado para ejercer cargos públicos.

Casi al mismo tiempo, el STF se inclinaba ayer por considerar que el exjuez Sérgio Moro, el adalid contra la corrupción que dirigió el caso Petrobras y acabó siendo ministro de Justicia y Seguridad del presidente Jair Bolsonaro, no fue imparcial al procesar y condenar a Lula.

“No se combate el crimen cometiendo un crimen”, afirmó ayer Gilmar Mendes, el magistrado del Supremo que ayer fue más duro contra Moro. Mendes acusó al exjuez de practicar “populismo jurídico”, de “instrumentalizar la justicia” y de protagonizar el “mayor escándalo judicial” de la historia de Brasil.

Comicios el año que viene
El actual mandatario es el favorito y mantiene el apoyo de un tercio de los brasileños
A sus 75 años, Luiz Inácio Lula da Silva nunca se fue de la política, pero su imagen se hundió tras destaparse en el 2014 el escándalo en Petrobras. Los brasileños descubrieron el monumental saqueo a la petrolera estatal, del que se beneficiaron empresarios, altos funcionarios y políticos de distintos partidos, pero sobre todo del desprestigiado Partido de los Trabajadores (PT).

La corrupción y la crisis sepultaron los logros sociales obtenidos bajo el mandato de Lula (2003-2010) y el de su sucesora, Dilma Rousseff (2011-2016), destituida en un im­peach­ment antes de que apareciera el salvapatrias Jair Bolsonaro, que ganó las elecciones del 2018 con un discurso ultraderechista, antipetista, antipolítico y antisistema.

A pesar de su postura negacionista y de la desastrosa gestión de la pandemia, Bolsonaro mantiene intacto el apoyo incondicional de una tercera parte de los brasileños y hasta el lunes era el favorito en los comicios del 2022. El líder populista es seguido en intención de voto, a mucha distancia, por progresistas como Fernando Haddad o Ciro Gomes; o por conservadores como el gobernador de São Paulo, João Doria, o el propio Sérgio Moro.

Liderazgo de la izquierda
El expresidente podría anunciar hoy su candidatura, lo que polarizaría la campaña
Sin embargo, la irrupción de Lula lo cambiaría todo y polarizaría la elección. La izquierda, huérfana de un liderazgo fuerte tras el hundimiento del PT, podría resucitar con Lula si fuera para expulsar del poder a Bolsonaro. Una paradoja, ya que en el 2018 muchos brasileños apoyaron al ultraderechista, frente al petista Haddad, para evitar el retorno del PT al gobierno. En cualquier caso, los analistas ya vaticinan un escenario de segunda vuelta entre Bolsonaro y Lula, si este finalmente se postula.

Está previsto que Lula se pronuncie hoy por primera vez desde la anulación de sus condenas, en una rueda de prensa con toda la mística, ya que ha sido convocada en la sede del Sindicato de los Metalúrgicos de São Bernardo do Campo, en el cinturón industrial paulista, el feudo del exsindicalista. La primera duda que los periodistas tratarán de resolver es si Lula pretende ser candidato el año que viene. Hasta hace unos días, el expresidente apostaba por Haddad como figura aglutinadora del voto de izquierda para batir a Bolsonaro, a pesar de que el exalcalde de São Paulo apenas tiene una intención del voto del 12%.

La rueda de prensa estaba prevista para ayer, pero fue aplazada cuando el STF anunció que el mismo martes debatiría un recurso presentado hace años por la defensa del expresidente donde pedía la suspensión de Moro como juez por considerar que no fue imparcial en los procesos y condenas contra Lula. Moro ya no es juez; ahora es abogado y tiene aspiraciones presidenciales tras dejar el Gobierno al pe­learse con Bolsonaro.

Por no ser imparcial con Lula
Un magistrado del Supremo acusa al exjuez Moro de “populismo jurídico”
La anulación de las condenas y el cuestionamiento de Moro refuerzan la imagen de Lula y aportan credibilidad a sus reiteradas denuncias de persecución política. El entonces juez condenó en el 2017 a 12 años y un mes de prisión a Lula por recibir de una constructora un apartamento a cambio de la consecución de concursos en Petrobras. Luego, el expresidente fue condenado también a penas de cárcel por recibir una finca en el estado de São Paulo y por cobrar comisiones a través del Instituto Lula. El exsindicalista pasó 19 meses encarcelado.

La suspensión de Moro es relevante porque implica la nulidad de todos los procesos instruidos contra Lula y de todas las pruebas en su contra, lo cual entierra por mucho tiempo las probabilidades de que el expresidente vuelva a ser condenado. La decisión del Supremo del lunes anuló las condenas contra Lula por haber sido juzgado en el tribunal de Curitiba, que centralizó las causas vinculadas a Petrobras, a cargo de Moro, cuando debía haberlo sido en Brasilia, pero no entró a analizar los delitos. El STF instó a los tribunales de Brasilia a estudiar nuevamente los procesos contra Lula y cabía la posibilidad de que aprovecharan parte de las pruebas o de la instrucción de Moro. Ahora tendrán que empezar desde cero.

No obstante, la Fiscalía General anunció que recurrirá la anulación de las condenas. La Fiscalía y Bolsonaro quieren que se pronuncie el plenario del STF, pues la decisión del lunes fue tomada solo por Edson Fachin, uno de los cinco magistrados del máximo tribunal, al que el mandatario descalificó. Fachin “siempre tuvo un fuerte vínculo con el PT”, dijo Bolsonaro.

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