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Los sindicatos peronistas paralizan Argentina contra la elevada inflación

Los sindicatos peronistas paralizan Argentina contra la elevada inflación

Tercera huelga general contra Macri, incapaz de controlar el aumento de los precios, que se acerca al 30%

Argentina vivió ayer la tercera huelga general contra el Gobierno de centroderecha de Mauricio Macri. Si en las dos anteriores los sindicatos peronistas organizaron el paro casi por inercia, ahora el futuro económico está oscureciéndose. Como es habitual, la huelga fue exitosa en Buenos Aires y las principales ciudades porque la Confederación General del Trabajo (CGT) siempre logra que los medios de transporte dejen de funcionar y, además, los piquetes cortan los principales accesos viarios a la capital argentina.

La mañana de ayer las calles de Buenos Aires parecían de domingo. No funcionaron autobuses, metro ni trenes. Solo se veían algunos taxis. Bancos, grandes supermercados o gasolineras cerraron. Los colegios abrieron pero con sensible inasistencia de profesores y alumnos. El paro fue total en los sectores más sindicalizados. Casi todos los aeropuertos del país interrumpieron sus operaciones y la mayoría de vuelos nacionales e internacionales fueron suspendidos.

Una huelga general en Argentina es un ejercicio casi rutinario. Generalmente político, con mayor o menor base económica. Desde la restauración de la democracia en 1983, los sindicatos justicialistas decretaron 42 paros , la mayoría contra gobiernos no peronistas, como el de Raúl Alfonsin (1983-1989), que ostenta el récord con trece huelgas en un contexto de hiperinflación.

Tras llegar al poder en diciembre del 2015, Macri vivió más de un año de tregua sindical ante las buenas expectativas económicas, que ahora se están frustrando. Los otros dos paros en su mandato fueron en abril y diciembre del año pasado, pero el de ayer contó con muchos motivos.

Una vez más lo que asusta a los argentinos es la inflación. Parecía que Macri iba a ser capaz de controlarla y cambiar la historia. El presidente heredó de su predecesora, la kirchnerista Cristina Fernández, un 30% de alza anual en el coste de la vida y prometió dejarlo en un dígito al acabar su mandato. No ha tenido éxito, el año pasado cerró en 25% y analistas privados estiman que ya se acerca al 30%, tras dispararse de nuevo por la reciente devaluación del peso respecto al dólar.

Para contrarrestar la falta de confianza en el peso, Macri logró un préstamo del FMI por 50.000 millones de dólares a cambio de recortes, lo que ha revivido las peores pesadillas. Mientras el Gobierno pide a los empresarios, sin mucho éxito, que no suban los precios en un país con un tercio de la población en la pobreza, los sindicatos exigen aumentos salariales acordes con la inflación real, la congelación de las tarifas de servicios y el freno de los despidos de funcionarios.

“(Las huelgas) no contribuyen a nada, no suman”, dijo ayer Macri, que pasó la jornada fuera de Buenos Aires, visitando un hospital en su ciudad natal, Tandil. Por su parte, el ministro de Trabajo, Jorge Triaca, se refirió a los “intereses” que no quieren ceder los principales líderes sindicales, la mayoría de los cuales ocupan sus cargos desde hace décadas y son multimillonarios.

“Con Cristina (Fernández) comía todo el mundo y ahora hay gente que no come”, declaró Hugo Moyano, exsecretario general de la CGT y líder de los camioneros, investigado por enriquecimiento ilícito. Moyano, que organizó cinco huelgas generales contra Fernández, parece que, a poco más de un año de las elecciones, apuesta por la expresidenta para la reunificación de un peronismo dividido desde la victoria de Macri.

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