Los siete caídos sin rostro de las Malvinas

Los siete caídos sin rostro de las Malvinas

07/09 Un proyecto conjunto de los gobiernos de Londres y Buenos Aires investiga si hay restos de soldados argentinos sin identificar en una tumba 40 años después de la guerra

El de las Islas Malvinas es un tema especialmente sensible para los argentinos. A casi 40 años de la guerra que se libró entre abril y junio de 1982, la herida permanece abierta, porque hay caídos en el conflicto que aún no descansan. La leyenda "soldado argentino solo conocido por Dios" acompaña a siete cuerpos enterrados en el cementerio de Darwin.

Se trata de una tumba denominada C.1.10, así como de una zona conocida como Caleta Trullo/Teal Inlet, en la que se está investigando si hay una tumba con restos de soldados argentinos. La guerra dejó, oficialmente, 649 víctimas argentinas y 255 británicas.

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) está a cargo del Segundo Plan de Proyecto Humanitario (PPH 2), que cuenta no solo con el apoyo, sino con el impulso de los gobiernos del Reino Unido y de Argentina. "Fue la primera iniciativa de este tipo con un mandato conjunto específico de dos Estados que se enfrentaron en un conflicto armado", destacó la Cruz Roja.

"El objetivo principal de nuestro trabajo es que los familiares puedan hacer su duelo con dignidad", dijo Laurent Corbaz, jefe del proyecto. "Han vivido muchos años de incertidumbre, por lo cual haremos lo posible para brindarles respuestas. Los familiares de quienes han fallecido en conflictos armados tienen derecho a que se identifique a sus seres queridos: es un requisito establecido por el derecho internacional humanitario", añadió.

El clima de las frías islas, barridas por el viento y la lluvia buena parte del año, no hace sencillo el trabajo, aunque los progresos son importantísimos. En el Primer Plan de Proyecto Humanitario (PPH 1) se exhumaron 121 restos y se identificaron 115 soldados.

Argentina reclama la soberanía de las Islas Malvinas desde la ocupación británica en 1833 y, a diferencia de lo que sucede con Gibraltar, el asunto es una verdadera causa nacional, más allá de la desastrosa guerra encarada por la dictadura militar encabezada por Leopoldo Fortunato Galtieri en 1982.

El tema Malvinas une a todo el arco político, más allá de que es el kirchnerismo el que lo devolvió al primer plano en los últimos años. Los niños cantan una canción patria en recuerdo a las islas en los colegios, la Constitución nacional obliga a los gobiernos a reclamar su soberanía en los foros internacionales, y la provincia más nueva del país, que anteriormente era la de Tierra del Fuego, es desde hace años la de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.

En ese contexto, cuando un político se atreve a decir que la de Malvinas es una causa perdida, el rechazo es amplio. Le sucedió recientemente a Patricia Bullrich, de la oposición en torno a Mauricio Macri, y a una candidata a diputada, Sabrina Ajmechet, del mismo grupo político.

"Pfizer no pidió los hielos continentales, ni las Islas Malvinas, bueno, las Islas Malvinas se las podríamos haber dado", dijo Bullrich al pasar en una entrevista en la que se discutía el acuerdo por vacunas por entonces aún no cerrado con el laboratorio Pfizer. Esa misma noche, Bullrich se disculpó: "Ratifico mi posición a favor de nuestra completa soberanía sobre las Islas Malvinas".

El caso de Ajmechet fue diferente. A la historiadora le encontraron unos viejos tuits en los que decía algo que es casi imposible de escuchar en Argentina: "Las Malvinas no existen. Las Falkland Islands son de los kelpers". Debió disculparse también.

Todo muy lejos de la sensibilidad que genera la historia protagonizada por el coronel británico Geoffrey Cardozo, encargado de enterrar a los muertos argentinos en la guerra. Cardozo había afirmado en su informe de 1982 que allí se habían enterrado los restos de cuatro soldados, uno de los cuales se creía desde entonces que era del subteniente Ricardo Sánchez, según una ficha de identificación. Los últimos trabajos en la zona permitieron identificar un quinto cuerpo.

EXPLOSIÓN DE UN HELICÓPTERO
El ex director del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y actual jefe de la Unidad Forense del CICR, Luis Fondebrider, explicó recientemente en una videoconferencia de prensa desde las islas que esos errores de cálculo eran probables, ya que los restos consistían en fragmentos de cuerpos tras la explosión de un helicóptero Puma el 30 de mayo de 1982 en el Monte Kent.

Cardozo tenía 32 años, era capitán y trabajaba en el área de logística del Ministerio de Defensa británico cuando le encargaron construir un cementerio para enterrar a los argentinos caídos en la guerra. Fue así que, sin tener conocimientos previos de cómo hacerlo, construyó el cementerio de Darwin, donde descansan 237 soldados argentinos. O 238, según el último descubrimiento.

En aquel invierno austral de 1982, Cardozo encaró el trabajo con tanta disciplina como sensibilidad. Envolvió cada cuerpo en tres bolsas de plástico PVC, y eso (y el frío casi constante) permitió que se conservaran décadas después y la identificación fuera más sencilla. Pero el militar británico había escrito además a mano, con dibujos, números y diagramas, la ubicación de cada cuerpo y detalles particulares que ayudaran a su identificación. Guardaba esa información en un sobre de papel madera que entregó a tres ex combatientes argentinos en 2008.

A partir de entonces se desencadenó un proceso que involucró al Equipo Argentino de Antropología Forense, a la Cruz Roja, al músico Roger Waters y a la entonces presidenta (hoy vicepresidenta), Cristina Fernández de Kirchner. Años después, el embajador británico, Mark Kent, que acaba de terminar su misión diplomática en Buenos Aires, se sumó para darle un gran impulso al proyecto, que en 2017 logró devolverle el nombre y el apellido a 115 de los 121 cuerpos que llevaban la identificación de "soldado argentino solo conocido por Dios". Hoy se sabe que eran 122 los cuerpos enterrados en la zona.

El aporte de Eduardo Eurnekian, un millonario argentino de origen armenio con inversiones en negocios como la energía, los aeropuertos y los medios fue decisivo en todos estos años. Él trasladó en su propio avión a familiares que ansiaban despedirse de aquel padre, hermano o hijo que un día se fue a la guerra y nunca más volvió. Y faltan solo siete historias, en principio, para que el dolor comience a calmarse al fin.

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