Los militares golpistas endurecen el control en Guinea Conakry

Los militares golpistas endurecen el control en Guinea Conakry

La junta sustituye a gobernadores y autoridades regionales por uniformados

El pasado 27 de agosto, un trajeado Alpha Condé, presidente de Guinea Conakry, avanzaba por una alfombra roja en Berlín para reunirse con la canciller alemana, Angela Merkel, en el marco de una cumbre germano-africana.

Apenas nueve días después, Condé aparecía sentado en un sofá de su palacio presidencial, descamisado y descalzo, rodeado de soldados que acababan de dar un golpe de Estado.

El veloz coup d’état protagonizado el domingo por soldados del Grupo de las Fuerzas Especiales (GPS en sus siglas en francés) se consolidó ayer con varios movimientos de los militares díscolos para endurecer el control. Si bien las primeras palabras de los militares rebeldes prometían democracia — “ya no vamos a confiar la política a un solo hombre, se la confiaremos al pueblo”, leyeron en un comunicado— sus primeras acciones hacen temer un regreso a la autocracia, sistema de gobierno durante 52 años en el país africano desde su independencia en 1958 hasta el año 2010, cuando precisamente Condé ganó las elecciones.

Además de disolver el gobierno y decretar el toque de queda, el nuevo comité de concentración y desarrollo, bautizado como CNDR, anunció la sustitución de los gobernadores y las autoridades regionales por militares y convocó a los ministros y altos cargos a una reunión en la capital ayer por la mañana. La citación puntualizaba que no presentarse a la reunión sería considerado “rebelión”. Flanqueados por decenas de militares armados, los ministros y responsables de instituciones públicas escucharon bajo una carpa blanca, sentados en sillas plegables, como los golpistas se hacían con el poder total: prohibición de salir del país a todos los oficiales del antiguo gobierno y obligación de entregar su documentación y sus vehículos oficiales a los uniformados.

El líder del golpe, el exlegionario del ejército francés y responsable del GPS, el teniente coronel Mamady Doumbouya, aseguró que no llevarán a cabo una caza de brujas y prometió un nuevo gobierno de unidad “en semanas”, aunque sin dar más detalles. Los militares levantados, que mantienen detenido al presidente Condé, de 83 años, subrayaron que el exlíder guineano se encuentra bien y tiene acceso a su médico personal.

Doumbouya, que se perfila como nuevo hombre fuerte del país, es un militar con experiencia en Afganistán, Costa de Marfil o Yibuti, y con formación en Francia, Israel, Estados Unidos, Francia, Liberia y Senegal. En sus primeras palabras a la nación, en las que denunció la corrupción, pobreza y disfunción de las instituciones políticas y judiciales, avisó de sus formas. “Guinea es bella, ya no necesitamos violarla más, solo necesitamos hacerle el amor”, dijo.

La reacción de la comunidad internacional ha sido de rechazo en bloque, desde el secretario general de la ONU hasta Rusia, que tiene una larga historia de cooperación política y económica con el país africano, y se pidió la inmediata liberación del mandatario guineano. EE.UU., Francia o la Unión Africana también condenaron el golpe en la nación africana de 13 millones de habitantes y una de las principales reservas mundiales de aluminio.

El apoyo interno no era tan uniforme, especialmente después de que el denominado Mandela guineano ganó las elecciones en octubre tras modificar la Carta Magna para poder presentarse a un tercer mandato. Las protestas dejaron medio centenar de muertos en manos de la policía, según Amnistía Internacional.

La desconfianza se había disparado. En el último Afrobarometer, el 63% de los guineanos creía que la corrupción había aumentado en el último año. El 70% decía tener miedo de denunciarlo.

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