Los juegos militares en el Mar del Sur de China: origen y protagonistas de la disputa

Los juegos militares en el Mar del Sur de China: origen y protagonistas de la disputa

En una zona de crucial importancia estratégica y clave para el comercio marítimo mundial, China, Estados Unidos y Taiwan reclaman sus derechos.

Hay viejas peleas que tienen muchos actores de por medio, pero que siempre giran en torno al mismo protagonista. Da igual que el mundo esté en crisis por una pandemia, nada frena las tensiones en el Mar del Sur de China. "No se puede permitir que China trate esa zona como su imperio marítimo", dijo en julio Mike Pompeo, secretario de Estado de Estados Unidos. Desde Washington se erigen como la potencia que asegurará la "libertad" de la región Indo-Pacífica ante los movimientos de Pekín, que está consolidando posiciones en unas aguas que reclama suyas. Algo que sus vecinos del Sudeste Asiático también ven como una provocación porque ellos tienen sus reclamaciones (islas y arrecifes) en una zona cada vez más militarizada, pero de especial importancia por su posición estratégica y como paso clave del comercio marítimo mundial.

En los últimos años, China ha ido mostrando una postura cada vez más firme y bélica hacia sus reclamos. La semana pasada, varios cazas sobrevolaron el espacio aéreo de Taiwan. "Más de 30 aviones chinos han cruzado recientemente nuestra área", dijo Joseph Wu, ministro de Exteriores de la isla. Este jueves, Wu ha pedido a la comunidad internacional la creación de una "coalición global" para defender a su país de las "agresiones" de China, advirtiendo que en este momento "hay una posibilidad real de guerra".

Hace unos días, el ejército de Taiwan también empezó un simulacro ante una posible invasión de China. "Los juegos de guerra fueron diseñados para probar la capacidad de los comandantes taiwaneses para adoptar la estrategia de defensa correcta y coordinar diferentes fuerzas mientras están bajo ataque", comunicaron desde el Ministerio de Defensa de la isla. Mientras, Pekín lanzó dos misiles balísticos en el Mar del Sur. Una prueba que desde Washington entendieron como una amenaza a Taiwan y una respuesta a las sanciones estadounidenses contra 24 empresas chinas porque el gigante asiático "estaba construyendo islas artificiales en las aguas disputadas".

Para Pekín esas aguas son la puerta de entrada de su iniciativa de la Ruta Marítima de la Seda. Estados Unidos había mantenido una posición más neutral, sin entrometerse ni sobreactuar en las disputas chinas con sus vecinos asiáticos. Pero llegó el coronavirus, la batalla por la narrativa y la nueva Guerra Fría entre las dos superpotencias...

Mike Pompeo lo tiene claro: "Estados Unidos respalda a nuestros aliados y socios del Sudeste Asiático en la protección de sus derechos soberanos a los recursos extraterritoriales". La mano derecha de Donald Trump considera "ilegales" las reclamaciones y actividades (construcción de islas artificiales, establecimiento de puestos militares...) de China. La disputa cada vez está más tensa en este mar, un escenario en el que muchos diplomáticos no descartan que los juegos militares entre los dos rivales puedan terminar en algo peor.

¿CUÁL ES EL ORIGEN DE LA CONTROVERSIA?
En 1982 se adoptó y firmó la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, que formalizó las demandas de recursos marítimos en el derecho internacional. En ese momento, varios gobiernos asiáticos reclamaron las disputadas islas Paracel y Spratly en el Mar del Sur de China.

"Desde entonces, ha habido una progresiva militarización de las aguas por parte de naciones que buscan asegurar zonas de recursos marítimos extendidas. En 2009, Vietnam empezó a reclamar tierras alrededor de algunas de las 48 pequeñas islas que había ocupado desde la década de 1970. En respuesta, China también comenzó con sus reclamos mucho más grandes sobre las características islas sumergidas que comenzó a ocupar en la década de 1980", explica en The Conversation el profesor Greg Austin, de la Universidad Nueva Gales del Sur (en Canberra) e investigador del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos.

"Para 2016, estos reclamos habían dado como resultado tres aeródromos de grado militar que enviaron ondas de choque en todo el mundo, provocadas en parte por China, que rompió su propia promesa de no militarizar las islas", prosigue Austin. Ese mismo año, el Tribunal Internacional de La Haya falló en contra de parte de las reclamaciones de China sobre el mar. Pekín rechazó la autoridad del tribunal que había considerado que el Mar del Sur de China es un "mar semicerrado". Es decir, según la Convención sobre el Derecho del Mar, se trata de un espacio marítimo compartido donde los estados costeros deben cooperar tanto en su conservación como en su explotación comercial.

El Mar del Sur de China es un área que mide 3,6 millones de kilómetros cuadrados. El reclamo de China se basa en lo que el ex comandante del Comando del Pacífico de Estados Unidos, Harry Harris, definió como la "Gran Muralla de Arena": una línea de nueve trazos que se extiende por 2.000 kilómetros desde China Continental, abarcando más de la mitad del mar.

Esta línea, que bordea otros países como Filipinas, Malasia, Indonesia, Brunéi y Vietnam, es uno de los focos de disputa. El segundo frente de conflicto es Taiwan, una isla con una joven democracia que para China nunca ha dejado de ser una provincia rebelde. La soberanía de Taiwan apenas la reconocen 15 países en todo el mundo y no es signatario de la Convención sobre el Derecho del Mar, ni tiene derecho legal a reclamar territorio. Sin embargo, ante el embiste autoritario de Pekín, Estados Unidos se ha convertido en el poderoso aliado de la isla.

¿POR QUÉ TAIWAN ES EL CENTRO DEL CONFLICTO?
Hace ocho meses, en el Sudeste Asiático, antes de que la pandemia se subiera al escenario, los focos alumbraban lo que ocurría en Taiwan, que iba a decidir en las urnas si seguía el camino de la democracia o se acercaba al control de Pekín. El presidente chino Xi Jinping aseguró el año pasado que la "unificación de Taiwan era inevitable" y que "Pekín se reservaba el derecho a usar la fuerza militar para lograrlo".

Al final, en las elecciones de enero, la presidenta Tsai Ing-wen (63 años), líder del Partido Democrático Progresista (PDP), revalidó su cargo. En el tablero electoral venció la opción de que Taiwan se mantuviera alejada de los tentáculos del vecino de arriba. Desde Washington aplaudieron su victoria y estos meses se han ido acercando a la isla, tanto en la política como en el terreno militar. En lo que va de año, Estados Unidos ha realizado al menos 10 despliegues navales en el Estrecho de Taiwan, queriendo mostrar su fuerza y permanentemente vigila por si a China se le ocurriera emprender una acción militar contra la isla.

¿HACIA UNA FUTURA GUERRA ENTRE CHINA Y EEUU?
Desde el gigante asiático, las amenazas y el lenguaje bélico se han convertido en la tónica habitual en los editoriales de los medios chinos que ejercen como portavoces del Partido Comunista. Y el avance de tropas chinas del Ejército Popular de Liberación en el Mar del Sur ha dibujado un peligroso escenario alrededor de Taiwan.

"¿Washington quiere un enfrentamiento en el Mar del Sur de China? Cualesquiera que sean las medidas proactivas que realice Estados Unidos, China mostrará su estrategia recíproca para salvaguardar su soberanía", afirmaba un editorial del tabloide estatal chino Global Times. Este medio aseguró que los dirigentes chinos estaban "furiosos" tras la visita a Taiwan de Alex Azar, secretario del Departamento de Sanidad y Servicios Humanos de Estados Unidos, el representante estadounidense de más alto rango que pisaba la isla desde 1979.

El 12 de agosto, apenas una hora antes de que comenzara el encuentro entre Azar y la presidenta Tsai Ing-wen, varios cazas chinos cruzaron la línea -imaginaria- que divide el Estrecho de Taiwan. En los últimos 21 años, esta fue la tercera vez que los aviones de combate de Pekín cruzaban esa línea. Unos días después, el Ejército chino anunció nuevos ejercicios militares en la zona con la intención de "salvaguardar la soberanía nacional", manifestó el coronel Zhang Chunhui, que advirtió que las acciones de Estados Unidos "apoyando la independencia de Taiwan" provocan que aumente el riesgo de una "confrontación armada".

Este jueves aterrizará en Taiwan en segundo alto funcionario enviado desde Washington, Keith Krach, subsecretario de Asuntos Económicos de Estados Unidos. La segunda visita de un emisario directo de Trump a la isla en dos meses. Algo que ha enfurecido mucho a Pekín.

¿CON QUÉ ARMAS CUENTA CADA POTENCIA?
El siguiente paso de Pekín, en medio de la creciente tensión, fue presentar hace un par de semanas un nuevo sistema de armas, el Tianlei 500, dispensador de municiones aerotransportadas con un alcance de más de 50 kilómetros. Tres días antes, la Marina estadounidense había informado de que uno de sus destructores de misiles estaba navegando por el Estrecho de Taiwan. Mientras, las autoridades de la isla anunciaban que aumentarían el presupuesto de Defensa un 10% (más de 13.000 millones de euros, una cifra sin precedentes en la isla) para 2021. Y no sólo eso: el departamento de Defensa de Estados Unidos anunció que Taiwan había comprado 66 cazas F-16 al fabricante Lockheed Martin.

"La venta de F-16 a Taiwan envía un fuerte mensaje sobre el compromiso de Estados Unidos con la seguridad y la democracia en el Indo-Pacífico", declaró Eliot Engel, miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. En julio, Pekín ya anunció sanciones a Lockheed Martin, la mayor empresa armamentística norteamericana, después de que firmara un contrato de 545 millones de euros para mejorar los misiles defensivos de Taiwan.

Según un informe publicado por Reuters, justo en la previa de la visita de este jueves a Taiwan del subsecretario estadounidense Keith Krach, el Gobierno de la isla habría comprado a Estados Unidos "una cantidad de nuevas armas sin precedentes", incluidas minas, misiles de crucero y drones. "Hemos estado esforzándonos mucho en los últimos años para reforzar nuestras propias capacidades de defensa", ha defendido Joseph Wu, el jefe de la diplomacia de Taiwan. "Los países con ideas afines y las democracias compañeras deben prestar más atención a esta área y ayudarnos para que la motivación expansionista de China pueda ser disuadida".

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