Los incendios de Bolivia y Brasil extenderán el cultivo de coca y soja

Los incendios de Bolivia y Brasil extenderán el cultivo de coca y soja

En el primer año de Lula da Silva hubo más incendios en el Amazonas que en el de Bolsonaro

La presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva registró un récord de incendios en la selva amazónica. En su primer año de mandato, en 2003, hubo 63.229 incendios hasta finales del mes de agosto (con Jair Bolsonaro ha habido 45.283). En esos mismos nueve meses primeros del año, se produjeron 78.239 incendios en 2004 y 89.315 en 2005; también se registraron otros picos en 2007 (60.651) y en el último año de la presidencia de Lula, en 2010 (57.194), de acuerdo con las estadísticas nacionales.

La deforestación de la región amazónica, pues, viene de atrás, empujada sobre todo por la extensión del cultivo de la soja, destinada a inmensos mercados como el de China. El enorme peso de los intereses agropecuarios –algunas de las multinacionales de alimentación más importantes del mundo son brasileñas– condiciona la vida política del país y decide el voto de muchos gobernadores, senadores y diputados. Bolsonaro contó para su triunfo electoral con el apoyo de gran parte de ese «lobby», como en su día sucedió con Lula, si bien el nuevo presidente ha mostrado menos sensibilidad medioambientalista y se ha alineado expresamente con esos intereses.

En Bolivia el presidente Evo Morales llegó a la presidencia desde su posición de líder sindicalista cocalero y durante sus trece años de gobierno se ha apoyado en el voto de ese sector, ampliando el número de hectáreas de cultivo legal de coca, y de cuantos han podido ganar tierras por las extensiones de otros cultivos, como ha ocurrido con el avance de la soja.

Opositores de Bolsonaro y de Morales les atribuyen cierta responsabilidad, al menos moral, en los incendios registrados. Fuera de esa discusión política, lo que está claro es que la devastación natural en curso va a suponer un incremento de la superficie cultivada, con un aumento de la producción de soja en ambos países y también de hoja de coca en el caso de Bolivia.

Crecimiento exponencial de la soja

El área de cultivo de soja y la producción lograda en las cosechas ha tenido un crecimiento exponencial los últimos años. Los países del Mercosur (Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay) acaparan el 50% de la producción mundial de un alimento que ha devenido en estratégico. Brasil y Argentina son el segundo y tercer productor mundial, respectivamente, después de Estados Unidos. Bolivia también se ha sumado a un cultivo muy atractivo para los agricultores, que en los diferentes países de la región han ido ganando tierras para ese uso en la Amazonia y el Gran Chaco.

Entre 2012 y 2017, el año más reciente sobre el que la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ofrece datos, en Brasil el número de hectáreas con este cultivo aumentó un 35,8%, pasando de 24 millones de hectáreas a 33,9 millones. El salto aún fue mayor en cuanto a producción de grano de soja, con un incremento del 74%, pasando de 65 millones de toneladas a 114 millones.

En Bolivia, la superficie de cultivo no ha aumentado tanto (un 16% entre 2010 y 2017, llegando a 1,2 millones de hectáreas), pero sí lo ha hecho la producción (un 78% en el mismo periodo, alcanzando los 3 millones de toneladas).

Producción de coca

El deseo de congraciarse con los cocaleros, cuyas acciones de protesta se han mostrado decisivas en la reciente historia de Bolivia, llevó a Morales a ampliar sustancialmente el límite del número de hectáreas de plantación legal de coca, un cultivo que se considera parte de la cultura indígena. En 2017 Morales prácticamente duplicó ese límite, pasándolo de 12.000 a 22.000 hectáreas. Con todo, el cultivo de coca excede ampliamente cada año esas cifras.

La Oficina Nacional de Política de Control de Drogas de Estados Unidos calcula que las 25.500 hectáreas de cultivo que había en 2012 han ido aumentando progresivamente hasta llegar a las 37.500 hectáreas en 2016. Para 2017, el último año investigado, esa oficina redujo la cifra, pero el volumen de cocaína pura que podía extraerse seguía siendo elevado: 249 toneladas.

La producción de coca se concentra en la región de las Yungas, próxima a La Paz, y en la de Chapare, en las cercanías de Cochabamba, que está conociendo una expansión, invadiendo el parque-reserva natural de Tipnis, el cual se adentra en la Amazonia y está siendo afectado por los incendios.

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