Los frentes que hereda Joe Biden en la nueva Guerra Fría con China

Los frentes que hereda Joe Biden en la nueva Guerra Fría con China

18:45 - El demócrata tendrá que lidiar con varias disputas abiertas durante la era Trump, de la guerra comercial, a las disputas en el Mar del Sur de China, pasando por la pandemia o la crisis de los consulados

Si toda la población de China hubiera podido votar en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, probablemente el ganador sería Joe Biden. Si acotamos el electorado y votaran los 89 millones de miembros del Partido Comunista Chino (PCCh), seguramente también ganaría Biden. Pero si sólo hubieran podido echar la papeleta en las urnas los 364 miembros del Comité Central, la élite política de China, quizá Donald Trump habría sido el preferido para ocupar de nuevo el Despacho Oval de la Casa Blanca.

Puede parecer extraño que los que mandan en una China cada vez más nacionalista quisieran que revalidara su cargo el presidente que ha llevado las relaciones bilaterales entre las dos potencias a su nivel más tenso y peligroso desde que Washington reconoció por primera vez a la República Popular en 1979. Uno puede pensar que el favorito para los que mandan en Pekín sería alguien más predecible y sosegado como Biden, un presidente que intente reconducir unas relaciones bilaterales totalmente destruidas y que no utilice un tono tan agresivo.

Pero dentro del PCCh algunos creían que, para sus aspiraciones de dominar el tablero mundial, en Washington debería seguir un líder bullicioso y bronco como Trump, que polarice a la población estadounidense y provoque discordia entre sus históricos aliados internacionales.

"Pekín lleva tiempo queriendo mostrar la decadencia del sistema estadounidense. Y lo mejor para su agresiva estrategia de futuro sería tener como rival a un presidente impulsivo que suelta en un tuit lo primero que se le pasa por la cabeza", destacaba esta semana un diplomático europeo que reside en China.

El posible anhelo de los líderes chinos estuvo, por algunos momentos, cerca de cumplirse. Pero Donald Trump puede que no sea presidente de Estados Unidos cuatro años más. En ese caso, le tocará a Joe Biden lidiar con la herencia de muchas peleas abiertas con China en todo tipo de escenarios. Ya sea en el terreno militar con la disputa en el Mar del Sur de China; el político por la nueva ley de seguridad en Hong Kong con la que Pekín pretende acabar con la autonomía de la ex colonia; o el económico con la guerra comercial en la que está pendiente cerrar una tregua que ambos países acordaron a principios de este año. Biden y el presidente Xi Jinping tendrán que verse las caras para solucionar unos aranceles con los que todos han salido perdiendo.

Sin olvidar los rotos diplomáticos tras los cierres de los respectivos consulados en Houston y en Chengdu, así como repetidas sanciones de Washington a funcionarios chinos por la represión contra los uigures de Xinjiang. No parece que el nuevo presidente estadounidense vaya a mirar hacia otro lado mientras Pekín sigue violando todo tipos de derechos a su minoría musulmana. También está la continua disputa por la narrativa vírica de la pandemia (Biden aún no se ha referido al coronavirus como el "virus chino") o el enfrentamiento en el ciberespacio con el veto de Estados Unidos a TikTok...

El 'Global Times', un tabloide controlado por el PCCh muy duro con la política estadounidense, ha cuestionado estos días si realmente habría un cambio en la dirección y el tono entre los dos países con Joe Biden ("un político más suave") en la Casa Blanca. "Estados Unidos seguirá siendo duro con China. Pero tácticamente, el enfoque de Estados Unidos será más predecible y Biden es mucho más fácil de tratar que Trump", señalaban desde el diario chino. "Biden podría retomar el legado de Barack Obama, que al menos era alguien con el que se podía dialogar", soltaba este verano a este periódico un funcionario del Ministerio de Exteriores de China.

Para Max Baucus, ex embajador de Estados Unidos en China (2014-2017), si es Biden finalmente el ganadro, "tratará con China de una manera mucho más tradicional y no usará su cuenta de Twitter para afectar la política exterior. Habría un pequeño reinicio en las relaciones, Biden será un presidente que se involucrará en una diplomacia silenciosa".

"EEUU, DURO CON CHINA"

Una diplomacia opuesta a la de su antecesor con la que se enfrentaría al desafío de un ascenso militar de Pekín. El principal foco es Taiwan, la isla que China considera una más de sus provincias. Los aviones del Ejército Popular de Liberación del país asiático han sobrevolado repetidas veces estos últimos meses las defensas aéreas taiwanesas. Los ecos de una posible invasión han retumbado en los medios de propaganda de China. Aquí Biden podría reducir tensiones limitando la venta de armas de su país a Taiwan o evitando enviar a altos funcionarios de su administración de visita a la isla, como hacía su predecesor para cabrear a Pekín. Aunque eso seguramente no frene a China en la mayor presión militar que está ejerciendo sobre Taiwan.

Un poco más lejos, Biden tampoco podría descuidar a los barcos chinos involucrados en múltiples incidentes en las aguas disputadas con Japón del Mar de China Meridional. Gracias a un pacto de defensa mutua con Tokio, en un futuro conflicto militar en esa zona, Washington estaría obligado a defender las islas que están en ese mar como parte del territorio japonés.

A principios de este año, Biden escribió un artículo en la revista 'Foreign Affairs' en el que dejaba un atisbo de cómo sería su estrategia con el gigante asiático: "Estados Unidos debe ponerse duro con China. Si China se sale con la suya, seguirá robando a Estados Unidos y a las empresas estadounidenses su tecnología y propiedad intelectual. La forma más eficaz de enfrentar este desafío es construir un frente unido de aliados y socios de Estados Unidos para enfrentar los comportamientos abusivos y las violaciones de los derechos humanos de China, incluso mientras buscamos cooperar con Pekín en cuestiones donde convergen nuestros intereses, como el cambio climático, la no proliferación y la seguridad sanitaria mundial".

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