Los caminos que deberá elegir el gobierno tras la “resaca” que dejará la pandemia

Los caminos que deberá elegir el gobierno tras la “resaca” que dejará la pandemia

Si bien la pandemia impactó fuertemente en PIB en 2020 -cayó 5,9%, el descenso más grande desde 2002- las expectativas para el último trimestre de este año son un poco más alentadoras.

Un año y medio después de la irrupción del COVID-19 en el país, la economía
uruguaya se encamina lentamente a recuperar el ritmo de actividad que tenía
previo a la crisis sanitaria. Si bien la pandemia impactó fuertemente en el Producto
Interno Bruto (PIB) en 2020 -cayó 5,9%, el descenso más grande desde 2002- las
expectativas para el último trimestre de este año son un poco más alentadoras.

El pasado viernes en un evento en la Expo Prado, la ministra de Economía y
Finanzas, Azucena Arbeleche, dijo que estiman que el PIB crecerá 3,5% en 2021.
Por su parte, el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) prevé un crecimiento
semejante y entiende que hacia fines de este año el nivel de actividad será similar
al que tenía el país en diciembre de 2019.

La crisis sanitaria supuso un fuerte golpe, sin embargo, el director ejecutivo del
CED, Agustín Iturralde manifestó -en el marco de un evento en la Expo Prado- que
los problemas económicos ―van a ser básicamente los mismos‖ dado que si bien la
pandemia ―agudizó y aceleró‖ las dificultades preexistentes, ―no hay nada
novedoso‖ en cuanto a los desafíos que tiene que enfrentar el gobierno.

¿Qué cambió entonces? El escenario internacional y el tiempo que le queda a las
autoridades del gobierno para implementar los cambios estructurales anunciados.
―Es probable que Uruguay al final tenga que elegir qué objetivos va a perseguir con
más insistencia‖, afirmó Iturralde.

El aumento en los precios de las materias primas, las tasas de interés en niveles
históricamente bajos y la estimación de que la gran mayoría de los países
recuperaría su actividad económica este año, hacen que la coyuntura externa sea
favorable para Uruguay y según Iturralde ―tiene que ser aprovechada‖.

Sin embargo, de acuerdo con el director del CED ―la gran pregunta que queda
instalada‖ es hasta cuándo va a estar planteado ese escenario externo.

El contexto internacional ―luce razonablemente estable pero no podemos soñar con
un contexto de 10 o 12 años de buenos precios‖ de los commodities. Hay que ser
más pesimistas al respecto y hay señales de que esto no dura para siempre‖,
explicó en alusión al progresivo aumento de las tasas de interés de los países
emergentes y al debilitamiento del dólar en Uruguay. Mejorar la competitividad,
bajar la inflación, recuperar los niveles de empleo y lograr una consolidación fiscal
son los cuatro desafíos más importantes que tiene el gobierno -y que ya tenía
previo a la pandemia-, según Iturralde.

En relación al primer reto, el director del CED indicó que ―no es razonable pedirle al
tipo de cambio que resuelva problemas de competitividad (que son) más
profundos‖, ni que resuelva ―brechas cambiarias muy marcadas con nuestros
(países) vecinos‖. Para Iturralde, el país hoy ―no tiene un desalineamiento
cambiario con el mundo‖, aunque sí con Brasil y Argentina pero dijo que ―no hay
mucho para hacer desde el lado de Uruguay en ese sentido‖.

En tanto, los otros tres desafíos planteados ―sí parecen estar más en el mapa de lo
que el gobierno quiere priorizar‖, sumado a una política salarial ―austera‖ que
acompañe esos objetivos. ―Se nos hace imprescindible avanzar en una agenda
económica uruguaya con mucha más potencia y fuerza‖, sentenció Iturralde y dijo
que el país debe aprovechar que va a salir de la pandemia ―sin un daño económico
permanente‖.

Si bien destacó que hay temas clave que ya están en la agenda del gobierno, tales
como la educación y la inserción internacional, afirmó que hay otros asuntos
pendientes como la modernización de la regulación del mercado laboral y la
―carestía‖ del país. Según Iturralde, si se logran atacar esos dos aspectos, se
podrán ―recomponer niveles de competitividad de la economía en el mediano
plazo‖.

Por su parte, el economista Germán Deagosto puso el foco en la recuperación
pospandemia y señaló que esta será ―en forma de K‖, lo que supone un
desacoplamiento y un aumento de la desigualdad tanto entre diferentes segmentos
de la población como en los distintos sectores de la actividad económica. La
recuperación ―va a exacerbar desigualdades‖ y eso a su vez ―va a dificultar y
alimentar nuevas demandas de aseguramiento redistributivas‖, afirmó Deagosto.

Según el economista ―la resaca de las pandemias‖ proyecta ―una larga sombra de
inestabilidad social‖, cuyas consecuencias se ven aproximadamente a los dos años
de terminada la pandemia. ―Vamos a enfrentar un mundo que es más cerrado, más
proteccionista, más enfrentado, menos cooperante y más desigual‖, sentenció.

El gerente del Área de Consultoría Económica de Grant Thornton, Nicolás
Cichevski afirmó que la agenda de desarrollo de Uruguay para los próximos cinco
años ―es similar‖ a la que había en 2019 previo a la pandemia. Lo que cambió ―es
el énfasis‖, indicó el economista. A su entender, mientras que en 2019 la agenda
estaba enfocada en la competitividad, la pandemia trasladó el desafío principal al
empleo.

Por último, la asesora económica de la Cámara de Comercio y Servicios, Ana
Laura Fernández señaló que aunque algunos desafíos ―se han exacerbado‖ por la
pandemia, ―las barreras de competitividad y productividad‖ que enfrentan las
empresas uruguayas siguen siendo las mismas que tenían previo al COVID-19.
Modernizar el funcionamiento del mercado de trabajo, la modificación de las
negociaciones salariales, la política de inserción internacional y la promoción
comercial fueron los aspectos destacados por Fernández como fundamentales
para mejorar la competitividad de las empresas uruguayas.

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