López Obrador y Alberto Fernández: la relación bilateral que une fuerzas en América Latina

López Obrador y Alberto Fernández: la relación bilateral que une fuerzas en América Latina

La semana pasada, en plena euforia por el anuncio de que México y Argentina producirán y distribuirán la vacuna contra el coronavirus en América Latina, el canciller mexicano, Marcelo Ebrard, contó una anécdota que resume la esperanza que generó en el llamado progresismo latinoamericano la llegada de Andrés Manuel López Obrador y de Alberto Fernández a la Presidencia de sus países.

"Después de que se entrevistaron López Obrador y Alberto Fernández, un buen amigo brasileño nos dijo: 'Hagan un eje del bien, dedíquense a hacer el bien, no a hacer politiquería'. Esto es hacer el bien: que América Latina tenga acceso a la vacuna", dijo Ebrard sin revelar quién era el "buen amigo", aunque las especulaciones de inmediato apuntaron a Luiz Inácio Lula da Silva.

Los dos presidentes solo se han visto una vez en persona, pero fue suficiente para iniciar una amistad que de inmediato pasó de fotos sonrientes y declaraciones a hechos concretos y que, en breve tiempo, se ha consolidado hasta forjar una alianza inédita en la relación bilateral que ilusiona a los sectores populares de la región.

Fernández fue a México en noviembre, cuando recién había ganado la Presidencia, para visitar a López Obrador, que estaba por cumplir un año en el cargo. Sus gestiones coincidirán por completo en términos temporales, ya que el gobierno del peronista termina en el 2023 y el de López Obrador en 2024.

Con ese viaje, Fernández rompió una tradición no escrita de la diplomacia argentina que establecía que el primer destino de los presidentes electos argentinos era Brasil, su principal socio comercial y con el que forma la dupla de los países con las economías más grandes del Mercosur. Pero para entonces ya gobernaba Jair Bolsonaro, quien se metió en la campaña presidencial vecina para denostar de todas las formas posibles al peronismo y a su entonces candidato presidencial e incluso llamar a votar por Mauricio Macri.

Así que, en lugar de ver a Bolsonaro, Fernández prefirió viajar ocho mil kilómetros, visitar a López Obrador y unir fuerzas para enfrentar y contrarrestar, de norte a sur de América Latina, a los gobiernos de derecha que se imponen en una región en la que los encuadres ideológicos tradicionales muchas veces resultan insuficientes, inexactos, confusos.

Operativo Evo Morales
Los resultados de esta nueva alianza fueron inmediatos.

La reunión de López Obrador y Fernández en México fue el 4 de noviembre. Ocho días más tarde, Evo Morales sufrió un golpe de Estado en Bolivia que coronó la crisis política que estalló por los resultados de los comicios en los que buscó la reelección a pesar de que, en un referéndum previo, la mayoría de los ciudadanos había rechazado que volviera a postularse.

En medio de la violencia política y el riesgo de vida que corría Morales, López Obrador y Fernández coordinaron un cinematográfico operativo para ayudarlo a salir de La Paz. Primero fue recibido en México. Después, cuando Fernández ya había asumido la Presidencia, se refugió en Argentina, en donde permanece hasta hoy.

México honró así una larga historia de refugio a perseguidos políticos y, junto con Argentina, resistió la presión de la desprestigiada Organización de Estados Americanos (OEA) que avaló el golpe en Bolivia y que denunció un supuesto fraude electoral que ha sido desmentido por diversas investigaciones académicas.

Las coincidencias de López Obrador y de Fernández ya habían quedado claras, también, en el caso de Venezuela.

A contracorriente de los países alineados con Estados Unidos que reconocen al autoproclamado Juan Guaidó como presidente y que promueven la salida de Maduro, incluso a través de un golpe de Estado o de invasiones armadas extranjeras, los presidentes de México y Argentina se pronuncian porque sean los propios venezolanos quienes recuperen su democracia y resuelvan la larga crisis política, económica y social que ha derivado en una catástrofe humanitaria.

Con el apoyo de la comunidad internacional, sí, pero sin estrategias intervencionistas que lesionen la autonomía venezolana.

Bloques, deuda y el BID
La disputa política latinoamericana en la que López Obrador y Fernández tienen un papel protagónico se evidencia en la conformación de bloques.

Uno es el Grupo de Lima, nacido en 2017, que se dedica a condenar toda violación de derechos humanos ocurrida en Venezuela pero que evita criticar a la dictadura boliviana que preside Jeanine Áñez, la permanente violencia institucional en el Chile de Sebastián Piñera y el Brasil de Bolsonaro, y los ataques a la democracia en el Ecuador de Lenín Moreno. Aunque México y Argentina son miembros, no suelen adherir a los selectivos pronunciamientos contra Maduro.

Otro es el Grupo de Puebla que líderes progresistas o de izquierda fundaron el año pasado en México. Fernández es el único presidente en ejercicio dentro de este foro pero, aunque López Obrador no participa formalmente, su política exterior suele coincidir con los pronunciamientos de este bloque que, además, los reconoce a ambos como los máximos líderes del progresismo en la región.

La alianza López Obrador-Fernández acaba de sumar un nuevo logro, ya que Argentina resolvió una compleja renegociación de su multimillonaria deuda externa en un proceso en el que fue crucial la ayuda desde México.

En medio del tenso diálogo con los fondos de inversión, Fernández le pidió a López Obrador que intercediera con Larry Fink, el director ejecutivo de BlackRock, uno de los acreedores más duros, ya que es amigo del presidente mexicano. La mediación surtió efecto y así lo reconoció el presidente argentino cuando agradeció públicamente a López Obrador porque su respaldo fue uno de los múltiples factores que ayudaron a alcanzar un acuerdo exitoso.

Ahora ambos están inmersos en otra batalla.

Mauricio Claver-Carone, secretario de Estado para América Latina y uno de los funcionarios de mayor confianza de Donald Trump, se postuló a la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a pesar de que ese cargo siempre le ha correspondido a un latinoamericano, así como en el Fondo Monetario Internacional (FMI) se queda un europeo y el Banco Mundial, un estadounidense.

La alianza López Obrador-Fernández acaba de sumar un nuevo logro, ya que Argentina resolvió una compleja renegociación de su multimillonaria deuda externa en un proceso en el que fue crucial la ayuda desde México.

En medio del tenso diálogo con los fondos de inversión, Fernández le pidió a López Obrador que intercediera con Larry Fink, el director ejecutivo de BlackRock, uno de los acreedores más duros, ya que es amigo del presidente mexicano. La mediación surtió efecto y así lo reconoció el presidente argentino cuando agradeció públicamente a López Obrador porque su respaldo fue uno de los múltiples factores que ayudaron a alcanzar un acuerdo exitoso.

Ahora ambos están inmersos en otra batalla.

Mauricio Claver-Carone, secretario de Estado para América Latina y uno de los funcionarios de mayor confianza de Donald Trump, se postuló a la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a pesar de que ese cargo siempre le ha correspondido a un latinoamericano, así como en el Fondo Monetario Internacional (FMI) se queda un europeo y el Banco Mundial, un estadounidense.

Los gobiernos de derecha en América Latina, por supuesto, avalaron de inmediato al candidato de Trump sin importarles que la región perdiera un puesto estratégico en el escenario de la diplomacia financiera internacional.

Por el contrario, López Obrador y Fernández rechazaron a Claver-Carone. El mexicano respaldó a Gustavo Béliz, el candidato propuesto por Argentina. Y los dos gobiernos están presionando para que, debido a su importancia, la elección del nuevo presidente del organismo no se realice en septiembre en una asamblea virtual, como está planeada, y se postergue hasta el próximo año para que pueda concretarse de manera presencial.

Parece difícil que logren cambiar la fecha. Pero, por lo menos, ambos gobiernos demuestran dignidad ante el avasallamiento estadounidense.

Los "comunistas"
El discurso de la guerra fría revivió para alimentar el miedo, pánico, terror al comunismo en el continente latinoamericano, con López Obrador y Fernández como sus principales fantasmas.

La acusación, basada en peligros inexistentes pero efectivos para construir eslóganes, es paradójica, ya que hoy se expande principalmente para criticar la reacción de los dos gobiernos a la pandemia. Una reacción que fue totalmente opuesta.

López Obrador actuó muchas veces con irresponsabilidad, convocó a besar y abrazar en plena propagación del coronavirus; se negó a usar barbijo, por lo menos para simbolizar la importancia de las estrategias de prevención; salió de gira, hizo actos masivos, contradijo de manera permanente al vocero de la emergencia sanitaria, Hugo López-Gatell. No cerró fronteras ni impuso una cuarentena obligatoria. Una y otra vez anunció el éxito de su estrategia a pesar de las cifras récord que convierten a México en uno de los países con peores resultados: 522.162 contagios y 56.757 muertos. La tragedia continúa.

Fernández, en cambio, decretó una cuarentena obligatoria desde el 20 de marzo, y que se ha flexibilizado de manera paulatina. Cerró fronteras terrestres, marítimas y aéreas. En la primera etapa de la pandemia obtuvo un inesperado apoyo opositor que, por un rato, generó una ilusión de unidad nacional que en las últimas semanas se desdibujó para volver a la normalidad de antagonismos políticos en los que la oposición refuerza sus críticas a pesar de que Argentina es uno de los países que mejor ha logrado contener al coronavirus: hoy tiene 295.569 contagios y 5.750 fallecimientos, aunque las cifras están en alza, tanto como la preocupación de que se desborde el sistema hospitalario.

A pesar de que los presidentes de México y de Argentina enfrentaron de manera tan diferente la pandemia, y del total antagonismo de sus posturas con respecto al aborto, los feminismos y la relación con la prensa, sus opositores más radicalizados les hacen las mismas acusaciones, los denuestan, deploran los resultados de sus políticas contra la pandemia y los caricaturizan como los malos, monstruosos comunistas que quieren violentar "las libertades", terminar con la propiedad privada.

Ni siquiera la buena noticia de que ambos países producirán la vacuna contra el coronavirus desarrollada por la Universidad de Oxford y la farmacéutica AstraZeneca para distribuirla a América Latina, salvo Brasil, amainó el vendaval de críticas.

Eso sí, para sus militantes, el anuncio renovó la esperanza de que, juntos, López Obrador y Fernández puedan erigirse por fin en un buen ejemplo de la unidad latinoamericana tantas veces postergada.

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