López Obrador, tras el terremoto en México: "Siempre hemos salido adelante, los mexicanos nunca perdemos la fe"

López Obrador, tras el terremoto en México: "Siempre hemos salido adelante, los mexicanos nunca perdemos la fe"

El sismo, con origen en el suroeste del país, ha dejado al menos un muerto y ha ocurrido en la misma fecha en la que hace cuatro años se registró un terremoto de magnitud 8,2

Los megáfonos antisísmicos de Ciudad de México se activaron 30 segundos antes de que la onda telúrica moviera de lado a lado los cimientos la capital, dando un tiempo vital para que muchos ciudadanos pudieran abandonar a la carrera sus viviendas con el recuerdo vivo de lo sucedido hace 4 años, en idénticas circunstancias. Nuevamente un 7 de septiembre, otra vez de noche, un sismo con origen en el suroeste del país ha hecho temblar a todo México. El del 2017 es considerado como el más potente de la historia del país con 8.2 grados y, aunque el de este año, con 7,1 grados, no vaya a batir ningún récord, sí ha dejado una sensación de inquietud generalizada entre una población supersticiosa y demasiado acostumbrada a ver cómo la tierra tiembla en esta época del año.

El terremoto se produjo a las 20.47 horas del martes y tuvo su origen 14 kilómetros al sureste de la turística ciudad de Acapulco, una zona de gran actividad sísmica donde confluyen hasta cinco placas tectónicas diferentes. Hasta el momento las autoridades han confirmado un muerto y cortes masivos de energía que han afectado a 1,6 millones de personas. El estado de Guerrero ha sufrido los mayores desperfectos, con deslaves de tierra que han bloqueado carreteras, caídas de postes de electricidad, tejas y escombros, así como grietas en edificios e infraestructuras que han obligado a clausurar temporalmente el macro túnel y el aeropuerto de Acapulco.

La capital mexicana tampoco ha sido ajena a los daños. Cientos de personas quedaron atrapadas en los vagones del metro y en las cabinas del teleférico y 750.000 personas estuvieron sin luz en sus hogares durante varias horas. El tenebroso espectáculo fue ampliamente documentado y compartido en redes sociales: bajo una intensa lluvia, en medio de gritos de angustia y pánico, una megalópolis donde habitan 22 millones de personas se mecía violentamente mientras la energía eléctrica, producida por la fricción de las placas terrestres, era liberada en grandes destellos verdes y azules que despegaban hacia el cielo nocturno.

El terremoto duró 150 segundos que se hicieron interminables. En Puebla, un hombre falleció a causa de un paro cardíaco provocado por el estrés que le generó el sismo. La única víctima oficial confirmada por las autoridades se registró en Coyuca de Benítez, cerca de Acapulco, donde un hombre que viajaba en moto falleció tras ser aplastado por un poste que cayó violentamente. Hasta el momento, el Servicio Sismológico Nacional ha detectado cerca de 200 réplicas (algunas superiores a los 4 grados), lo que ha empujado a muchos vecinos de Guerrero a pasar la noche a la intemperie ante el temor de que sus viviendas colapsaran. El terremoto también activó una alerta de tsunami para la costa del Pacífico que finalmente fue descartada horas más tarde.

Al margen de Guerrero, el resto de Estados afectados han descartado daños mayores tras realizar varios peritajes apoyándose en las Fuerzas Armadas. La alcaldesa de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, compareció durante la noche del martes desde el C-5, como se conoce al centro de videovigilancia de Ciudad de México equipado con más de 15.000 cámaras: "Se han realizado tres sobrevuelos y no se encuentra daño alguno. Sabemos que hay muchos lugares sin energía eléctrica, les pido a todos mucha tranquilidad". Incidiendo en ese mensaje de calma y unidad, este miércoles el presidente López Obrador apuntó a que "como siempre, por nuestra cultura, por nuestra fortaleza, hemos salido adelante (...) los mexicanos somos así, nunca perdemos la fe, nunca nos quitan el derecho a la esperanza".

Lo vivido la noche del martes ha generado más inquietud que daños reales. La principal preocupación es que se registre un nuevo sismo en los próximos días que refuerce la tendencia histórica que ha convertido el mes de septiembre en sinónimo de terremotos. Es en esta época del año donde se han registrado los más violentos de la historia del país. En el año 2017, tras el sismo registrado el 7 de septiembre, el día 19 llegó otro que sacudió aún con más virulencia la capital del país dejando un balance de 370 muertos, 7.000 heridos y más de 13.000 edificios afectados. Otro 19 de septiembre, pero del año 1985, un terremoto de 8.1 grados devastó la capital mexicana y se convirtió en el más mortífero desde que existen registros con más de 20.000 víctimas.

La comunidad científica ha descartado por completo la creencia supersticiosa de que una época del año pueda ser más propensa a generar terremotos y apuntan más bien a una simple casualidad. Si bien los expertos no son capaces de predecir un terremoto, a través del estudio de las zonas más sobrecargadas, sí pueden vaticinar descargas sísmicas en el medio plazo. Desde su origen, la sociedad mexicana ha tenido que convivir con desastres naturales y ha recurrido a los mitos para tratar de sobreponerse a ellos o, al menos, para estar preparados ante algo que es imprevisible.

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