Litio: ¿panacea para la crisis mundial?

Litio: ¿panacea para la crisis mundial?

Bolivia estará lista para emprender el primer proyecto de alta tecnología de su historia: la industrialización del litio

La pandemia del nuevo coronavirus ha paralizado la economía mundial y ha llevado al mundo a una recesión que puede ser mucho peor que la crisis financiera de hace una década. Al igual que las anteriores grandes crisis económicas, como la Gran Depresión de los años treinta y la Gran Recesión de 2009, la de este año ya tiene un nombre: “el Gran confinamiento».

La crisis económica postpandemia solo podrá ser resulta con la creación de una nueva economía, en la cual el mundo podría buscará reducir las emisiones de carbono y ser menos dependiente del petróleo. Por otro lado, las personas recurrirán cada vez más a las baterías de iones de litio para vehículos eléctricos y para almacenar energía renovable. Para ese momento, Bolivia estará lista para emprender el primer proyecto de alta tecnología de su historia, que no tiene parangón en Sudamérica. Se trata de la industrialización del litio, desde producir carbonato de este mineral hasta la producción de baterías de litio-ion hechas en Bolivia.

La tecnología de las baterías es el futuro, y Bolivia tiene la oportunidad de participar en uno de los desarrollos científicos más emocionantes del siglo XXI: la creación de la nueva generación de baterías litio-ion. Con lo cual formaría parte del selecto club de países innovadores en tecnología de las baterías para vehículos eléctricos.

Según la rendición de cuentas anual de Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB), esta empresa estatal emprendió sus primeros pasos con el funcionamiento del centro de investigación desarrollo y pilotaje (CIDYP) en La Palca (Potosí). Allí se puede apreciar los avances que se están logrando en materia de conocimientos para la industrialización del litio del Salar de Uyuni.

En la planta piloto de materiales catódicos del CIDYP se mantiene una operación continua. Durante 2019 se produjeron 28,5 kg de material catódico de níquel-cobalto-manganeso (NCM) y 3 kg de litio-óxido de manganeso (LMO) para los cátodos de óxido de manganeso litio (LiMn2O4).

Los cátodos NCM reducen considerablemente la necesidad de cobalto, uno de los minerales más escasos y complicados de encontrar actualmente. Por lo que se abarataría el coste final por debajo de los 100 dólares el kilovatio. Además, ofrecen un aumento de la densidad energética; es decir, mayores capacidades de batería con el mismo volumen y peso.

Estamos conscientes que desde la puesta en marcha de la planta piloto de baterías hasta la fabricación de una batería hay un largo y complejo camino, en el que además de la materia prima se requiere una alta especialización, tecnología y dinero. Para llegar a esa meta, hacen falta socios estratégicos que respeten la soberanía de Bolivia. Además, a pesar de los recientes desarrollos en el almacenamiento de energía, la tecnología de baterías aún está lejos de llegar a su potencial, se puede mejorar la duración de la batería, la densidad de potencia y la eficiencia energética para introducir las baterías de próxima generación en el mercado.

El valor del proyecto boliviano está en tener una visión del proyecto bien focalizado para el desarrollo de valor agregado, y en poder juntar a todos los expertos en ciencias, en gestión estratégica de la industria nacional y extranjera y del Gobierno para hacer de Bolivia uno de los líderes en la tecnología de baterías.

Óscar Vargas-Villazón, docente de economía de la Universidad Católica Boliviana (UCB), experto en litio.

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