Limbo en Argentina: ¿qué pasará tras la fuga de ministros y el desafío kirchnerista?

Limbo en Argentina: ¿qué pasará tras la fuga de ministros y el desafío kirchnerista?

El peronismo es hoy lo más parecido a una fractura expuesta y el país está en un limbo político de consecuencias impredecibles.

Argentina es gobernada por un artefacto político profundamente extravagante: un presidente que llegó al puesto por decisión de la vicepresidenta. Esa anomalía política estalló esta semana: la vicepresidenta se cansó de la forma de gobernar del presidente y le vació el gobierno retirando a sus ministros. ¿Qué hizo el presidente? Guardó 24 horas de silencio hasta hacer saber que seguirá haciendo lo que le parece que debe hacer. ¿Consecuencias? El peronismo es hoy lo más parecido a una fractura expuesta y el país está en un limbo político de consecuencias impredecibles.

"He oído a mi pueblo. La altisonancia y la prepotencia no anidan en mí. La gestión de gobierno seguirá desarrollándose del modo que yo estime conveniente. Para eso fui elegido", escribió Fernández en un hilo de Twitter sin mencionar a Cristina Fernández de Kirchner, aunque en clara respuesta al desafío que le planteó el miércoles la vicepresidenta.

Casi simultáneamente se filtraba un audio de una diputada ultrakirchnerista repleto de descalificaciones hacia el presidente, al que calificaba de "okupa", "enfermo", "mequetrefe", "ciego" y "sordo".

"Este señor no tiene ningún mérito, está gracias a Cristina, que es la representación de la voz del pueblo argentino", añadió la diputada Fernanda Vallejos en el audio de once minutos y medio de duración.

La crisis política se inició el domingo, con la derrota del peronismo, inesperadamente contundente, en las primarias rumbo a las elecciones legislativas de noviembre. El partido de gobierno se vio reducido a un tercio del electorado, algo inédito, y perdió en la emblemática provincia de Buenos Aires. El peronismo quedó nueve puntos abajo de la oposición de Juntos por el Cambio, la coalición que gobernó entre 2015 y 2019 con Mauricio Macri.

Esa derrota detonó en la noche de este jueves la furia de la vicepresidenta, que en una extensa carta abierta le reclamó al presidente que "honre la voluntad del pueblo argentino".

"Cuando tomé la decisión, y lo hago en la primera persona del singular porque fue realmente así, de proponer a Alberto Fernández como candidato a presidente de todos los argentinos y las argentinas, lo hice con la convicción de que era lo mejor para mi Patria".

"Como no soy mentirosa y mucho menos hipócrita (nunca digo en público lo que no sostengo en privado y viceversa), debo mencionar que durante el año 2021 tuve 19 reuniones de trabajo en (la residencia presidencial de) Olivos con el presidente de la Nación (...). Siempre le plantee al presidente lo que para mí constituía una delicada situación social y que se traducía, entre otras cosas, en atraso salarial, descontrol de precios -especialmente en alimentos y remedios- y falta de trabajo, sin desconocer, obviamente, el impacto de las dos pandemias: la macrista primero y la sanitaria a los 99 días de haber asumido el gobierno. Igualmente siempre remarqué la falta de efectividad en distintas áreas de gobierno".

Mientras los argentinos seguían anonadados el culebrón político protagonizado por las dos máximas autoridades del Estado, los medios de comunicación hervían en especulaciones y se conocía que el presidente desistía de su viaje a México para la Cumbre de la Celac y a Nueva York para hablar ante la asamblea general de las Naciones Unidas.

Entonces se conocieron declaraciones de Fernández al diario Página 12, al que utilizó como altavoz para que su vice lo escuche: "Ella me conoce, sabe que por las buenas a mí me sacan cualquier cosa. Con presiones, no me van a obligar".

"Tiempo al tiempo. El que se apura se equivoca", añadió el presidente. Poco después, la ex presidenta le dejó en claro que no le sobrará ese tiempo que se está tomando para decidir qué hacer con los ministros renunciantes y con su gobierno en general.

A nadie se le escapó que la diatriba de la vicepresidenta incluyó un filoso ataque al portavoz de la presidencia, Juan Pablo Biondi, quizás el hombre de mayor confianza de Fernández.

"A propósito de la categoría de funcionarios que no funcionan... el vocero presidencial escaparía a aquella clasificación. Es un raro caso: un vocero presidencial al que nadie le conoce la voz. ¿O tiene alguna otra función que desconocemos? ¿La de hacer operaciones en off por ejemplo? Verdadero misterio".

La crudeza y la inusual sinceridad de la segunda autoridad del Estado, en abierto desafío y discordancia con el presidente, recibió fuertes críticas en una Argentina que acumula 114.000 muertes por la pandemia del covid-19, una inflación anual superior al 50 por ciento y una tasa de pobreza que ronda el 45. Hubo, sin embargo, cristinistas acérrimos que celebraron la carta y que la ex presidenta por fin "se le plante" al hombre al que le abrió el camino a la presidencia.

La diputada opositora Mariana Zuvic lo ve de otra manera: "Dos dementes, en versión pimpinela, jugando con un país en llamas. Patético final".

La vicepresidenta Kirchner venía reclamándole desde hacía tiempo a Fernández que cambiara su política económica, en manos del ministro Martín Guzmán. El otro gran objetivo del ala kirchnerista del gobierno es el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, al que Fernández respalda de forma inquebrantable y al que la diputada Vallejos definió como "payaso".

El jefe del Estado se reunió el miércoles con Guzmán -que incluso habló de la necesidad de acordar con el Fondo Monetario Internacional (FMI)-, y eso fue tomado como una declaración de guerra por Kirchner, señalan analistas locales. El presidente y la vice habían mantenido el martes por la noche una reunión de tres horas y media que cerraron sin acuerdo. Ante la evidencia, Fernández de Kirchner ordenó la presentación de sus renuncias a sus ministros y otros altos cargos en el gobierno.

Eduardo De Pedro, ministro del Interior, fue el que dio la señal de largada, con una "puesta a disposición" de su cargo que llegó a los medios antes que al presidente. Y detrás de él siguieron una docena de nombres, en un "strip-tease" político inusual en el peronismo, un movimiento político capaz de combinar la izquierda y la derecha, el neoliberalismo y la afinidad con el chavismo, pero acostumbrado a encolumnarse verticalmente bajo un líder. No es el caso esta vez.

Los argentinos llevan casi dos días pendientes del helicóptero en que se traslada el presidente Fernández. Y cuando los argentinos miran al helicóptero presidencial es que algo grave sucede. Y, ante todo un día de silencio del presidente, la inquietud creció. Los carteles de "urgente" se multiplicaron en las pantallas de televisión de un país que tiene siete canales de información continua.

"Está la opción de que nazca el 'albertismo', de poner fin a 20 años de hegemonía del kirchnerismo", aventuró el analista Lucas Nejamkis. "Y está la opción de que (el presidente) le diga 'tomá Cristina, acá tenés las llaves, hacete cargo de todo'".

"ES UN GOLPE DE ESTADO"
"Es una disputa de débiles que fueron jaqueados electoralmente", añadió Jorge Liotti, jefe de política del diario 'La Nación'.

"El intento de vaciar al presidente por parte del vicepresidente es un golpe de Estado", sumó Elisa Carrió, uno de los referentes en la oposición.

Con los nervios a flor de piel, siguieron fluyendo datos: que el presidente había estado trajinando su WhatsApp hasta altas horas de la madrugada y que también le había pedido a una facción peronista que cancelara la marcha de apoyo a la que había convocado en la Plaza de Mayo.

"Esto es insólito: parece que la marcha es para defenderlo de Macri, pero es para defenderlo de Cristina", comentó el analista Rubén Rabanal.

Y una certeza emergía: ya no se puede decir que el Frente de Todos, esa amalgama de las diversas facciones del peronismo, es el que gobierna en Argentina. La pregunta abierta es quién -y sobre todo cómo- lo hará a partir de ahora.

Mientras el ex presidente uruguayo José Mujica opinaba que "Argentina es un país desquiciado" y que "no es momento para peleas internas", desde el kirchnerismo comenzaron a enviarse señales de tregua. Sucedió algo inusual: la vicepresidenta hizo filtrar a través de sus asesores una corrección a la interpretación de sus acciones.

"Esto no es un golpe, no fue la intención", hizo saber, según 'Clarín'. "La decisión de pedirles a sus ministros y funcionarios que pusieran a disposición su renuncia no tuvo como objetivo asestar un golpe al presidente, sino liberarlo de presiones para que decidiera los cambios que quisiera en su equipo".

Creíble o no, hubo algo en lo que la ex presidenta fue clara: entre sus leales en el gobierno presentando la renuncia no figuraron el Procurador del Tesoro, Carlos Zannini, que es el jefe de todos los abogados del Estado, ni el secretario de Justicia, Juan Martín Mena. Tampoco el jefe de la Oficina Anticorrupción, Félix Crous.

Procesada en varias causas de corrupción, Fernández de Kirchner, también tiene sus límites.

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