Las negociaciones para resucitar el pacto nuclear con Irán se enquistan

Las negociaciones para resucitar el pacto nuclear con Irán se enquistan

Las disputas de poder en Teherán y las fórmulas planteadas por Occidente han puesto el diálogo para resucitar el acuerdo de 2015 en punto muerto

No habrá fumata blancaen Viena antes de que el nuevo presidente iraní tome el poder. Los acontecimientos de los últimos días dan la apariencia de que las disputas de poder en Teherán, y las fórmulas planteadas por Occidente para responder a las reticencias iraníes han puesto el diálogo nuclear en punto muerto. El desencuentro puede ser tal que algunas fuentes cercanas a los entresijos de Viena creen que el retorno de EEUU e Irán al cumplimiento del acuerdo nuclear no está garantizado.

En 2015, iraníes y estadounidenses firmaron, junto con Rusia, China, Alemania, Reino Unido y Francia -con el sello de la UE- un acuerdo que bloqueaba las vías de Irán hacia la bomba nuclear a cambio del levantamiento total de sanciones. Pero en 2017, presionado por los halcones de la Casa Blanca y motivado por su ojeriza hacia su predecesor en el cargo, Donald Trump retiró la firma de EEUU y reimpuso duras sanciones. Irán respondió acelerando sus trabajos nucleares, hasta hoy.

El último en hacer sonar la alarma fue el martes Ali Rabiee, portavoz del Gobierno en funciones cuyos ministros han representado a Irán en la mesa de negociación de Viena que ha tratado, durante los últimos meses, de resucitar el pacto atómico. Rabiee explicó que, si bien el Ejecutivo saliente había finiquitado un principio de acuerdo para un retorno mutuo al cauce del acuerdo, "el comité formado en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional decidió que el borrador es incompatible con la Ley".

La citada ley es un texto que la mayoría de 'línea dura' del Machlés sacó adelante el pasado noviembre, tras el asesinato a manos de Israel del científico nuclear Mohsen Fajrizade, que instaba a incrementar el enriquecimiento de uranio y a no comprometerse con EEUU salvo un levantamiento de sanciones verificable. El Gobierno del pragmático Hasan Rohani ejecutó la norma a regañadientes. Ahora, el comité de transición trata, según apunta Rabiee, de poner su sello frenando la consecución de un pacto.

No obstante, un portavoz del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, Keyvan Khosravi, contradijo a Rabiee afirmando que no había habido un "no" porque, en primer lugar, no se había presentado ningún borrador de acuerdo debido a la presión de EEUU y algunos países europeos. "Decir que había un acuerdo o un desacuerdo sobre algo que no es real es simplemente irrelevante", aseguró Khosravi, dando vigor al galimatías reinante en esta materia durante este periodo de transición política.

Aunque tanto las decisiones sobre la negociación de Viena deben recibir el beneplácito del Líder Supremo, en Irán se ha consolidado la idea de que el nuevo Gobierno de Ibrahim Raisi, más reticente a comprometerse con Occidente, debe ser quien firme la resurrección del pacto atómico. Un retraso, como mínimo hasta después de la investidura del 2 de agosto, que no gusta en Occidente, consciente de que algunos en la facción que tomará el poder se han opuesto a toda negociación nuclear.

Esta facción tiene diversos cálculos, entre los cuales están 'romper' el muro de sanciones apostando por incrementar las ventas de crudo a China, que ya importa, según algunas estimaciones, hasta un millón de barriles diarios de forma irregular, desafiando el pulso sancionador de EEUU. En paralelo, las medidas en respuesta a las sanciones, entre ellas la decisión de 'cegar' a los inspectores nucleares, están consiguiendo, según diplomáticos occidentales, que Irán obtenga notables conocimientos tecnológicos.

"Llegará un punto, pero todavía no hemos llegado allí [...], en el que, si Irán continúa avanzando en su programa [nuclear] y no hay un acuerdo, será muy difícil, si no imposible, recuperar los beneficios de la no proliferación" que ofrecía el acuerdo nuclear de 2015, reconoció recientemente a la cadena CNN Rob Malley, enviado especial de EEUU para Irán. Teherán niega que todos sus avances en la materia, incluido el desarrollo reciente de metal de uranio, tengan finalidades bélicas.

Aunque los vericuetos de la negociación son desconocidos por la mayoría, casi todos los observadores coinciden en que las demandas de Rohani y las de Raisi no difieren sobremanera. Tras la última ronda de conversaciones, los negociadores iraníes aseguraron, incluso, que los flecos principales estaban cerrados, por lo que se entendió que EEUU había accedido a levantar la mayor parte de sanciones de la era Trump, pero no a la demanda maximalista de garantizar que no habría marcha atrás en el futuro.

El 'Wall Street Journal' informa esta semana de que, ante la posibilidad de que la negociación languidezca, y a sabiendas de que en un mundo multipolar es cada vez más difícil asfixiar económicamente a un país como Irán, Washington se plantea aprobar un paquete de sanciones definitivo para forzar la salida adelante del diálogo: castigar el comercio de crudo con China.

Otro destello de lo enrevesado del momento actual llegó hace dos domingos, cuando Irán acusó a EEUU de 'congelar' un acuerdo ya cerrado -paralelo a la mesa de Viena- para un intercambio masivo de prisioneros, bajo el pretexto de querer usarlo para avanzar en la resurrección del pacto atómico. La Casa Blanca salió rápidamente al paso, negando que tal negociación estuviera cerrada.

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