Las mujeres invisibles de la frontera de Ceuta

Las mujeres invisibles de la frontera de Ceuta

5.000 marroquíes entran a diario en España para trabajar como empleadas domésticas

Hace dos semanas, en el lado marroquí de la frontera con Ceuta, Salima estaba en medio de una avalancha de mujeres que pretendía cruzar a España cuando recibió un porrazo en la cara de uno de los mejaznis (fuerzas paramilitares de Marruecos) que quería ordenar la fila a su manera. Era el tercer día seguido en el que esta mujer de 48 años, viuda y con cuatro hijos, intentaba sin éxito llegar puntual a la casa donde trabaja como empleada doméstica. Al final consiguió entrar a media mañana a la ciudad autónoma pero no llegó a tiempo para llevar al colegio a los niños de la señora que la emplea. Salima se encontró en la casa una carta de despido y un sobre con 250 euros (su salario de octubre). Llevaba tres años trabajando y no tenía contrato.

Esta es la historia de miles de mujeres invisibles, transfronterizas, que va más allá del drama de las del espinazo doblado, de las porteadoras que cargan cada mañana 40 kilos de bultos a sus espaldas. La otra cara femenina en la frontera sur de Europa la ponen las llamadas en Ceuta «muchachas». Son empleadas domésticas que cruzan cada día desde Marruecos y que por menos de 300 euros permiten al ceutí conciliar sin problema su vida familiar y laboral.

Todas estas mujeres viven en la provincia de Tetuán y la mayoría pertenecen a un grupo socialmente apartado y discriminado en el reino alauita: las viudas y separadas con hijos cuya única salida está en el servicio doméstico, el porteo o la prostitución.

En los datos de los afiliados a la Seguridad Social hasta octubre de este año en Ceuta, figuran 1.201 empleados del hogar. De ellos, 1.171 son mujeres de Marruecos. «En realidad hay más de 5.000 en la ciudad, es decir, que el 80% que entra no tiene contrato», asegura Ramón del Valle-Inclán, secretario general de Organización de CCOO en Ceuta. «La mayoría cobra menos de la mitad del salario mínimo trabajando ocho horas al día y aún así a ellas les compensa porque ganan el doble que en su país. Es un empleo sumergido sin voluntad política de regularlo».

A las 5.30 horas, bajando por la calle Real en el centro de Ceuta, ya hay unas pocas mujeres marroquíes sentadas en los bancos. Son las «muchachas» más madrugadoras que entran pronto a la ciudad para evitar el caos que se ha vivido en la frontera en las últimas semanas. Media hora más tarde, en la primera parada de autobús que hay al cruzar el paso del Tarajal, están esperando las que sí tienen contrato de trabajo. «Nosotras pasamos antes porque enseñamos el papel en la frontera. Las que están sin contrato, hasta las 7.00 no pueden entrar», explican.

Aalía vive en la ciudad marroquí de Castillejos y lleva 14 años levantándose a las cuatro de la mañana todos los días para cruzar a Ceuta y limpiar la casa de una familia española. También hace la comida y lava y plancha la ropa. «Gano menos de 10 euros al día trabajando ocho horas», asegura. A su lado está una chica más joven, Maisa, que viene de la ciudad de Rincón. «Hemos estado tres semanas sin poder entrar a trabajar porque la frontera estaba cerrada casi todos los días. A muchas mujeres las señoras las han despedido. Y no es nuestra culpa si la frontera está colapsada y no nos dejan pasar», protesta.

A medida que el sol aparece por la playa del Tarajal, van entrando las «muchachas» sin contrato. Nayat, de 28 años, deja con su madre a su hija pequeña que tiene una discapacidad intelectual. Su marido la abandonó hace un par de años. «Trabajo seis horas limpiando la casa y haciendo la comida y al medio día ya estoy de vuelta. Me pagan 150 euros al mes y con eso apenas nos da para comer», cuenta.

Haadiya aprovecha cuando vuelve a Marruecos para llevar alguna mercancía (bolsas con ropa) y venderla en Castillejos. Nouf también hace lo mismo y dice que sus «señores» le han dicho que si quiere tener un contrato va a tener que pagar ella la Seguridad Social. «Gano 200 euros, si me van a retener 120 no me compensa», asegura.

El inspector de Trabajo y Seguridad Social de Ceuta, José Antonio Lara, asegura que es imposible llegar a conseguir una regularización de estas mujeres porque ellos no pueden entrar en los domicilios y comprobar quiénes tienen contrato o no. La misma opinión tienen desde la Delegación del Gobierno. «En 1992, España y Marruecos aprobaron la excepción de Schengen, que permite cruzar sin visado de Tetuán a Ceuta. Con lo cual es imposible controlar el problema de las mujeres que van a trabajar en el hogar y no tienen contrato. Pueden entrar a la ciudad sin tener que dar explicaciones», afirman desde la Delegación, que estiman que cada día entre 14.000 y 30.000 personas pasan a pie desde Marruecos a Ceuta para trabajar (la mayoría como porteadores) y que por los carriles cruzan más de 15.000 vehículos. Cuando ambos gobiernos firmaron el Tratado, la wilaya Tetuán no tenía más 200.000 habitantes. Hoy se acerca al millón.

El próximo día 19 empezará un proyecto de remodelación de la frontera para que sea más fluida, ampliando los carriles para los vehículos e introduciendo sistemas de reconocimiento facial. «Es una situación insostenible. La administración se ha replanteado mucha veces cerrar el paso al porteo (que se ha abierto esta semana después de un mes cerrado). La ciudad tiene que determinar el modelo económico que quiere tener».

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