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Las inversiones chinas descarrilan en África

Las inversiones chinas descarrilan en África

Los recelos del Gobierno chino de Xi Jinping sobre la viabilidad económica de sus proyectos ferroviarios en Kenia y Etiopía están provocando un cambio de estrategia respecto a las infraestructuras del continente.

No hace mucho, unos ingenieros chinos daban las últimas pinceladas a dos proyectos ferroviarios en el este de África. El primero enlaza Djibouti, situada en el Mar Rojo, con la capital de Etiopía, Adís Abeba, y el segundo va desde el puerto keniano de Mombasa a Nairobi, la capital del país.

 

Sin embargo, 18 meses después de que se inauguraran las dos líneas, han comenzado a surgir las dudas sobre la viabilidad económica de los proyectos dirigidos por China.

 

La línea Djibouti-Adís Abeba, que ha tenido un coste de 4.500 millones de dólares (3.971 millones de euros) y es el primer ferrocarril electrificado de África, tiene problemas financieros. En cuanto al proyecto de Kenia, cuyo coste asciende a 3.200 millones de dólares, ya es deficitario y se ha visto inmerso en una serie de escándalos.

 

Dudas

Ahora, las dudas sobre la viabilidad de éste y otros planes están provocando un cambio de estrategia de Pekín con respecto a sus inversiones en África. Después de casi 20 años de inversión en infraestructuras en el continente, el presidente chino Xi Jinping anunció en septiembre que este tipo de proyectos serán descartados.

 

El mes siguiente, el People's Daily, el diario que actúa de portavoz del Partido Comunista chino, advirtió de que "Pekín debería prestar más atención a cómo los proyectos conectan con el desarrollo y los intereses básicos de determinados países".

 

Los ferrocarriles de África tienen un largo historial de problemas. La línea original Mombasa-Nairobi, construida por los británicos en el siglo XIX, fue tan costosa en dinero y vidas, que se ganó el sobrenombre de Lunatic Express. La reputación de Pekín en estos proyectos no es lo único que está en juego.

 

Los patrocinadores chinos pierden dinero. De hecho, el primer ministro de Etiopía se ha visto obligado a renegociar las condiciones de un préstamo de China de 4.000 millones de dólares (3.530 millones de euros) ampliando el plazo de devolución de 10 a 30 años.

 

La medida se ha tenido que tomar a raíz de una crisis cambiaria que afectó a la capacidad de Etiopía para mantener el ferrocarril y devolver sus deudas a los acreedores chinos. Además, las críticas a la línea Mombasa-Nairobi, el mayor proyecto de infraestructuras de Kenia desde que obtuvo la independencia en 1963, no han hecho más que aumentar.

 

La línea ferroviaria no ha conseguido su objetivo de descongestionar la principal carretera, paralela a la vía del tren, por el envío de mercancías por ferrocarril.

Bechtel, la constructora estadounidense, se llegó a plantear la construcción de otra carretera que siguiera la misma ruta y que tendría un coste de 3.000 millones de dólares. "Sabíamos desde el principio que este proyecto estaba condenado al fracaso. Cada día que pasa es más evidente que no nos equivocábamos", explica John Githongo, un activista anticorrupción.

En septiembre, Pekín dio muestras de su preocupación por la situación financiera de la línea que une Mombasa con Nairobi al rechazar una petición para financiar una ampliación del trazado hasta la frontera con Uganda. El Gobierno del gigante asiático ha decidido esperar hasta conocer los resultados de un estudio de viabilidad para tomar una decisión.

David Pilling, Emily Feng -  Financial Times

Traducción: Paloma Echazarra

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