Las implicaciones del reconocimiento de Donald Trump a favor de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental

Las implicaciones del reconocimiento de Donald Trump a favor de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental

18:56 - Estados Unidos se ha convertido en el primer país que reconoce la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, la antigua provincia española que está listada por la ONU como "territorio por descolonizar" desde finales de los años 60. El presidente de EEUU, Donald Trump, lo ha anunciado por Twitter, donde ha escrito que este mismo jueves ha firmado una "proclamación reconociendo la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental".

El anuncio hace saltar por los aires las bases del Derecho Internacional y supone un espaldarazo de Washington a los intereses de Rabat en el Sáhara Occidental, territorio que ocupó en 1975 aprovechando la retirada de España. "La propuesta de Marruecos, seria, creíble y realista, de una autonomía es la única base para una solución justa y duradera para garantizar la paz y la prosperidad", defiende el estadounidense.

La Casa Blanca informó en un comunicado de que Trump mantuvo una conversación telefónica con el rey de Marruecos, Mohamed VI, y se comprometió a abrir un consulado en el territorio, concretamente en la ciudad de Dajla. "EEUU cree que un Estado saharaui independiente no es una opción realista para resolver el conflicto y que una autonomía genuina bajo soberanía marroquí es la única solución viable", señaló Trump, que instó a volver a la mesa de diálogo "sin retraso", pero con el marco del plan de autonomía de Rabat.

Es la primera vez que Washington se decanta abierta y oficialmente por Rabat en el contencioso, si bien ambos países siempre se trataron como aliados. "El contexto ya iba en esa dirección, es decir que EEUU es totalmente promarroquí en el asunto del Sáhara Occidental lo sabemos desde la Guerra Fría, puesto que tiene una posición geopolítica que también tiene Marruecos. Por tanto, con cualquier administración estadounidense siempre se ha ido viendo ese sesgo [promarroquí]", analiza Jesús A. Núñez Villaverde, codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Ayuda Humanitaria (IECAH).

Una vez más, el gesto de Trump rompe con los consensos internacionales que han mantenido un 'statu quo' durante décadas sin posicionarse oficialmente en favor de una u otra parte. Algo que ya ocurrió en marzo de 2019, cuando Trump reconoció la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, ocupados en la Guerra de 1967 y que Siria reclama desde entonces.

El reconocimiento de Trump en favor de Marruecos llega a la vez que el presidente saliente de EEUU anuncia un "pacto histórico" en relación a Israel: "Nuestros dos grandes amigos Israel y el Reino de Marruecos han acordado establecer relaciones diplomáticas". Ambos países pondrán en marcha un puente aéreo y reabrirán las "oficinas de enlace" que funcionaron hasta 2002. El monarca alauí, que preside el Comité Al Quds (nombre árabe de Jerusalén) y es una figura influyente en el conflicto palestino-israelí, le ha asegurado al presidente palestino, Mahmud Abas, que sigue apegado a la solución de dos Estados, según informa este jueves la agencia Map.

Según el republicano, se trata de un gran paso para la paz en Oriente Próximo. Recordemos que hasta la fecha EEUU ha forjado acuerdos similares entre Israel y otros tres Estados árabes. Con Emiratos Árabes Unidos y Bahrein, Israel firmó el pasado septiembre los llamados Acuerdos de Abraham según los que se normalizan las relaciones bilaterales. En octubre llegaba un pacto similar entre Israel y Sudán, aunque queda todavía el visto bueno del -todavía por constituir- Consejo Legislativo del país africano, inmerso en una transición tras la caída de la dictadura de Omar al Bashir en 2019. A cambio, Trump firmó una "orden ejecutiva" que saca a Jartum de su lista de países patrocinadores del terrorismo.

En el caso de Marruecos, la contrapartida de establecer vínculos bilaterales con Israel ha sido el Sáhara Occidental. El Frente Polisario, movimiento saharaui que defiende la independencia del territorio, ha condenado la decisión de Trump.

EL TABLERO GEOESTRATÉGICO

Hasta ahora, ningún país había reconocido la soberanía marroquí sobre el territorio en disputa y por el que se enfrentó a una guerra contra el Frente Polisario, entre 1975 y 1991, año en que se firmó un alto el fuego auspiciado por la ONU. Precisamente el pasado 14 de noviembre, el movimiento independentista saharaui declaró oficialmente el fin de su compromiso con el acuerdo del 91 y decretó el "estado de guerra". Fue un día después de que el ejército marroquí interviniera en el paso de Guerguerat, en el extremo sur del Sáhara Occidental, lo que el Polisario calificó como violación de la tregua. Así, en el contexto de una vuelta al conflicto, Rabat tiene una posición aún más robusta de la que tenía a priori, con el respaldo abierto de Washington.

Las alianzas en un conflicto que se desarrolló en los 70 y 80 al calor de la Guerra Fría estaban ahí, con Marruecos en el lado de Francia y EEUU y Argelia -principal sostén del Frente Polisario- al otro lado del telón de acero. En el contexto árabe, los saharauis apenas lograron el predicamento de la causa palestina. La Liga Árabe reconoce "la integridad territorial de Marruecos" y varios países en el contexto global han expresado su apoyo a un Sáhara Occidental como parte de Marruecos. Pero ninguno ha ido tan lejos como EEUU.

Los saharauis autoproclamaron su república en 1976, en el 20% del territorio que controlan. Ésta se integró en la Unión Africana y fue reconocida por 84 Estados en todo el mundo. De ellos, a día de hoy unos 44 han congelado o retirado su reconocimiento (entre ellos India o Sudán). En 2017 Marruecos volvió a la Unión Africana tras 30 años de protesta. Como telón de fondo, la expansión del reino en África, convertido en una potencia exportadora de bienes y servicios. Esto le ha servido para minar el apoyo de los saharauis en el continente e ir atrayendo alianzas como la de Liberia, con la que firmó acuerdos bilaterales recientemente y se ganó su apoyo "a la integridad territorial y soberanía de Marruecos", en clara mención al Sáhara.

En una ofensiva diplomática paralela, desde el año pasado, una quincena de países han abierto representaciones diplomáticas en los territorios ocupados, otra forma de respaldo tácito. A primeros de noviembre Emiratos Árabes Unidos se convirtió en el primer país árabe que abrió un consulado en El Aaiún.

MÁS QUE UN GESTO SIMBÓLICO

En clave interna, para este experto, el anuncio de Trump "tiene ciertas implicaciones que van más allá de lo simbólico". Primero, como se vio hace unos días con el asesinato del científico iraní, "es una manera de marcar la agenda a Biden para cerrarle margen de maniobra". En segundo lugar, "busca seguir acumulando lo que él mismo llama 'éxitos' en política exterior para poder utilizarlos electoralmente con vistas a las próximas elecciones en 2024, en las que cada vez parece más claro que va intentar volver a la Casa Blanca".

En la otra cara de la moneda, esta noticia echa tierra sobre las aspiraciones del Frente Polisario, que reclama la autodeterminación de la ex colonia española a través de un referéndum en el que se contemple la independencia como opción, basándose en las resoluciones de Naciones Unidas.

"El hecho de que Trump proclame su apoyo a soberanía marroquí no significa que desmantele todo el marco de la ONU para resolver esta cuestión", apunta Núñez. Marco que se basa en la celebración de un referéndum de autodeterminación que las partes acordaron en 1991. Pero esta consulta nunca se ha celebrado y se ve cada día más lejana. La declaración de Trump, "por sí misma, no determina el fin de ese proceso de la ONU pero lo hace todavía más complicado en la medida en que alguien como EEUU se alinea visiblemente a favor de Marruecos", pero "socava" esta vía, "ya que el referéndum ha sido siempre muy improbable", añade el investigador.

En los últimos años, las arenas del desierto se han movido hacia el lado marroquí, cuya hábil diplomacia ha ido agrietando la solución de un referéndum mientras afianzaba su política de hechos consumados sobre el territorio, rico en recursos minerales y pesqueros. Así se advierte un paulatino giro internacional hacia las tesis de Marruecos, hasta el punto en que la propia ONU ha ido abandonando la mención al referéndum en sus comunicaciones. En su última resolución sobre el contencioso aboga simplemente por "una solución política", es decir, una negociación entre las partes. Otros actores internacionales, entre los que está España, han ido alejándose también de la narrativa del referéndum para defender, como hizo a mediados de noviembre la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, "una negociación política que permita una solución política, negociada, justa y duradera".

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