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Las elecciones que redefinirán el futuro del modelo chileno

Las elecciones que redefinirán el futuro del modelo chileno

Políticos, empresarios, analistas y politólogos piensan que el crecimiento económico es clave, pero que las elecciones volverán a centrar al país en la búsqueda de acuerdos.

Fue el ex Presidente Ricardo Lagos el que abrió la caja de los truenos. "Desde el punto de vista económico, la tarea número uno de Chile es crecer; lo demás es música", dijo en un seminario. Lagos sabía, y así se lo hizo ver a sus más cercanos, que sus palabras serían interpretadas como una crítica al gobierno de Michelle Bachelet. Pero también les advirtió que no podía callarse. Tenía que decirlo por honestidad intelectual.

"Si no hay crecimiento, no hay nada que sustente los buenos deseos que todos los dirigentes quieren para su país, en este caso Chile", remachó.

Pero su planteamiento no generó un debate. Por un lado hubo un acuerdo masivo, que se notó entre los asistentes al foro Moneda Asset Management. Pero nadie dijo que la prioridad de Chile deba ser otra. Hubo protestas sordas en la Nueva Mayoría, que se sintió interpelada porque en su período la tasa de crecimiento ha bajado del 4% en 2014 al 1,6% en 2017. Intentando hacerse con la situación, Gonzalo Navarrete, líder del PPD, preconizó que las palabras de Lagos eran propias de alguien "que no entendía nada". Y repitió el argumento de que el crecimiento debe ser "inclusivo".

Pero "inclusivo" es un adjetivo. Lo sustantivo es crecer.

En una entrevista en Madrid en junio pasado, el economista Daron Acemoglu, uno de los padres junto a James Robinson del concepto de "inclusividad" que figuraba en su influyente libro "Por qué fracasan los países" (Ed. Deusto, 2012), aclaraba que lo central para cualquier país es el crecimiento económico. Más allá, incluso, del debate sobre la desigualdad de rentas que puso sobre la mesa "El Capital en el Siglo XXI" de Thomas Piketty (Ed. FCE, 2014) y que monopolizó el debate en la izquierda europea y mundial. "Creo que poner énfasis en la desigualdad es importante -dijo Acemoglu-, pero la desigualdad solo puede ser entendida en el contexto del crecimiento económico, y lo que hay que plantearse es cómo remodelar ese crecimiento en beneficio de toda la sociedad".

El retorno del crecimiento económico también es la respuesta más habitual cuando se pregunta qué se juega Chile en las próximas elecciones presidenciales y legislativas a políticos, empresarios, académicos y analistas. Harald Beyer, director del Centro de Estudios Públicos, señala que "el desarrollo económico" es la tercera prioridad de los chilenos, detrás de la delincuencia (1ª) y la salud (2ª), según las encuestas de su think tank.

Sin embargo, también hay quienes opinan que "nada importante" está en juego en la próxima elección. Esta apreciación está muy extendida entre los periodistas y comunicadores. Piensan que la elección presidencial está ya decidida, que ganará Sebastián Piñera en la segunda vuelta, pero que no podrá hacer cambios de calado porque carecerá de apoyo parlamentario. "Nada importante cambiará", dice el conductor de un informativo matinal de una popular radioemisora.

Esta visión se traduce en una cierta desmovilización intelectual de las élites, una cierta flojera mental ante la campaña. Y resulta chocante para otros líderes de opinión que piensan que lo que está en juego en esta elección es el "modelo". No el modelo económico, sino el futuro modelo de convivencia social de los chilenos. "Lo que se juega es el proyecto país", dice el senador Andrés Allamand.

Los acuerdos y el crecimiento en el centro del debate electoral

Durante mucho tiempo se dijo que el primer gobierno de Sebastián Piñera iba a ser un paréntesis entre los gobiernos de la Concertación. Esta última ha sido la coalición política más exitosa de la Historia de Chile, eligiendo cuatro presidentes en forma consecutiva y gobernando ininterrumpidamente entre 1990 y 2010. Sin embargo, el radicalismo que se apoderó del segundo gobierno de Bachelet ("puedo asegurar que en el programa no figuraba la famosa retroexcavadora", dice hoy un asesor ligado a la DC), sobre todo en su primer año de gestión, convirtió en los hechos al primer periodo de Piñera en el quinto y último gobierno de la Concertación.

A Sebastián Piñera ya ni siquiera le inquieta esta apreciación. Está convencido de que su misión es convertir el gobierno de la Nueva Mayoría en el verdadero paréntesis de la historia reciente de Chile. En esto, su actitud recuerda a la de la derecha española, que después de recelar de la Constitución de 1978, hoy es su máxima valedora en todos los foros. Ahora, Piñera puede terminar siendo el gran defensor del legado de una transición democrática liderada por la Concertación y que sectores de la Nueva Mayoría y del Frente Amplio tachan de "segundo tiempo" del régimen militar.

El perfil continuista del gobierno de Bachelet adoptado por la candidatura de Alejandro Guillier le facilita las cosas a Piñera en ese sentido. La única que realmente podría disputar con posibilidades de éxito este legado de la Concertación es la democristiana Carolina Goic.

Piñera, por ejemplo, declara que quiere reinstalar la búsqueda de acuerdos, la elaboración de consensos en torno a las políticas públicas y llevar al país al pleno desarrollo con un proyecto de ocho años (dos mandatos presidenciales). Pero la extensión e intensidad de sus objetivos estará muy condicionada por su resultado electoral. El candidato necesita ganar 13 senadores y 78 diputados para contar con mayoría absoluta en las cámaras.

En el comando de la Alianza por Chile están de acuerdo con el objetivo fijado por Lagos. Pero no hay unanimidad sobre el ritmo en que la recuperación se producirá. Un sector, optimista cree que el último Imacec y la favorable coyuntura internacional permitirán que baste que Piñera sea elegido para que la economía chilena se lance a crecer. Otros, más prudentes, creen que no. "El daño infligido ha sido muy profundo. No bastará con un cambio en la Presidencia. Habrá que ofrecer más garantías al mundo", dice un asesor de Piñera.

La situación recuerda la campaña de Mariano Rajoy en España en 2011. El candidato del Partido Popular se las prometía muy felices y pensaba que por el simple hecho de ser elegido, la economía se daría la vuelta y empezaría a crecer. Craso error. El primer semestre de gobierno de Rajoy salieron cifras récord de euros del país. La desconfianza de los mercados todavía tardaría dos años en ceder.

"Hemos hablado con muchos empresarios y ninguno nos ha pedido una bajada de impuestos. Lo que nos piden es el fin de la incertidumbre. Que dejen de proponerse reformas a tontas y a locas. Que se deje de usar al Servicio de Impuestos Internos o el Sernac como una Inquisición", añade el asesor.

Aquí, los políticos tendrán que poner de su parte. Si quieren que el país vuelva a ser atractivo para la inversión extranjera, tendrán que reconducir el debate sobre la reforma constitucional. Un país que está permanentemente amenazando con cambiar su Carta Magna, acaba creando incertidumbre sobre su propio destino. Esto no significa oponerse a toda reforma, dicen desde la derecha. Hay incluso normas que podrían ser elevadas a rango constitucional, como la regla de gasto o una eventual regla de deuda pública, destinada a limitarla, para reforzar las garantías a los inversores extranjeros.

Un importante inversor explicaba que hay dos áreas que están frenando especialmente las operaciones empresariales: el medio ambiente y el mercado laboral. Hay elementos en el mercado del trabajo que no necesariamente son fruto de las reformas de este gobierno, que irritan a los empresarios. Uno de ellos es el famoso "bono de fin de conflicto", que se ha convertido en un incentivo para provocarlos. En cuanto a la legislación medioambiental, esta se ha convertido en un puzzle burocrático.

El senador Guillier también ha expresado su intención de centrarse en el crecimiento económico. "La economía chilena hoy día tiene un problema de confianza (...) Necesitamos un nuevo acuerdo entre trabajadores, empresarios y el Estado", dijo Guillier en la Reuters Latin American Investment Summit. El candidato prometió disciplina fiscal, sabedor de que el actual gobierno está cuestionado al respecto. "Lo primero que hay que hacer es racionalizar el gasto (...) vamos a reordenar el gasto, optimizar y priorizar. No vamos a echar a la gente a la calle para ajustar la economía. Siempre hay un espacio moderado para aplicar una política anticíclica".

Con todo, los analistas económicos creen que gane quien gane, el futuro Presidente lo tendrá difícil para estimular la economía y volver a niveles de crecimiento por encima del 4% anual gradualmente hasta el final del próximo mandato. El diagnóstico más preocupante es que el crecimiento de la deuda pública no se detendrá, ni siquiera con Piñera. Se ha generado una dinámica al respecto que inquieta a los expertos. No debe estar fuera de los cálculos de cualquier futuro gobierno que el país sufra nuevos recortes de su calificación de solvencia, como ocurrió el pasado 13 de julio, cuando Standard & Poor's degradó un escalón la deuda chilena. Eso significa mayores costes de financiación y trabas para el crecimiento.

Según diversos informes de bancos de inversión, la situación pintaría mucho peor si la candidata del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, llegara con opciones a la segunda vuelta. JP Morgan, entre otros informes de bancos de inversión, lo ha reconocido sin ambigüedad: "Un fortalecimiento potencial de su candidatura sería negativo para el mercado de acciones, dado sus iniciativas económicas poco ortodoxas (como nacionalizar el sistema de fondos de pensiones)".

Es la política, estúpido

Otro aspecto que causa inquietud es el funcionamiento de la política. El sistema tradicional de partidos se está fragmentando y esto coincide con la aprobación de una reforma electoral. Resulta llamativo que ninguno de los candidatos esté llamando a participar en las votaciones.

Esto tiene que ver con la táctica política. Las elecciones no solo se ganan reuniendo más votos, sino disuadiendo a los votantes del adversario de que acudan a las urnas. La mala gestión de un gobierno es un gran acicate para que los que le votaron se queden en casa en la próxima elección.

Respecto del Frente Amplio, hay analistas que creen que es un fenómeno que se desinflará. "Su representación parlamentaria será muy pequeña. No van a sacar más de lo que sacó MEO", dice Harald Beyer.

En 2013, tres politólogos de la Universidad de Chile -Ricardo Gamboa, Miguel Ángel López y Jaime Baeza- publicaron un estudio titulado "La evolución programática de los partidos chilenos 1970-2009: de la polarización al consenso". En él analizaron los programas electorales de los candidatos presidenciales y encontraron la manera de apoyar empíricamente algunas hipótesis conocidas: por ejemplo, que en 1970 había una elevada polarización política entre la izquierda y la derecha. Sus datos revelaron, en cambio, que esta cayó a partir de 1990 y hasta 2009.

Desgraciadamente, el estudio terminó en 2009 y no hay datos a partir de ahí. Sin embargo, el programa de Piñera en 2009 era el menos derechista de todos los presentados tras el fin del régimen militar. El programa de Bachelet en 2013, probablemente, hubiese marcado una fuerte radicalización.

En la Unión Europea existe una expresión para graficar cuando las cosas marchan bien en el continente. Se dice entonces que las dos orillas del Rhin marchan paralelas y que ninguna se aleja de la otra lo suficiente como para desbordarse. Una orilla suele representar a la centroizquierda y la otra a la centroderecha. Las elecciones ofrecen una ocasión única para que Chile vuelva a acercar las dos orillas del río de su historia.

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