Las diferencias entre las manifestaciones actuales en Irán y las de 2009

Las diferencias entre las manifestaciones actuales en Irán y las de 2009

Las protestas que se extienden por las ciudades iraníes no cuentan con un liderazgo claro ni el respaldo de la oposición, y los manifestantes pertenecen a la clase trabajadora y las zonas rurales

Las manifestaciones y disturbios se han vuelto a repetir por sexta noche consecutiva en Irán . Las protestas que se iniciaron por la falta de resultados de las políticas económicas del gobierno de Hasan Rohaní, se han vuelto rápidamente políticas y han causado ya la muerte de 21 personas y cientos de detenidos. Se trata del alzamiento más importante desde 2009, cuando cientos de miles de iraníes salieron a la calle tras la contestada victoria electoral del expresidentes Mahmud Ahmadineyad. No obstante, estos dos movimientos de protesta presentan diferencias significativas.

Las protestas actuales comenzaron en las ciudades de Qom y Mashad y rápidamente se han ido expandiendo por todo el país, especialmente en las regiones rurales, vistas hasta ahora como más partidarias de las autoridades. No obstante, Teherán no ha sido esta vez el escenario protagonista. En 2009 más de un millón de personas llegaron a marchar por las calles de la capital del país. El centro de la ciudad se encuentra tomado por las fuerzas de seguridad.

Las actuales protestas tienen un aire más espontáneo, no hay un liderazgo claro y su poder de convocatoria es menor. La población iraní esperaba ver mejoras económicas tras la firma del acuerdo nuclear de 2015, pero este año el paro ha subido hasta el 12,4% y la inflación ha llegado por primera vez a las dos cifras, subiendo al 10%. Varios analistas señalan que fueron espoleadas en Mashad, la segunda ciudad del país, por integrantes de la línea dura del régimen que buscaban aprovecharse de descontento popular por las lentas mejoras en la economía el gobierno de Hassan Rohaní, al que consideran demasiado moderado.

Pero rápidamente perdieron el control de una protesta que ha resonado en más sectores sociales de los que esperaban. La frustración por la corrupción y la caída de los niveles de vida parecen haber dado paso a demandas políticos de ruptura o reforma del régimen. Según ha informado la policía de Teherán, el 90% de los manifestantes es menor de 25 años. El paro juvenil ha llegado al 28,8% este año. Las demandas, no obstante, siguen sin ser tan concretas como en 2009 y se han llegado a escuchar cánticos a favor del Sha, depuesto durante la Revolución Islámica de 1979.

El tipo de manifestante también parece distinto. Si en 2009 las clases medias fueron las protagonistas de la llamada ‘Revolución verde’, en esta ocasión las protestas parecen capitaneadas por las clases populares de regiones del país que sienten que han sido olvidadas por el gobierno. La periodista Azadeh Moaveni asegura en The Guardian que “jóvenes de la clase trabajadora en todo el país han visto [en las protestas] una salida para su frustración con un sistema político renqueante que no les ofrece dignidad económica, al tiempo que permite que una clase adinerada tenga éxito, viaje y prospere, cada vez más a la vista del público”.

De hecho, dirigentes en el país y el exilio del ‘Movimiento verde’, a los que estas protestas han pillado por sorpresa, se han distanciado de las manifestaciones o han preferido mantenerse al margen. La ira contra Rohani, en quien habían depositado sus esperanzas los sectores reformistas, y la ausencia de las típicas consignas del ‘Movimiento Verde’ en estas manifestaciones sugieren que los manifestantes forman parte de una nueva e indefinida fuerza política. Lo que convierte al movimiento en todavía más impredecible.

Por otro lado, las manifestaciones parecen estar tomando un cariz más violento que en las de 2009, quizás por esa falta de liderazgo claro. Como explica el analista Trita Parsi en Twitter, la fuerte “disciplina no violenta” del ‘Movimiento Verde’ no existe en esta ocasión “en parte porque el número [de manifestantes] es más pequeño, pero también porque los manifestantes parecen tener menos experiencia política”. En los últimos días han ardido varias oficinas del gobierno y las víctimas mortales ya ascienden a 21, una más que en las protestas de hace ocho años.

Otro hecho diferencial es la posición actual de Irán en la región. Los manifestantes han criticado los numerosos frentes abiertos que tiene el régimen de los ayatolás en Oriente Medio. Irán está directamente implicado en los conflictos en Siria e Irak e indirectamente en Yemen. Un video que circulaba por canales no oficiales de Telegram supuestamente desde Nishapur, cerca de Mashhad, mostraba a los manifestantes gritando “dejad a Siria en paz, pensad en nosotros”. Estas manifestaciones ocurren en un momento delicado para el régimen, cuando la Casa de los Saud -los archienemigos saudíes- parece volver a remontar tras años debilitándose gracias el liderazgo del nuevo príncipe heredero, el joven Mohamed bin Salman.

Por otra parte, esta vez la reacción estadounidense ha sido muy diferente. Durante las protestas de 2009 el entonces presidente Barack Obama quiso mantener un perfil bajo para evitar que los ayatolás pudieran utilizar al ‘Gran Satán’ para desacreditar el movimiento y acrecentar la represión. Ahora, Donald Trump se ha convertido en uno de los primeros líderes en apoyar las protestas y afirmar que ha llegado “la hora del cambio” en Irán.

Predecir hacia dónde evolucionarán estas nuevas protestas o si tendrán algún eco en las políticas de Rohaní es difícil. Pero el hecho de que las protestas cogieran desprevenidos tanto al gobierno como a los reformistas sugiere que podría estar naciendo un nuevo actor al margen de los tradicionales campos políticos que no cree que la reforma del sistema sea posible.

 

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