Lacalle Pou está “alineado con nuestras propuestas y pensamientos”

Lacalle Pou está “alineado con nuestras propuestas y pensamientos”

Decir Jair Bolsonaro es provocar reacciones de todo tipo. Algunas de admiración, otras de odio, pero nunca de indiferencia. Es muy difícil encontrar una respuesta tibia con respecto al presidente de Brasil. Bolsonaro desata pasiones y extremos en su país y también en casi todos los demás de América Latina.

Es comprensible cuando se analiza su pasado y también su presente: un militar retirado, extremadamente católico pero con vínculos con los evangelistas, con ideas muy polémicas y asociadas a la derecha, que logró obtener casi 60 millones de votos y así transformase en el primer mandatario de la nación más grande y potente de toda la región. Algo debe tener, porque seguro que no hay tanta cantidad de brasileños extremistas.

Y lo tiene. Al conocerlo queda claro que Bolsonaro no es uno más. Por su corpulencia, su gesto serio y adusto, su impronta militar y su comitiva numerosa, que no le pierde rastro, pero también por su manejo del público y su forma de adaptarse rápidamente a los distintos auditorios. Así se desempeñó en la tarde del domingo 1º de marzo, cuando Búsqueda logró tener un breve intercambio con él dentro del Palacio Estévez, luego de que saludara al nuevo presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou.

Respondió al requerimiento periodístico con un gesto cordial y se excusó por la falta de tiempo, aunque ya había accedido a contestar por escrito algunos preguntas enviadas previamente a su secretaría. Luego atravesó la puerta del viejo palacio, donde lo esperaba toda la comitiva de vehículos que lo llevaría a la Embajada de Brasil. Ya en la calle, casi sin mediar palabra, rompió el protocolo, se paró sobre el borde de su auto y saludó varias veces al público que gritaba su nombre, con una sonrisa de oreja a oreja. Así, en menos de un minuto, quedaron de manifiesto los dos Bolsonaro: el formal y el popular.

Algo similar había ocurrido horas antes, cuando llegó al Palacio Legislativo para presenciar la Asamblea General en la que Lacalle Pou tomó posesión de su cargo. Al ver que tras el vallado algunos manifestantes lo aplaudían, resolvió salirse de la agenda preestablecida y caminar hacia ellos para saludarlos. También les pidió una bandera de Uruguay, la agitó ante su audiencia enfervorizada y luego subió la imágenes a Twitter agradeciendo a los uruguayos por la bienvenida.

Después de todos los actos protocolares, cenó en la embajada de su país y se retiró de Montevideo sin hacer declaraciones. Lo único que sí hizo, desde Brasil, fue enviar por mail sus respuestas a algunas de las preguntas que le formuló Búsqueda, sin posibilidad de repreguntas. Sin embargo, mediante unas pocas palabras —transcritas para el semanario por la traductora pública Liliana Monetti— dejó muy claro su estilo, sin titubeos, que tantos seguidores y detractores le ha ocasionando en los últimos años.

Señaló, por ejemplo, que Lacalle Pou está “mucho más alineado” con sus “propuestas y pensamientos liberales y económicos, en contraposición a sus antecesores”, y que con él promoverá el “fortalecimiento del Mercosur”, que puede llegar a ser “un nuevo sudeste asiático”. También evaluó como “muy positiva la declaración del presidente de Argentina, Alberto Fernández”, a favor de “aprobar el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea” y anunció que pretende reunirse con él “a la brevedad”.

¿Cuál es su evaluación sobre el futuro de las relaciones entre Brasil y Uruguay?

Personalmente, soy muy optimista. Brasil y Uruguay reúnen todas las condiciones para, a partir de ahora, profundizar su relación. Uno de los objetivos que tenemos en común es el fortalecimiento del Mercosur, que puede llegar a ser, como piensa el presidente Luis Lacalle Pou, “un nuevo sudeste asiático”. Asimismo, una gran ventaja para alcanzar esos objetivos en forma conjunta es tener una persona como Lacalle, mucho más alineado con nuestras propuestas y pensamientos liberales y económicos, en contraposición a sus antecesores. Le deseo éxito, tanto a él como a su gobierno, y que los uruguayos cuenten siempre con el apoyo de Brasil.

A su entender, ¿cuál es actualmente la importancia del Mercosur para América Latina?

El fortalecimiento del Mercosur va a depender, siempre, de la unión y del esfuerzo de los países que forman parte del bloque y que tengan como objetivo el desarrollo de la región. En ese sentido, veo como muy positiva la declaración del presidente de Argentina, Alberto Fernández —con quien pretendo reunirme a la brevedad—, que dijo que va a esforzarse en aprobar el acuerdo del Mercosur con la Unión Europea. Eso es de gran interés para toda América Latina. A su vez, considero que los países deben mantener una buena relación entre sí, preservando la democracia y la libertad por encima de todo.

¿Cuál es su expectativa con respecto al Tratado de Libre Comercio entre la Unión Europea y el Mercosur?

Todos los países, en forma aislada o en bloque, tienen gran interés en estrechar lazos comerciales. A su vez, este es el interés de la Unión Europea y del Mercosur. Inclusive, debido al Brexit, es importante buscar nuevos mercados y con gran potencial de consumo. El Mercosur surge como una gran solución para la Unión Europea y para el Reino Unido. Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, juntos, tienen más de 260 millones de habitantes. Los 28 países de la Unión Europea — contando aún con los británicos— tienen 512 millones. No se descarta la posibilidad de discutir la creación, tal vez el próximo año, de un acuerdo de libre comercio entre los británicos y el Mercosur.

¿Cómo evalúa la actuación de los militares en América Latina? ¿A que se debe la creciente popularidad de ellos en algunos países como, por ejemplo, Brasil y, en menor medida, Uruguay?

Los militares forman parte de la sociedad de cualquier nación. Debido al papel que representan, de defensa de la patria, no pueden tener su participación en la vida nacional menospreciada, como ocurrió con los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso, Lula y Dilma. En mi gobierno ese desprecio finalizó. En relación a ello, siempre enfatizo que no tengo nada contra los civiles, ni contra la participación de ellos en mi gobierno. Las posibilidades son iguales, desde el momento que atiendan los criterios que priorizo en la elección de mis asesores, entre los cuales destaco: la integridad de carácter, la honestidad, el espíritu cristiano, la eficiencia, la disciplina y la lealtad. Como exintegrante de las Fuerzas Armadas, conozco bien a los militares y los atributos que poseen. Para participar en mi gobierno, el criterio no es político, ni el padrinazgo, como ocurría en los gobiernos del Partido de los Trabajadores. Es el criterio de la eficiencia, de la ficha limpia. Considero que eso no es solamente una característica de Brasil. En otros países debe suceder lo mismo, con mayor o menor intensidad.

Usted ha cuestionado la actuación de las ONG (Organizaciones No Gubernamentales) en relación con Brasil y, en especial, con respecto a lo que han denunciado de la Amazonia. ¿Cuál es su opinión sobre estas organizaciones?

Infelizmente, la actuación de las ONG en Brasil ha sido nefasta para el país. Esas organizaciones recaudan fortunas para interferir en los intereses de Brasil y defender sus propias causas y de países, que hace mucho tiempo, ocultan ambiciones deshonrosas en relación con la Amazonia. Para alcanzar sus objetivos, ridiculizan la importancia de Brasil como una de las naciones más ricas del planeta y no reconocen nuestra soberanía en la Amazonia. ¿Cómo admitir, por ejemplo, que una ONG extranjera se refiera a la reactivación del Consejo de la Amazonia como un montaje y como un proyecto que es una “suma de ceros”? ¡Eso es inadmisible! Obviamente, existen excepciones, pero el rol de muchos dirigentes y falsos ambientalistas ha sido denigrar la imagen de Brasil en el exterior.

También ha manifestado críticas a la Agenda 2030 de la ONU y a la “ideología de género”, que gana terreno en algunos países. ¿Por qué?

La Agenda 2030 de las Organizaciones de las Naciones Unidas incluye la ideología de género y el aborto, que son contrarios a la esencia del ser humano y a la propia vida. Estos tópicos nocivos se ocultan entre las metas de la agenda bajo el disfraz de “derechos sexuales y reproductivos” y eso debe ser denunciado.

Los 17 objetivos de la agenda hablan sobre acabar con la pobreza y el hambre, universalizar el acceso al agua y al saneamiento, y reducir la desigualdad, que son aceptables y humanitarios. Incluir en la agenda temas como sexo biológico e identidad de género es extrapolar la finalidad de la misma. Sostengo que, en Brasil, el Estado es laico, pero el presidente es cristiano. Como cristiano, creo en el respeto, en los valores y enseñanzas que la Biblia transmite. Son ellos los que rigen mi vida y mi proceder como presidente de Brasil.

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