La visita de Mishustin tensa otra vez el pulso de Rusia y Japón por las Kuriles

La visita de Mishustin tensa otra vez el pulso de Rusia y Japón por las Kuriles

Moscú quiere crear una zona de libre comercio, abierta a las inversiones japonesas

La visita del primer ministro de Rusia, Mijaíl Mishustin, a las islas Kuriles provocó este lunes la protesta de Japón, que desde finales de la Segunda Guerra Mundial reclama las cuatro más meridionales en una larga disputa aún sin resolver. Moscú quiere desarrollar económicamente el archipiélago y se muestra abierto a la llegada de inversiones japonesas.

En Iturup, el jefe del Gobierno ruso visitó un hospital y una empresa pesquera. Allí, explicó que Rusia está considerando crear en el archipiélago una zona de libre comercio, con exenciones fiscales para atraer inversión y facilitar el asentamiento de nuevas empresas. Eso “incluye inversores de Occidente, así como de Japón, que estén interesados en crear aquí puestos de trabajo”, dijo Mishustin.

El impulso económico de estas islas del Pacífico, con la participación de Japón, es una idea que se ha planteado en los últimos años, cuando los contactos entre los dos países se han intensificado para intentar buscar una solución a la disputa.

El ejército soviético ocupó al final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, las cuatro islas más al sur de las Kuriles: Iturup, Kunashir, Shikotán y Habomai. Desde entonces, Rusia las llama Kuriles del Sur, y Japón, Territorios del Norte. Tokio argumenta que se había rendido antes de la ocupación y reclama su soberanía. Este desacuerdo es la razón de que aún hoy ambos países no hayan firmado un tratado de paz.

En el 2018, el presidente ruso, Vladímir Putin, y el entonces primer ministro japonés, Shinzo Abe, se comprometieron a trabajar juntos para acabar con esta deuda histórica. En Japón la opinión pública dio por hecho entonces que Moscú podría entregar Shikotán (con menos de 3.000 habitantes) y los islotes de Habomai, donde solo hay guardas fronterizos, que son los más próximos a Hokkaido, como se fijó en una declaración conjunta en 1956.

Ante esta situación, en Rusia se organizaron manifestaciones contra cualquier cesión territorial. El Kremlin, que había mantenido al principio una actitud ambigua, desvinculó luego cualquier cesión a Japón por firmar el acuerdo de paz. Sostiene Moscú que la declaración entre la URSS y Japón contemplaba la firma del tratado de paz antes de abordar la devolución.

Además, la reforma de la Constitución rusa del año pasado, que prohíbe expresamente la entrega de territorio ruso a otros países, echa por tierra cualquier esperanza japonesa en este sentido.

El viceministro de Asuntos Exteriores japonés, Takeo Mori, convocó ayer al embajador ruso en Tokio, Mijaíl Galuzin, para expresarle su protesta. Este calificó luego de “inaceptable” la protesta nipona en vista de la posición rusa de que las Kuriles del Sur “pasaron a nuestro país legalmente” tras la guerra.

“Rusia estaría interesada en la interacción económica con los países de Extremo Oriente, incluido Japón. Pero hay que entender que no se puede ni hablar de una revisión de los resultados de la Segunda Guerra Mundial”, dijo Mishustin.

El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, defendió el viaje del primer ministro ruso explicando que “visita las regiones rusas que considera necesario y sobre cuyo desarrollo, incluso en coope­ración con nuestros socios, hay mucho que hacer”. Y añadió que Rusia sigue dispuesta a trabajar con Japón para firmar un acuerdo de paz.

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