La visita de Macron a Londres para recordar a De Gaulle, marcada por la anodina gestión del Brexit

La visita de Macron a Londres para recordar a De Gaulle, marcada por la anodina gestión del Brexit

La memoria de De Gaulle planea sobre la anodina gestión del divorcio.

Si Francia e Inglaterra se unieran, el país resultante ( Anglofrancia o Francoinglaterra , tanto monta) tendría 133 millones de habitantes, 795.000 kilómetros cuadrados y la tercera economía del mundo. Parece una utopía en el contexto del Brexit, y coincidiendo con la visita ayer del presidente Macron a Londres para celebrar el 80 aniversario del discurso de De Gaulle a través de las ondas de la BBC llamando a sus compatriotas a la resistencia. Pero es una opción que se ha planteado muy seriamente varias veces a lo largo de la historia.

Saltándose a la torera (algo por otra parte habitual en él) la norma de que las negociaciones sobre el Brexit no han de ser bilaterales sino con los negociadores de la UE, Johnson, una figura disminuida a nivel interno por su gestión errática de la pandemia, exhortó a Macron a que los 27 hagan concesiones en los temas pendientes de la futura relación comercial, que son casi todos: pesca, gobernanza de un posible acuerdo, garantías de que no habrá competencia desleal del Reino Unido, simetría en cuestiones medioambientales, laborales y de ayuda estatal... El presidente francés echó balones fuera, más interesado en la pompa (encuentro con Carlos y Camila, intercambio de regalos, honores a veteranos de guerra, espectáculo aéreo) que en la sustancia.

A lo largo de los años y de los siglos Francia e Inglaterra han convergido y divergido igual que las mareas suben y bajan, de acuerdo a los vaivenes de la historia. El 16 de junio de 1940, dos días antes del mensaje de De Gaulle llamando a la resistencia y dos días después de su exilio en Londres, con las tropas alemanas ya al pie de la torre Eiffel y el arco de Triunfo, el general convenció a Churchill durante una comida en el Carlton Club para la creación de la Unión Francobritánica, con estructuras comunes en materia de política exterior, seguridad, economía y finanzas, los respectivos parlamentos integrados y la incorporación de los diputados franceses a la Cámara de los Comunes. El primer ministro francés, Paul Reynaud, bendijo la idea, que sin embargo fue rechazada por su Gabinete. “Mejor ser una provincia nazi, por lo menos sabemos lo que significa”, dijo un ministro del círculo Pétain, mariscal que poco después firmaría el armisticio y establecería el régimen de Vichy. Los políticos ingleses, que ya iban en un tren camino de la costa para formalizar la fusión, regresaron a la capital. “Nunca un acto tan generoso fue recibido con tanta hostilidad”, escribió después el bulldog británico.

Historia
El presidente francés conmemora el 80 aniversario del discurso de De Gaulle por la BBC

Es un episodio poco conocido, que habría barrido de un plumazo siglos de historia constitucional, pero no aislado. En 1956, poco antes de la debacle de Suez, el primer ministro francés, Guy Mollet, propuso algo parecido a su homónimo, Anthony Eden, con ciudadanía conjunta y la reina Isabel como jefa de Estado. Esta vez fueron los británicos quienes dijeron que no, y poco después De Gaulle firmaría el tratado de Roma, que creó la Comunidad Económica Europa, predecesora de la UE. Antes, Francia había tenido dos reyes ingleses (Enrique V y VI) e Inglaterra estuvo a punto de tener un rey francés (aparte de Guillermo el Conquistador).

Tras el no a la Unión Francobritánica en 1940, Gran Bretaña cambió el relato y desarrolló el mito de la isla nación que derrotó a Hitler. Y después de la debacle de Suez (alianza anglofrancesa con Israel para arrebatar el control del canal a Nasser, frustrada por Washington), De Gaulle dio calabazas dos veces a Londres cuando intentó sumarse a la CEE (1963 y 1967), luego sacó a su país de la estructura militar de la OTAN (el Frexit original), y los ingleses buscaron su ancla en las raíces anglosajonas y la utópica “relación especial” con Estados Unidos, que en realidad es de dependencia. Los orígenes del Brexit se pueden encontrar en todo ello.

La relación bilateral es un caso para el psicoanálisis, de amor y odio, admiración y recelo, hostilidad y sospecha, resentimiento y desconfianza, marcada por las guerras (de los Cien Años, de los Siete Años, de la Sucesión española...), por la invasión de Guillermo el Conquistador en el siglo XI (un 45% de las palabras inglesas vienen del normando), por las batallas de Agincourt y Waterloo, por la derrota de Napoleón, por el apoyo francés a las colonias rebeldes norteamericanas para la independencia de los Estados Unidos, por el bombardeo por órdenes de Churchill la flota francesa en Mers el K ebir para impedir que cayera en manos alemanas, matando a 1.297 marinos. Doce millones de británicos visitaron Francia el año pasado, y muchos tienen casas en la Provenza y la Dordogne. El barrio londinense de Kensington es llamado Little Paris . Sólo treinta kilómetros separan ambos países a través del Canal de la Mancha.

Tan CERCA, TAN LEJOS
En 1940, con los alemanes en París, Gran Bretaña y Francia casi deciden fusionarse

Buena parte de la historia y de la política es triangulación. En virtud de la Entente Cordiale, antes de la I Guerra Mundial, Francia e Inglaterra se repartieron sus intereses coloniales en África como reacción a una Alemania cada vez más poderosa. El intento de unión francobritánica respondió al avance imparable de los nazis, y el proceso de integración europea lo hizo al deseo de evitar nuevas guerras y hacer frente común a la URSS. La política francesa está marcada por su obsesión con Alemana, y la inglesa por su obsesión con los Estados Unidos.

Hoy, Macron y Johnson son líderes de las dos únicos países europeas con potencial nuclear, y con los medios, el deseo y la psicología de ejercer de potencias globales, como han demostrado en Siria, Afganistán, Libia o África. Pero en medio de un largo proceso de declive, relegadas a la segunda división a pesar de sus delirios de grandeza (algo que confirma el Brexit).

“Los franceses se dieron cuenta de que eran franceses a través de sus peleas con los ingleses”, según el historiador Jules Michelet, y lo mismo podría decirse a la inversa. Ambos países tienen casi la misma población, y sus objetivos y ambiciones son tan paralelos que, cuando surge un problema, la primera reacción de los funcionarios del Quay d’Orsay es echar la culpa a Londres, y el de los del Foreign Office echársela a París. Blair y Chirac se pelearon agriamente por la guerra de Irak y las ayudas agrícolas, y el presidente dijo al primer ministro que era un maleducado.

Equivalencia
Tienen casi la misma población y son potencias nucleares venidas a menos

El encuentro de ayer entre Johnson y Macron para hablar de puentes aéreos para las vacaciones fue de lo más trivial y anodino en comparación con aquellos escarceos históricos para crear la utopía anglofrancesa o francobritánica. Hoy se trata de gestionar el divorcio.

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