La unión “progresista” sudamericana se encuentra “paralizada”, al igual que el sueño de tener su propio banco para la región

La unión “progresista” sudamericana se encuentra “paralizada”, al igual que el sueño de tener su propio banco para la región

El edificio Néstor Kirchner tiene más de 19.000 metros cuadrados y es imponente. Una sede digna de las expectativas que los integrantes de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) tenían sobre el futuro de la organización. “Unasur se levanta como una potencia mundial, pero de paz”, afirmó ese 5 de diciembre de 2014 —el día en que el edificio fue inaugurado— el entonces presidente Rafael Correa, cuyo gobierno gastó U$S 43,5 millones en la obra.

El edificio Néstor Kirchner tiene más de 19.000 metros cuadrados y es imponente. Una sede digna de las expectativas que los integrantes de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) tenían sobre el futuro de la organización. “Unasur se levanta como una potencia mundial, pero de paz”, afirmó ese 5 de diciembre de 2014 —el día en que el edificio fue inaugurado— el entonces presidente Rafael Correa, cuyo gobierno gastó U$S 43,5 millones en la obra.

La situación actual de la organización, que el exmandatario venezolano Hugo Chávez consideraba una “fiel muestra” del “proceso de liberación” de las naciones sudamericanas, está lejos del destino que le auguraba la retórica bolivariana.

Muchas cosas cambiaron en la región desde que en 2010 Uruguay fue el noveno país en ratificar el tratado de la Unasur. En los últimos años asumieron gobiernos de distinto signo político en varios países, mientras que la situación económica y política de dos de sus principales impulsores, Brasil y Venezuela, se deterioró gravemente.

Hoy la Unasur “está paralizada”, resumió en diálogo con Búsqueda una fuente de Itamaraty, la sede de la diplomacia de Brasil. También se encuentra “en el freezer” el Banco del Sur, que se proponía como un instrumento de financiamiento regional alternativo a organismos como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial.

La contaminación venezolana

Pese a que todavía no estaba constituida jurídicamente por completo ni tenía sede, la Unasur obtuvo logros en sus comienzos, recordaron los diplomáticos consultados. Así, cuando en 2010 Correa sufrió una suerte de “secuestro” por parte de las fuerzas policiales de su país, los presidentes de la época José Mujica (Uruguay), Evo Morales (Bolivia), Cristina Fernández (Argentina) y Alan García (Perú) se reunieron rápidamente en Buenos Aires para acordar una declaración en la que denunciaron la “asonada golpista”.

Si bien la Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó una resolución sobre el tema, la foto de los presidentes reunidos en defensa de Correa la tuvo Unasur.

Esa rapidez de reflejos también explica, al menos en parte, la parálisis actual de la organización, opinó un diplomático uruguayo que trabajó en temas de la Unasur para la Cancillería. “Funcionaba mucho a impulsos políticos, pero nunca logró dejar de ser un proceso de integración superficial”, acotó.

El gobierno de Tabaré Vázquez considera que la crisis política en Venezuela y la división que provoca entre los países de la región “contaminaron” los distintos proceso de integración, dijeron fuentes diplomáticas. En los casos del Mercosur y la OEA, ese problema dividió las aguas pero no impidió que las entidades siguieran funcionando, mientras que en la Unasur la situación es mucho más difícil.

Pese a ello, cuando Uruguay ocupó la Presidencia del bloque la Cancillería trabajó para afianzar a la Unasur. El gobierno entregó el puesto a Venezuela en abril del 2016, no sin antes sugerirle que “bajara la pelota al piso” y tratara de disminuir la fricción con los restantes países de la región. Para ese momento, el gobierno de Nicolás Maduro era muy cuestionado por las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen. La recomendación cayó en saco roto y la Unasur se “bloqueó aún más”, describió un informante.

“Desde el punto de vista brasileño, Unasur sigue siendo muy importante por razones políticas, económicas, por la integración sudamericana”, aseguró el representante del gobierno de Brasil consultado. “Pero desgraciadamente en este momento está paralizada por la división entre sus miembros. Ojalá pudiéramos superarla, pero no veo eso pasando en los próximos meses”, agregó.

Los diplomáticos dieron como ejemplo de esa parálisis el hecho de que los países no se pusieron de acuerdo en quién ocupará la Secretaría General de la organización, un cargo que está vacante desde enero. Argentina, que ejerce la Presidencia del bloque hasta el 2018, había propuesto a José Octavio Bordón, su actual embajador en Chile y excandidato a presidente, pero el gobierno de Maduro rechazó la idea.

A las diferencias políticas se suman problemas económicos. Brasil, por ejemplo, todavía no aportó a las arcas de la organización su cuota anual correspondiente a 2016. Ese dinero representa casi 40% del presupuesto anual de Unasur, por lo que la falta de pagos es un golpe duro para sus actividades, algunas de las cuales todavía se mantienen.

“El tema de pago de la contribución tiene que ver con nuestra crisis financiera”, justificó el gobierno brasileño.

Un banco en el freezer

El sueño de Chávez, fallecido en 2013, para la Unasur, incluía la creación de un banco que estuviera en manos de los gobiernos de la región y les permitiera cortar sus vínculos con organismos “imperialistas”.

Esa idea fue plasmada en un convenio constitutivo firmado en setiembre de 2009; los miembros fundadores son Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela, mientras que Chile y Perú participan en calidad de observadores. La entrada en vigencia formal del Banco del Sur se produjo el 3 de abril de 2012, después de que Uruguay cumpliera con el depósito de la ley que ratificó el convenio y se alcanzó el mínimo de países que completaron tal proceso (Brasil y Paraguay todavía no lo hicieron). Su cometido es “financiar el desarrollo económico, social y ambiental” de los miembros en forma “equilibrada y estable, haciendo uso del ahorro intra y extrarregional”, así como “fortalecer la integración” y “reducir las asimetrías”. Estaba previsto que tuviera un capital inicial de U$S 7.000 millones, de los cuales Uruguay debía poner U$S 400 millones.

Tras un prolongado impasse derivado de los cambios políticos en la región, el año pasado se tomaron algunas definiciones en torno a esa institución financiera.

El 1º de diciembre, el uruguayo Pedro Buonomo —quien fue subsecretario de Economía y asesor del entonces mandatario Mujica— asumió como presidente al frente de un directorio “preoperativo” del organismo financiero regional. Su principal tarea era abrir las cuentas de la nueva institución, recibir los primeros aportes de capital y firmar un acuerdo con el gobierno de Venezuela para instalar la sede en Caracas. Pero en ello se avanzó relativamente poco: desde hace pocas semanas el Banco del Sur tiene sus cuentas en el Banco Central venezolano —en donde fue depositada la única contribución de capital recibida hasta ahora, U$S 400.000 de Ecuador—, aunque nunca llegó a firmarse el compromiso para la sede, pese a que ya estaba seleccionado un bonito edificio en la zona caraqueña de Las Mercedes (que se computaría como parte del aporte de Venezuela).

Así, el Banco del Sur entró “en el freezer”, evaluó una fuente consultada por Búsqueda. Su Directorio interino resolvió proponer al Consejo de Ministros —el máximo órgano político de la institución— que se reúna el próximo 30 de setiembre, un año después de su último encuentro, para que ratifique los compromisos asumidos respecto a los aportes de capital y demás pasos iniciales del banco, o que los rectifique. Hasta tanto, en los hechos, dicho Directorio no actuará. Pero sin voluntad política de Argentina de darle impulso —que se reflejó en la inasistencia a varias reuniones del banco— y una grave crisis en Venezuela, parece poco probable que el proyecto regional se reactive.

De hecho, este estado de parálisis del banco regional genera alivio en ciertos ámbitos del gobierno uruguayo, en particular en el Ministerio de Economía conducido por Danilo Astori, donde nunca lo acogieron con mucho calor. En ese marco, el año pasado Uruguay acordó postergar para 2018 su aporte inicial de capital al banco (nueve cuotas en total de U$S 44,4 millones cada una).

Cuando fue interrogado acerca del futuro del Banco del Sur y el aporte multimillonario que debe hacer Brasil, el diplomático no pudo contener una pequeña risa. Y añadió luego: “Creo que ese tema ya está… con el petróleo en el precio que está y nuestros problemas políticos que involucran al Bandes, imaginará que no es una prioridad para nadie”.

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