La Unión Europea no se puede “permitir el fracaso con el Mercosur” porque no firmar el acuerdo le generaría “descrédito mundial”

La Unión Europea no se puede “permitir el fracaso con el Mercosur” porque no firmar el acuerdo le generaría “descrédito mundial”

Para Javier Niño Pérez, director para las Américas del Servicio Europeo de Acción Exterior, ―la agenda muy avanzada de Uruguay en cuanto a derechos sería incompatible con ciertas alianzas estratégicas‖ como un tratado con China

En febrero Javier Niño Pérez acudió a la comisión de Exteriores del Parlamento Europeo para hablar sobre las relaciones de la Unión Europea con Latinoamérica. Allí instó a los miembros de la comunidad a profundizar su presencia en la región para enfrentar el avance de China, al entender que la potencia asiática ―no es exigente en temas de derechos humanos‖, lo que le facilita la conclusión de tratados comerciales en la región e implica para la Unión Europea más dificultades de competirle.

Niño Pérez, director para las Américas del Servicio Europeo de Acción Exterior, estuvo esta semana en Uruguay y amplió esos conceptos en la Comisión Mixta de Cooperación Uruguay-Unión Europea, con el canciller Francisco Bustillo y con los expresidentes José Mujica y Julio María Sanguinetti. En diálogo con Búsqueda, remarcó que, a diferencia de China, Europa le ofrece a la región ―una verdadera alianza multiforme y estratégica‖ a través por ejemplo del acuerdo de asociación con el Mercosur, con lo cual la comunidad busca ―lanzar un mensaje público mundial de querer construir una verdadera alianza‖ para pactar en asuntos como la inteligencia artificial, el medio ambiente y la violencia de género.

El acuerdo, sin embargo, está en stand by desde 2019 al generar dudas en ciertos países europeos. Niño Pérez pretende traer ―optimismo‖ de que finalmente será ratificado, consciente del ―nivel de frustración que existe‖. Y, con su puesta en marcha, advierte que Uruguay deberá decidir ―hacia dónde se quiere enfocar como sociedad‖ una vez que también tenga sobre la mesa un tratado de libre comercio con China.

Aquí un resumen de su entrevista.

—¿Su visita a Uruguay tiene como objetivo acercar posiciones respecto al acuerdo de asociación entre el Mercosur y la Unión Europea?
—El objetivo principal es celebrar una evaluación del estado de la relación bilateral, un ejercicio regular de diálogo. Y el segundo objetivo es lanzar un mensaje de cercanía con Uruguay como sede del Mercosur, como polo de estabilidad económica y política en la región, una señal de nuestro compromiso con América Latina y el Caribe como región con la que queremos construir una alianza para afrontar los grandes retos del siglo XXI. Existe a veces la percepción que América Latina y el Caribe no están en el radar de la Unión Europea y es una concepción en parte, por lo menos, errónea.

—¿Por qué?
—Porque vivimos en un mundo donde las políticas son percibidas de un modo cortoplacista. En Europa tenemos el tema de la migración africana que es un tema muy visible, que se ve mucho en los medios; está el tema de las relaciones con Rusia y ahora mismo del suministro energético; está el tema de cómo gestionar a China; el tema de la vecindad con países del Medio Oriente. Son todos temas que acaparan mucho más fácilmente portadas que otros países con los que tenemos una relación mucho más a largo plazo, como los de América Latina y el Caribe. Allí no hay ninguna crisis que afecte directamente a Europa, pero hay una convergencia basada en vínculos de todo tipo que hace que esta relación sea menos impactante desde el punto de vista mediático, pero no deja de ser estratégicamente importantísima.

—Que el acuerdo de asociación entre el Mercosur y la Unión Europea no sea ratificado, ¿cree que afecta esa percepción?
—Sin duda, y compartimos esa frustración y esa preocupación porque para nosotros este acuerdo es una oportunidad de varias generaciones. Si perdemos esta posibilidad, lo lamentaremos durante muchos, muchos años. Compartimos esta frustración porque después de 22 años es lógico que se nos exija avanzar ya y en eso estamos.

—¿Qué barrera discute la Unión Europea para ratificar el acuerdo con el Mercosur?
—Hay un tema muy concreto, con países como Francia, que por cuestiones sobre todo de su mercado agrícola se muestra reticente a ciertos aspectos del Mercosur.

Pero el tema clave en estos momentos es el medioambiental. En el Parlamento Europeo y en muchos países europeos existe esa conciencia de que hay que ir más allá en el acuerdo para combatir sobre todo la deforestación en Brasil, que es un tema clave para la opinión pública europea. Ese es al día de hoy el principal impedimento. Dicho esto, en materia de política europea el sentido común prácticamente siempre se acaba imponiendo, y es absolutamente cierto que la situación actual sería mucho más perjudicial para la deforestación que si existiera el acuerdo del Mercosur, que nos pondría en una posición mucho más de avanzada que la situación actual.

—Días atrás en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, Uruguay, Brasil y Argentina acompañaron un compromiso de reducir las emisiones de gas metano a escala global. ¿Puede eso acelerar la ratificación del acuerdo con la Unión Europea?
—Absolutamente. Estamos muy satisfechos con la postura que han adoptado en el tema del metano. Y el hecho de que Brasil se comprometa a acabar con la deforestación ilegal en el año 2030 es otro hecho muy significativo. Son los tipos de gestos que facilitarán la ratificación del acuerdo.

—Por lo que usted menciona el principal cuestionamiento europeo está enfocado en Brasil. ¿A Uruguay le recomendaría alguna iniciativa para facilitar el acuerdo?
—A Uruguay en cuestiones operativas o medioambientales poco más podemos pedirle. El canciller Bustillo ha dicho abiertamente que no tiene ningún problema de aceptar un compromiso si ese compromiso es recíproco. Lo que podemos solicitarle es un proceso de acompañamiento y conseguir que Brasil trabaje de manera operativa en temas como la deforestación. Ese objetivo de acabar con la deforestación ilegal es muy positivo y la idea es que se concrete con acciones en el terreno que puedan ser visibles. Ahí la ayuda de Uruguay podría venir en empujar a Brasil para que avance.

—¿Le preocupan a la Unión Europea las posiciones de Uruguay y Brasil por un Mercosur más flexible?
—Tenemos un apoyo decidido a este proceso de integración del Mercosur porque cuanto más integradas están las economías, mucho más fácil es trabajar juntos y evitar disputas. El Mercosur no puede permitirse el fracaso de su proceso de integración regional. Dicho esto, entendemos las complejidades del sistema. Nosotros somos 27 países y comprendemos lo complejo que es negociar entre países grandes, pequeños, más abiertos, menos abiertos. De todas formas, no creo que estas cuestiones vayan a dificultar la finalización del acuerdo con la Unión Europea.

—¿Cree que el acuerdo finalmente se cerrará?
—Es verdad que existen muchísimos problemas y muchísimas cuestiones a abordar, pero el mensaje que traigo es de un cierto optimismo ante el nivel de frustración que existe. Las cosas tienen siempre una cierta lógica, y aquí tanto desde el punto de vista económico como político todas son ventajas para ambas partes y eso nos debe hacer ir al acuerdo lo más rápidamente posible. Estoy absolutamente convencido que se terminará ratificando, lo que no me atrevo a decir son plazos concretos. Se va a ratificar por una cuestión de credibilidad para la propia Unión Europea: si no firmamos este acuerdo habría un gran descrédito a nivel mundial y sobre todo habría una oportunidad perdida para anclar las relaciones entre la Unión Europea y América Latina y el Caribe. Este es el buque insignia de lo que debe ser nuestra relación con una región. Sería el acuerdo más avanzado comercial y político que hemos hecho nunca y mandaría un mensaje muy fuerte de hasta dónde queremos ir. No nos podemos permitir el fracaso con el Mercosur. Es prácticamente imposible encontrar un socio estratégico con el que exista tanta complicidad como el Mercosur, quizás Canadá y Estados Unidos. Este tipo de acuerdos no vamos a conseguirlos en prácticamente ningún otro país del mundo. Para nosotros es un enfoque casi filosófico, es apostar por un acuerdo no solo comercial, sino que va a la política, a la cooperación y que hace que queramos marcar una diferencia con otros actores.

—¿Se refiere a China?
—Ahora se está hablando muy abiertamente de la posibilidad que Uruguay inicie negociaciones comerciales con China, lo cual es legítimo, pero para nosotros son dos enfoques completamente distintos.
China es un actor con una visión comercial y política muy diferente a la nuestra, nosotros lo que queremos con Uruguay es comerciar, invertir, pero sobre todo luchar por un modelo de sociedad que está siendo amenazado en estos momentos. Creo que la ventaja de nuestra relación con Uruguay es que estos temas se pueden poner sobre la mesa y aquí tenemos un tema muy complejo que es cómo abordar las relaciones con China.
La pregunta que ponemos sobre la mesa es: ¿Qué le interesa al Uruguay? ¿Un acuerdo que integre una visión política o se opta por un acuerdo puramente comercial? Nosotros desde la Unión Europea vemos a China como socio en muchos campos, como competidor en otros y como rival sistémico en temas como la democracia y los derechos humanos donde Uruguay y la Unión Europea no tienen que andarse con tapujos. Estamos hablando de dos modelos sociales muy distintos, queremos que Uruguay y la Unión Europea trabajen juntos para promover lo justo frente a esos modelos alternativos.

—¿Es compatible entonces para Uruguay acordar con China y con la Unión Europea a la vez?
—Sin ningún tipo de enfoque paternalista, la pregunta es hacia dónde Uruguay se quiere enfocar como sociedad. Vemos a Uruguay como uno de los países con el que existe mayor convivencia de valores. Entonces, ¿qué vamos a privilegiar? ¿El enfoque de la persona, la protección de derechos, la privacidad? ¿O queremos un enfoque más orientado a cuestiones de seguridad como puede ser el modelo chino? Para nosotros no hay duda: queremos y esperamos que Uruguay y la Unión Europea vayan de la mano en ese campo. No podemos ser ambiguos en este tema. La agenda muy avanzada de Uruguay en cuanto a derechos sería incompatible con ciertas alianzas estratégicas y compatible con los valores europeos.

—Más allá de un posible tratado de libre comercio con China, ¿también inquieta a la Unión Europea que China pueda ser proveedor de tecnología 5G para Uruguay?
—Lo observamos con curiosidad, más que preocupación. Nos parece que una alianza estratégica con China en el 5G conlleva toda una serie de riesgos de protección de datos, de tratamiento de la información y también quizás de cómo van a ver otros países el posicionamiento de Uruguay, que es un poco el hub regional en el tema digital. Apostar por China lanza un mensaje muy significativo.
Nosotros consideramos que es un tema en donde existe la posibilidad de tejer alianzas estratégicas con la Unión Europea o con otros socios que promueven otro tipo de valores democráticos y de seguridad.

—El aumento de la presencia China en la región, ¿no es efectivamente una muestra de que América Latina dejó de ser prioridad para Europa?
—Sin duda, los datos lo confirman: China nos ha pasado como socio comercial en muchos países de América Latina y el Caribe, y existe también una diplomacia cultural que China ha llevado muy fuertemente y seguro que de alguna manera ha aumentado su presencia e influencia. Pero no dejemos de obviar que a pesar de todo la Unión Europea sigue siendo el principal inversor en prácticamente todos los países de la región. Las inversiones de la Unión Europea en América Latina y el Caribe son superiores a las inversiones de la Unión Europea en China, Rusia, India y Japón conjuntamente. Eso es un dato que refleja la confusión mediática de la que hablé antes.

—El gobierno de Uruguay, en comparación con el anterior, ha tenido una postura diplomática más dura hacia Venezuela. ¿Ha complicado esa postura los esfuerzos de la Unión Europea por alcanzar una salida consensuada a la crisis venezolana?
—La verdad, con toda franqueza, es que no. El papel de Uruguay dentro del Grupo Internacional de Contacto sobre Venezuela sigue siendo muy positivo, un papel de moderador, de facilitador, como referente, con ecuanimidad. Uruguay ha tenido un cambio ideológico tangible, pero se mantuvo como miembro del grupo y dentro de ese grupo puedo dar fe de esa política muy ecuánime y muy pragmática.

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