La UE quiere aumentar 20 millones su población para contrarrestar la influencia de Turquía, Rusia y EE.UU.

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29/09 Von der Leyen visita los Balcanes para abrirle las puertas

La gira de tres días de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, por seis países de los Balcanes Occidentales pretende infundir un mensaje de esperanza en la promesa de que todo ellos serán algún día miembros de la UE. La realidad es que la cumbre que se celebrará la semana que viene en Eslovenia coincide con un momento en el que se multiplican las tensiones dentro y fuera de la región. Serbia y Kosovo se enseñan los dientes en el norte de la antigua provincia serbia, los serbios de Bosnia amenazan nuevamente con separarse de este país de cohesión imposible y aunque las cosas mejoran en Albania, su camino hacia la UE está vinculado al de Macedonia del Norte que lo tiene bloqueado porque tampoco logra resolver sus diferencias políticas con la vecina Bulgaria, un país que ya es miembro pero que está cayendo en una espiral delirante que le ha hecho objeto de sanciones norteamericanas por su fracaso en la lucha contra la corrupción.

Además de las tensiones internas, el principal problema para la UE en esta región es que sobre el terreno hay otros intereses externos que toman posiciones. Rusia, Turquía, Estados Unidos e incluso Irán extienden sus tentáculos en esta región, mientras en Bruselas las estructuras comunitarias tienden a mirar cada vez con más escepticismo la posibilidad de que todos estos países logren llegar algún día a convertirse en miembros del club, sobre todo después de haber visto el coste que tuvo la «digestión» no concluida de la llegada de los países del este.

Después de una legislatura en la que se decidió congelar el proceso de ampliación, la Comisión Von der Leyen dio el visto bueno el año pasado al inicio de las negociaciones con Albania y Macedonia del Norte, pero Bulgaria ha decidido vetar a su vecina, con la que comparte prácticamente lengua e historia, por una disputa irresoluble sobre la interpretación de ciertos acontecimientos y la adscripción de algunos personajes históricos del siglo pasado y sin el consentimiento de todos los países miembros, no es posible convocar las negociaciones. En Tirana, la presidenta se comprometió el martes por la mañana a que las negociaciones de adhesión de Albania empiecen ates de fin de año porque este país «ha cumplido claramente sus obligaciones en la reforma judicial y Europa debe cumplir ahora con su promesa» pero por la tarde en Skopje ya no pudo aclarar si van a separar el proceso y empezar antes con los albaneses mientras los normacedonios se aclaran con los búlgaros, o si se va a mantener el bloqueo para los dos.

Declaración de buena voluntad
La reunión que ha preparado la presidencia eslovena entre los líderes europeos y los de Albania, Montenegro, Serbia, Kosovo, Macedonia del Norte y Bosnia y Herzegovina es una declaración de buena voluntad, pero falta por ver si sirve para resolver los problemas que brotan allí.

Este miércoles mismo se tuvieron que reunir en Bruselas representantes de Serbia y de Kosovo para intentar aplacar las tensiones que ha provocado la decisión de Kosovo de anular las placas de matrícula de los coches emitidas en tiempos de la administración de las Naciones Unidas y que empiezan por KS y mantener solo las modernas que rezan RKS, es decir, añaden la categoría de «República» lo que obliga a Belgrado de alguna manera a asumir esta denominación vinculada a la independencia que no reconoce. Los municipios serbios del norte de Kosovo han bloqueado las principales carreteras y ni siquiera aceptan la llegada de tropas de la misión de la OTAN que aún funciona allí. Tan delicados son los equilibrios que Von der Leyen prefirió no trazar un itinerario directo entre Pristina (Kosovo) y Belgrado (Serbia) sino que optó por pasar entre medio por Podgorica (Montenegro).

Peor aún están las cosas en Bosnia, un país muy complejo donde deberían convivir por separado tres comunidades, bosnios y croatas (Croacia ya es miembro de la UE) y los serbios que han decidido boicotear las instituciones comunes y vuelven a amenazar con proclamar su independencia empezando por la creación de su propio ejército. Bosnia es precisamente el último país que visitará Von der Leyen este jueves mismo, y allí asistirá junto al primer ministro croata, Andrej Plenkovic, a la ceremonia de apertura del puente Svilaj que conecta ese país con Croacia y que en estos momentos es todo un símbolo.

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