La UE está dispuesta a continuar negociando más allá del 1 de enero

La UE está dispuesta a continuar negociando más allá del 1 de enero

La pesca se erige en el último obstáculo para conseguir el acuerdo del post-Brexit

Con la pesca hemos topado. Es un sector que tiene un peso económico muy modesto, tanto en la Unión Europea como en el Reino Unido, pero que se ha convertido en el gran obstáculo en las negociaciones para la relación entre estos países a partir de enero. Quedan aún dificultades en garantizar el denominado level playing field, en asegurar que los productos británicos no entren con ventaja en el mercado europeo, pero el relato que ayer hizo el negociador europeo, Michel Barnier, a los embajadores de los 27 países, fue que la pesca era la gran dificultad. La última oferta británica “es totalmente inaceptable”, les dijo Barnier, aunque también añadió que la Unión Europea no se rinde, que seguirá negociando hasta fin de año y más allá incluso.

“Estamos en un momento crucial. Vamos a dar un último empujón”, declaró Barnier a los periodistas antes de la reunión. Sin duda será uno de los intentos finales, aunque tenga resultado incierto, porque restan solo 8 días antes del 1 de enero. Sin embargo, la parte europea piensa continuar las negociaciones. No será la que se levante de la mesa.

La cuestión es que, con este escenario, el calendario ideal, el de conseguir un acuerdo y poder ratificarlo para que entre en vigor plenamente el 1 de enero, ya está descartado. No hay margen de tiempo. El plan B consiste en conseguir el pacto en los próximos días y llevar a cabo una aplicación parcial. Es decir, sin ratificación parlamentaria, y solo impulsando algunas partes esenciales para evitar que el choque sea muy duro en enero. Es una solución compleja, que pocos querían, pero que empieza a verse como el menor de los males tal como están las cosas. Sin embargo, para que sea factible quedan solo tres o cuatro días más. Hay un mínimo de tiempo indispensable para implementar una medida de este tipo.

La tercera opción, que es la que Barnier expuso ante los 27 países, es que lleguemos a fin de año aún sin acuerdo. ¿Qué ocurre entonces? Pues que afrontaremos un Brexit duro, se aplicarán las reglas de la OMC, se grabarán las importaciones con aranceles y las colas en Dover aumentarán. Incluso en estas circunstancias, la opción de la Unión Europea es continuar la negociación. A medio plazo es difícil imaginar que con un vecino situada geográficamente a solo unos 40 kilómetros no se establezca un acuerdo comercial específico. Sin embargo, en este caso sería después de sufrir primero el impacto de una separación sin red.

Por lo que se refiere a la pesca, la última oferta que la Unión Europea ha puesto encima de la mesa es la de reducir su cuota actual en un 25% con un proceso de transición de seis años. Pero es algo que queda lejos de la propuesta británica, que plantea una reducción del 60% y en solo tres años de transición. Para ser exactos, el planteamiento de Londres es reducir lo que puedan pescar los barcos europeos un 35% si no se incluyen las especies pelágicas, como caballa, jurel, bacaladilla y arenque, y un 60% si se contemplan éstas.

Los planteamientos son distantes y Barnier no tiene mucho margen. Entre algunos países de la UE ya se considera que la oferta del 25% en seis años va muy lejos, un Estado lo apuntó en su reunión de ayer con el negociador europeo, y el sector ha hecho pública su protesta. “Nos ha horrorizado que la UE ofrezca el 25% del valor de las capturas anuales al Reino Unido, y aún es más preocupante que aparentemente el Reino Unido aún pida más”, declaró el presidente de la Alianza Pesquera Europea (EUFA), Gerard van Balsfoort, que representa a los pescadores que faenan en aquellas aguas.

En esta recta final, el valor simbólico de la pesca está dando a este sector un gran peso en el último tramo de la negociación. Porque de un acuerdo en el reparto de las cuotas va a depender que el 1 de enero nos despertemos con una relación comercial pactada entre la UE y el Reino Unido, o bien que pasemos a aplicar directamente las reglas de la OMC, con los desajustes que esto implicará. Von der Leyen y Johnson han hablado por teléfono en los últimos días y probablemente tendrán que volver a hacerlo para desatascar unas cuotas de pescado que ponen en riesgo todo el post-Brexit.

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