La segunda ola de coronavirus de India devora en las urnas a Narendra Modi

La segunda ola de coronavirus de India devora en las urnas a Narendra Modi

El Partido Bharatiya Janata del primer ministro indio pierde las elecciones en el estado de Bengala Occidental, en Tamil Nadu y Kerala

Bienvenidos a la democracia más grande del planeta", soltó Narendra Modi poco después de lograr su primera mayoría absoluta en las elecciones generales de 2014. Con una retórica populista y abanderando el nacionalismo hindú, el primer ministro de India siguió ganando comicios y sorteando los problemas. Daba igual que miles de mujeres salieran a las calles protestando por los terribles casos de violaciones sin respuesta del Gobierno o que millones de musulmanes plantaran cara por nuevas leyes supremacistas que amenazaban con desgarrar el tejido de la identidad laica del país en favor de la mayoría hindú. Modi seguía siendo intocable. La cara amable de su mandato, la lucha contra la pobreza y los esfuerzos para tumbar una corrupción demasiado enquistada en el sistema, tenían su recompensa en las urnas.

Modi (70 años) también se hizo fuerte cuando la primera ola de coronavirus golpeó India. Contra todo pronóstico, el país que cuenta con un médico por cada 11.000 habitantes, un hospital público por cada 55.000 personas y una cama por cada 84.000 pacientes, logró aguantar. Tanto que en febrero de este año el Fondo Monetario Internacional (FMI) decía que India sería una de las economías que más crecería y el primer ministro Modi, con ni siquiera el 1% de la población vacunada, declaró que el país era la "farmacia del mundo" y señaló que la vida prepandémica podría reanudarse.

Así ocurrió. Miles de personas volvieron a llenar los estadios de críquet y millones se daban chapuzones en el Ganges celebrando el festival Kumbh Mela. Mientras, Modi recorría cinco estados donde había comenzado un ciclo electoral con casi 190 millones de personas convocadas en las urnas. Los días fueron pasando y la segunda ola de coronavirus fue cogiendo forma. Pero Modi no renunció a los grandes mítines de campaña. El 2 de abril, cuando las cifras ya estaban disparadas, las infecciones llegaron a 89.129 y hubo 478 muertos. El 2 de mayo, se reportaron 368.147 contagios y 3.317 muertes.

India se ha derrumbado con la llegada de la segunda ola. Es el peor escenario en lo que llevamos de pandemia. Y muchos señalan al primer ministro como culpable por su exceso de confianza y falta de previsión. La primera bofetada ha sido en las elecciones estatales. El Partido Bharatiya Janata (BJP) de Modi perdió el domingo en el estado de Bengala Occidental, que seguirá bajo el control de Mamata Banerjee (66 años), quien ha sido su ministra jefe -gobernante- desde 2011 y azote de Modi en su cruzada hindú contra las minorías religiosas en India.

Las elecciones de Bengala Occidental se llevaron a cabo por etapas, comenzando a finales de marzo y finalizando la semana pasada. Muchos críticos dijeron que deberían haberse cancelado, o que los mítines -donde no había mascarillas ni distancia de seguridad- se tendrían que haber prohibido.

Banerjee, que lidera el Congreso Trinamool, partido que fundó en 1998, continuará plantando cara al nacionalismo de Modi, liderando 213 escaños de 292 en un estado con más de 90 millones de habitantes y que se había convertido en la puja fuerte del primer ministro, quien viajó una docena de veces a Bengala Occidental en plena campaña.

El partido de Modi también fracasó en dos estados del sur, Tamil Nadu y Kerala. Aunque sí logró un segundo mandato en el estado nororiental de Assam. "El BJP comenzó a perder fuerza a medida que se extendía la pandemia. El veredicto en el estado de Bengala Occidental definitivamente debilitará la posición de Modi", afirma Nilanjan Mukhopadhyay, analista político y biógrafo de Modi, aunque asegura que esta derrota electoral y la devastadora segunda ola no impedirán que el primer ministro termine su mandato en 2024.

Modi ahora tiene que lidiar con una crisis sin precedentes, dirigiendo un Gobierno que está siendo incapaz de mantener un suministro constante de oxígeno a unos hospitales donde ya no caben más pacientes. Mientras las autoridades esperan que naciones amigas les manden más bombas y concentradores de oxígeno, los ciudadanos están implorando en redes sociales suministros médicos y pagando precios desorbitados en el mercado negro por medicamentos que ya no quedan en hospitales y farmacias.

El sistema sanitario ha colapsado. India lleva 12 días consecutivos reportando más de 300.000 nuevos contagios. En total, las infecciones rozan los 20 millones y los 220.000 muertos. Las piras funerarias arden en crematorios improvisados en parques y aparcamientos de ciudades como Nueva Delhi. Mientras, el partido de Modi procura silenciar en algunos estados a los hospitales que critican la falta de oxígeno y pide formalmente a Twitter -con la excusa de "proteger la soberanía e integridad de India"- que elimine mensajes que señalan la mala gestión del Gobierno por no haber sido capaz de prevenir la mortal segunda ola.

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