La región no ayuda y el mundo tampoco

La región no ayuda y el mundo tampoco

Si hubiera espacio fiscal y monetario, es buen momento para hacer políticas expansivas, pero la región no termina su ajuste del boom en los términos de intercambio.

El gobierno electo ayer deberá afrontar los desafíos que presenta la economía local, en un contexto que poco estimula el crecimiento. Es factible que el crecimiento económico de Latinoamérica en 2019 tienda a cero, ya que varias de las economías cuyo comportamiento “tiraba hacia arriba” a la región, factiblemente se vean afectadas por los acontecimientos de las últimas semanas en el caso de Ecuador, Chile o Bolivia, así como de Perú o Argentina un poco antes. En ese marco, las dos economías mayores de América Latina, México y Brasil, tampoco posibilitan un crecimiento mayor para la región. Desde el Fondo Monetario Internacional, el uruguayo Jorge Roldós, director adjunto en el Departamento del Hemisferio Occidental, entiende que no se puede esperar un impulso al crecimiento desde el marco externo, afectado por la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Las últimas perspectivas del FMI fueron cerradas el 30 de septiembre, por lo que no registra lo ocurrido después en Ecuador, Chile o Bolivia. Sin embargo, ya existía una revisión a la baja para varios países de la región. A continuación, un resumen de la entrevista.

—El título del último documento sobre perspectivas económicas para la región, “Frustrados por la incertidumbre”, es bastante elocuente…

—Esa incertidumbre tiene dos aristas. Por un lado el contexto externo, pero también frustraciones domésticas, junto a la incertidumbre en las economías más grandes de la región. El contexto externo está dado especialmente por las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China. Ese pega directamente a los países latinoamericanos por el canal comercial. Cuando vemos las exportaciones de nuestros países hacia el resto del mundo, venían creciendo al 12-13% a fines del año pasado y de pronto colapsan a crecimiento cero. Pero si vemos el crecimiento del POIB de los socios comerciales, crecía 3,3% en promedio en los últimos cinco años y ahora cae al 2,7% y las perspectivas en adelante no son nada promisorias.
A todo esto, los precios de las commodities, que cayeron en 2014, recuperaron algo en 2017 y desde 2018 están sin variaciones significativas. El impulso de China en este rubro durante los últimos cinco años nos planteó una realidad que ya no es tal. El año próximo China se proyecta que crezca por debajo del 6%, por tanto no hay razón para que los precios de las materias primas no sigan en el nivel que están ahora. En concreto, del marco externo no podemos esperar ningún impulso al crecimiento.

—A la hora de suponer la magnitud de los riesgos, han estimado de qué forma puede castigar a la región por la vía comercial un aumento de la conflictividad entre ambas potencias mundiales…

—Suponemos que exista una caída de 1 puntos porcentual en el crecimiento de China, y lo mismo para Estados Unidos. En ese caso, combinado con una suba en los spreads de 100 puntos básicos. Es un escenario que puede darse si se intensifican las tensiones entre ambos países. Esos datos, según un modelo de equilibrio general que usa el Fondo, nos dan que el impacto para los países de la región se ubicaría entre 0,5 y un punto porcentual de rebaja del crecimiento. Chile y Perú aparecen como los más perjudicados en el caso de una disminución de 1 punto del PIB de China por su dependencia comercial, mientras que México y Costa Rica lo serían en relación a Estados Unidos. Para Uruguay la afectación sería entre 0,30 y 0,38 puntos porcentuales de crecimiento.

—¿Y qué ocurre por el canal financiero?

—Hay un estudio reciente del FMI sobre los flujos de capital en la región. Hubo una caída muy importante de esos flujos de capital en la segunda mitad de 2018 y repuntan fuerte en el primer trimestre de este año, una vez que la Reserva Federal cambia su postura de política monetaria, cuando cambia la orientación de lo que hasta ahí era una suba de tasas. Luego Trump anuncia en abril su decisión de nueva de suba de tarifas en el comercio con China y vuelven a salir los capitales. Ahora, con las tasas de interés más bajas, tenemos una trayectoria moderada de ingresos de capitales a la región. Entendemos que por ese canal no habría problemas. Sí podría haberla si el contexto internacional empeora, por ejemplo una nueva escalada de la guerra comercial.
En el estudio encontramos que, si bien la inversión extranjera directa no ha caído significativamente, lo que sí se ve afectado son los flujos de portafolios, que se han vuelto muy volátiles. Además, las estimaciones econométricas nos muestran que la sensibilidad de los flujos de capitales a esos factores externos que los gobiernos de la región no controlan, ha aumentado en forma importante.

—¿Cuáles son las amenazas más fuertes en cuanto al contexto interno en la región?

—El mayor impacto viene de Brasil y México, que juntos son el 58% del PIB regional, y a ambas economías se les rebajó el pronóstico en septiembre, 1,2% comparado al informe de abril. En Brasil la economía tuvo el fuerte impacto del desastre de Brumadihno (ruptura de una presa minera de la empresa Vale, a principios de año, que provocó una catástrofe ambiental) mientras que en México la inversión no repunta. En ambas economías hubo un cambio de orientación económica muy claro, pero una vez que los dos gobiernos tomaron el poder, la implementación de esas nuevas orientaciones no se concreta y los anuncios no son claros, incertidumbre que para la inversión privada es demoledora. Recién ahora, avanza la reforma previsional en Brasil y puede haber una mejora en el clima de inversión.

—Desde el FMI ponen énfasis en el manejo prudente en el frente fiscal y de la deuda pública, como aspectos que destacan como muy necesarios en momentos como los que atraviesa la región…

—Es el mensaje es: no podemos confiar en el marco externo, hay que hacer cosas en el plano doméstico. Si hubiera espacio fiscal y monetario, es buen momento para hacer políticas expansivas, pero la región no termina su ajuste del boom en los términos de intercambio; en el entendido que esa consolidación fiscal aún está pendiente en buena parte de los países, por tanto no hay margen para usar esas políticas. Es una asignatura pendiente de la región, que salvo Chile, Perú y en cierto grado Colombia, no puede usar políticas contracíclicas. No se ahorró antes, por tanto ahora en la parte baja del ciclo no están en condiciones de hacer un gasto para atenuar el impacto a la baja e impulsar la economía. Algunos países aún pueden hacer uso de las políticas monetarias gracias a guarismos muy bajos de inflación lo que les permite bajar sus tasas. Chile tiene tasas reales negativas hoy, y Brasil las viene bajando después de mucho tiempo al alza.
En el caso particular de Uruguay, el déficit está en el orden del 5% del producto, no hay espacio fiscal para medidas expansivas. Es necesario ajustar la deuda a una trayectoria descendente y reducir el déficit. Hoy no están dadas las condiciones de impulsar la economía de manera contracíclica. Aquellos países que no hicieron el ahorro en la parte alta del ciclo, ahora tienen que “apretar” en el peor momento.

—Hay una línea de trabajo en el FMI sobre la forma en que sugieren que se pueden llevar a cabo las consolidaciones fiscales que se entiende son necesarias para ordenar las cuentas en los países de la región…

—No hay que engañarse. Cualquier consolidación fiscal tiende a reducir el crecimiento. Es un mal necesario, que a veces hay que hacer, pero, retira demanda agregada del mercado y tiende a tener un efecto negativo en el nivel de actividad. Pero también hay evidencia que demuestra que existe cierto “efecto de confianza”. Esto es, si uno pone la casa en orden, quizás no el primer año, pero en el siguiente tal vez, puede ayudar a mejora el nivel de actividad. El estudio se centra en estudiar el spread que deben pagar los países para acceder a crédito. A través de una metodología de minado de texto, un algoritmo que toma una base de datos de Dow Jones con artículos de prensa de toda la región y se focaliza en los anuncios de consolidación fiscal de los países. En base a ello, observa cuánto cae el spread en los 30 días siguientes a esos anuncios. Se observó que el spread cae en promedio 15 puntos básicos, pero en aquellos países que hacen la consolidación fiscal desde una situación de mucho stress financiero, en ellos hay un efecto de confianza aún más fuerte, de unos 35 puntos básicos en el primer mes. Un ajuste bien hecho, que gana confianza y baja los spreads, es menos negativo para el nivel de actividad que uno que no logra esa rebaja.

—¿Cuál es el camino hacia una consolidación recomendable?

—El trabajo también estudia el impacto de una reducción de gastos versus un aumento de impuestos. Encontramos que lo menos dañino para el nivel de actividad, es la reducción del gasto, en línea con resultados de estudios para economías avanzadas
En un contexto en el que el sector externo no va a ayudar al crecimiento, las políticas macroeconómicas tienen muy poco grado de libertad. Entonces, hay que apuntara las reformas estructurales, el crecimiento que viene de mejorar la eficiencia de la asignación de recursos localmente. Mejorar la infraestructura, la educación, el clima de negocios, la estructura impositiva… cada país sabe qué brechas tiene en cuanto a esos sectores y en función de ello, debe tomar sus propias decisiones para mejorar las condiciones. También hay un capítulo destinado a la dinámica laboral, el exceso regulatorio o normativa desactualizada y la informalidad. Con respecto a esto último, donde Uruguay puede ser una clara excepción, el promedio en América Latina es el 50% de la fuerza de trabajo en la informalidad.

—¿Por qué cree que las recomendaciones del FMI pasan por una etapa de fuerte impopularidad?

—El FMI toma muy en cuenta que los países tomen medidas que impulsen el crecimiento y que sean lo más inclusivas posibles. Por supuesto, tampoco tiene la influencia como lograr que los gobiernos actúen de tal o cual manera. Muchas veces el Fondo comenta con preocupación algunas decisiones de los gobiernos, pero son estos los que toman las decisiones. Al Fondo lo usa todo el mundo como chivo expiatorio cuando hay que hacer cambios de política difíciles. Muchas veces los sistemas políticos nos hacen responsables de cosas que les competen a ellos.
El FMI viene a ayudar cuando los gobiernos hicieron cosas que no resultaron buenas, perdieron el acceso al financiamiento y tienen una brecha fiscal que no saben cómo solucionarla.
En el caso de Argentina, la situación pudo haber sido mucho peor. Un programa de asistencia como el que se hizo era fundamentalmente para apoyo fiscal. De no haber existido el ajuste hubiera sido mucho más fuerte. Desde Argentina nos llamaron muy tarde, porque ya había un horizonte de una elección muy próxima. El ajuste se hizo en el último año, es muy duro, pero no había opción. Si el FMI no hubiera entrado, hubiera sido peor.

 

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