La real dimensión del coletazo del covid-19 en la economía de Colombia

La real dimensión del coletazo del covid-19 en la economía de Colombia

Analisis de un coctel explosivo: virus más bajo precio del petróleo. Entrevista con Minhacienda.

Los aviones ya empezaban a estar vacíos a la hora de despegar. Para evitar pérdidas, Avianca y Latam, dos de las aerolíneas que operan vuelos domésticos en el país decidieron reducir entre 30 y 40 por ciento sus vuelos.

Desde el día en que se confirmó el primer caso de coronavirus en Colombia, los ciudadanos temen ir a las salas de cine y teatro a tal punto que ya se calcula una disminución cercana al 50 por ciento en la asistencia, mientras que Cine Colombia cerró temporalmente el 100 % de sus salas. Los conciertos y eventos se aplazan o, en el peor de los casos, se cancelan, ocasionando pérdidas aún no sumadas, pero, para la muestra, solo el escenario Movistar Arena de Bogotá cobra en promedio 140 millones de pesos por actividad.

Esas son algunas de las piezas del paisaje que se dibujó durante esta semana en Colombia, luego de entrar a ser parte de los países afectados por la pandemia, lo que se juntó con un movimiento turbulento en el entorno internacional, provocado por una guerra de precios del petróleo que venía con ataques suaves entre las grandes potencias productoras de crudo (Arabia Saudíta y Rusia), pero que se agudizó en esta semana y llevó a que el precio por barril se ubicara en 33,85 dólares (viernes), una caída del 34 por ciento en los últimos 10 días.

El coctel de los dos sucesos salpicó de inmediato en el mercado bursátil. La Bolsa de Valores de Colombia tuvo dos cierres en la semana, algo que no sucedía desde el 12 de junio del 2006.

A medida que crecía la incertidumbre, la moneda nacional entraba en aguas volátiles. Así, el precio del dólar frente al peso se trepó por encima de los 4.000, un hecho sin precedentes. Ahora, el acumulado de la devaluación en el año es del 27 por ciento, según los analistas.

En medio de esta situación compleja, los riesgos son varios. Están los que acarrea el coronavirus, que está reduciendo la demanda de bienes y servicios, lo que, de prolongarse, desembocaría en que la producción de algunas ramas de la economía, al sentir el impacto, empiecen a bajar el ritmo.

Esto, irremediablemente llevaría a que las empresas no generen empleo o, incluso, recorten personal. Y el peor efecto recaería sobre el trabajo informal, toda vez que, el 42,8 % de 22 millones de personas que son parte de la población económicamente activa trabajan por cuenta propia. En este universo estarían parte de los damnificados por esta semiparálisis del país.

En tal escenario, el crecimiento de la economía proyectado por el Gobierno en 3,7 por ciento, no se podría lograr.

También están las amenazas que provienen del bajo precio del petróleo. La bolsa pública en la que se depositan los ingresos tributarios con los cuales funciona el Estado, no alcanzaría a tener los recursos estimados para 2020: 158 billones de pesos.

 

Y en el 2021, el efecto podría ser más agudo, según el ex ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas. La cifra que lanza, de alrededor de 10 billones de pesos menos, incluye la baja en el recaudo por el menor rendimiento de la actividad petrolera ($ 5 billones) y 5 billones por cuenta de lo que llamó “una reforma tributaria excesiva”, que -a su juicio- introdujo medidas innecesarias, como la posibilidad de que las empresas descuenten parte de lo pagado en impuesto de industria y comercio (ICA) al declarar renta.

Francisco Lloreda, presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo (ACP), corrobora el efecto del bajo precio en el ingreso público. “Por cada dólar que cae en promedio al año el precio del petróleo, el país deja de recibir entre 350 y 400 mil millones”.

Decisiones internas, claves

Varias voces llaman a la calma, pero también, a la urgencia de medidas de choque. El presidente de la Andi, Bruce Mac Master, dice que “el nerviosismo es entendible, pero exagerado”.

“El tema del petróleo obedece a un fenómeno geopólitico y hay expectativa de que se corrija en próximos días, de lo contrario, los países petroleros llevarían al planeta entero a la quiebra”.

En relación con el coronavirus, las decisiones internas serán claves. A Luis Fernando Mejía, director de Fedesarrollo, le preocupa “el pass-through de la depreciación a la inflación, que podría materializarse en los próximos meses. Qué tanto se reducirá el crecimiento va a depender de la duración de los dos choques, el viral y el petrolero, así como de las medidas de salud pública y de política económica para mitigar los efectos”.

Cárdenas, por su parte, ve mejor camino en la activación de un plan de choque que incluya estímulos a la compra de vivienda y aceleración de la inversión en obras de infraestructura.

Y Mac Master estima que Colombia puede salir bien librada de la coyuntura si reacciona con medidas adecuadas. En ese sentido, sugirió el cierre de la frontera con Venezuela, medida que se tomó el fin de semana.

Entrevista al ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla

Tras lo sucedido esta semana, ¿qué riesgos económicos podemos esperar para Colombia?

Estamos vinculados al resto del mundo más que todo a través del mercado de capitales cuya evolución repercute muy rápidamente, y a nivel de diversas variables, en nuestro mercado financiero. Eso es lo que hemos visto esta semana en la evolución de la tasa de cambio y de la tasa de interés, entre otras variables, en muchos países.

En el caso colombiano, estas variables se deterioraron un poco más que en otros por dos razones. La primera, por el carácter petrolero que tuvo el shock. La segunda, porque nuestro mercado de TES es más profundo que en la mayoría de los mercados de deuda emergente y actúa como fuente de recursos en las decisiones de portafolio de muchos inversionistas.

No obstante estos desarrollos desfavorables, lo cierto es que contamos con bastante capacidad de asimilar las perturbaciones actuales sin que los inevitables traumatismos se amplifiquen indebidamente y hagan más daño.

Basta recordar que nuestra tasa de cambio es flexible, que tenemos un monto adecuado de reservas internacionales y acceso automático a otras fuentes importantes de liquidez, que tenemos un sector financiero muy bien capitalizado y muy bien provisionado y que las reservas de Fogafín, unos $ 23 billones, están muy bien dentro del rango que consideramos adecuado para enfrentar dificultades mucho más gruesas que las actuales.

Con los fenómenos que confluyen en esta coyuntura: precio del petróleo y el dólar, y el coronavirus, hay un impacto en la demanda. ¿En cuánto espera que disminuya el ingreso tributario y, por esta vía, los recursos para la inversión pública?

Por ahora mantenemos nuestro estimativo de recaudo de $ 158 billones. Cabe recordar que en los primeros dos meses del año el ritmo del recaudo supera la meta de manera importante. Por supuesto que en unos pocos meses, cuando presentemos el MFMP (Marco Fiscal) y el presupuesto general para consideración del Congreso, tendremos una idea mejor de la trayectoria de esta turbulencia que lleva apenas pocos días.

Analistas señalan que no es hora de frenar gasto, pero no hay recursos. Sugieren invertir en vías o en otros frentes, de manera rápida. ¿Habría margen para hacerlo y proteger así el empleo y el crecimiento?

El país cuenta con enormes recursos fiscales, hoy día representados en dos tipos de cuentas líquidas en cabeza de departamentos, distritos y municipios. Una es el fruto de sus reiterados superávits fiscales. Estas cuentas equivalen a unos 3 puntos del PIB ($ 34 billones es nuestra estimación). La segunda tiene fuente en los recursos provenientes de las regalías que paga el sector minero-energético y que equivalen a unos $ 30 billones adicionales.

Recursos amplios para gastar con responsabilidad fiscal es lo que hay. Falta que lleguemos a un acuerdo entre los gobiernos territoriales, que son los dueños de estos recursos; el Congreso de la República, que definiría las reglas de implementación de un acuerdo para el gasto, y el Gobierno Nacional, que se encargaría de implementar la política pública acordada, estructurando proyectos de infraestructura, por ejemplo, y ayudando a aprovechar economías de escala, vinculando la mejor tecnología disponible, etcétera.

Si el margen de maniobra fuera solo aumentar déficit, ¿está Colombia lista para agrandar esa variable?

El Gobierno Nacional no está en capacidad de endeudarse más de lo que se ha endeudado ya, ni sería responsable hacerlo. Recuerde que entre 2012 y 2018 la deuda explícita del Gobierno, la que aparece en su balance, sube 16 puntos del PIB. Esa deuda, paradójicamente, es contrapartida (parcialmente) de los superávits sistemáticos de los gobiernos locales. El Gobierno se endeuda para pagar, por ejemplo, el sistema general de participaciones (SGP) y, a su vez, el SGP es fuente de superávit en gobiernos locales. Lo que los entendidos llaman el ‘gobierno general’, cuyo balance incluye los recursos que le he mencionado, está en plena capacidad de gastarse la plata que les pertenece a los gobiernos territoriales que lo constituyen, sin necesidad de endeudarse.

¿En una coyuntura como la actual, en la que todo se aplaza o se cancela, seguirá con su agenda en el Congreso para la reforma pensional?

La Ley de Protección a la Vejez, cuyo texto se ha construido en un diálogo amplio con la sociedad, es lo que más me entusiasma hoy día como funcionario público. Si el Congreso decidiera aprobarla, este país mejoraría sustancialmente en términos sociales sin afectar derechos adquiridos, es decir, al amparo de un régimen de transición justo y razonable.

Por mejoras sociales me refiero a una reducción de 28 puntos en el coeficiente Gini de la población mayor, a la erradicación total de la indigencia en dicha población, la mayoría desamparada ahora, al fortalecimiento de la garantía de pensión mínima, que hoy está desfinanciada. Me refiero también a la solución de un gran número de problemas que impiden poner a disposición de la ciudadanía una figura financiera llamada ‘renta vitalicia’, que es fundamental para garantizar el bienestar de cientos de miles de jubilados del futuro y a la solución también al desfinanciamiento que aqueja a decenas de miles de ciudadanos en sus programas de retiro programado.

Suena a que la reforma ya está lista para ser radicada en el Congreso...

(Silencio)...

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