La polémica visita de Borrell a Moscú que escuece en Europa

La polémica visita de Borrell a Moscú que escuece en Europa

Algunos Estados de la UE quieren vincular el viaje a sanciones o la liberación de Navalny

En los temas más sensibles de Política Exterior, las discusiones en el seno de la UE son de tres tipos. Las que son muy discretas y apenas llegan a la prensa. Es raro en los temas importantes, pero ocurre en las cuestiones más técnicas y menos politizadas. Las que son abiertamente públicas y en la que todas las partes se posicionan muy claramente y usan a la opinión pública para hacer lobby. Y las intermedias, en la que hay posiciones enfrentadas, choques profundos, pero la batalla no se da de cara, sino que se usan todo tipo de atajos, encerronas y comentarios por la espalda. La discusión que afecta a Rusia y al inminente viaje que el alto representante Josep Borrell planea hacer a Moscú es de estas últimas.

Borrell, como alto representante y vicepresidente de la Comisión, tiene un trabajo complicado. Es la voz, pero no el cerebro ni el corazón de los 27. Coordina, representa y ejecuta, pero su margen de maniobra es limitado. La Política Exterior es de los gobiernos nacionales y así se lo recuerdan constantemente. Él viaja mucho, da muchas ruedas de prensa, pero sus pasos están muy medidos. Su forma de trabajar nada tiene que ver con la de Federica Mogherini o Lady Ashton. Su carrera está a punto de terminar, no le preocupa su próximo destino y ha venido para jugar. Por eso está dispuesto a arriesgar, a apurar y explorar los límites. No es ni quiere ser un mero portavoz, y eso genera muchas suspicacias y enemistades.

El equipo de Borrell prepara un viaje a Moscú la próxima semana. Lo explicó el mismo este lunes tras el Consejo de Asuntos Exteriores, donde se vio en persona con todos los ministros. "He aceptado la invitación que me hizo hace tiempo el ministro Lavrov y será una buena oportunidad para discutir con mi homólogo ruso todos los temas relevantes y para pasar mensajes claros sobre la situación actual de los derechos y las libertades", dijo Borrell, especificando que ambos hablarán concretamente del caso de Navalny.

Y ahí está el problema. Para algunas capitales (Bucarest, Tallín, Varsovia, Vilna, Riga) el viaje es un error. Creen que el español no debería ir a Moscú sin que la UE haya tomados medidas punitivas claras por lo ocurrido al líder opositor. Piensan, sobre todo en el Este, que la UE mandaría un mensaje equivocado. Que independientemente de la buena voluntad de Borrell, la lógica rusa funciona de otra manera y el desplazamiento sería interpretado como debilidad, resignación y rendición ante el atropello sufrido por Navalny, sus partidarios e incluso su hermano, arrestado este miércoles. Y que si poco después del desplazamiento el opositor es condenado la imagen de la UE quedará tocada, por lo que Putin tiene muchos incentivos para tender una trampa.

El problema es que no hay unanimidad en la Unión sobre las sanciones. Se planteó la cuestión y hubo en torno a 10 votos favorables a hacerlo ya, pero no todos lo tienen claro. Borrell y su equipo creen que es mejor moverse, ir al terreno y decirle a la cara a Labrov y al Kremlin lo que opinan. París y Berlín lo respaldan. Las posibilidades de éxito en una misión de ese tipo son escasas, pero en la planta noble del Servicio de Acción de Exterior prefieren intentarlo. No buscan el choque, no es su estilo. Se trata de un acercamiento no exento de riesgos, pero consideran que la posición de la UE tiene más opciones de prosperar por las buenas que por las malas. "No soy de los que creen que cuando las cosas están mal hay que dejar de hablar. Al contrario", aseguró el lunes.

PRIMERA VISITA DE UN ALTO CARGO EN CUATRO AÑOS
En la última semana las críticas al español proliferan en Bruselas, pero casi todas ellas de forma anónima en las piezas de los medios. Los Bálticos han enviado una carta, pero las puyas van por debajo. Un indicador, en el lenguaje y métodos comunitario, de que pase lo que pase le van a llover las críticas, pero también de que la posición es minoritaria. No todos tienen una estrategia firme y muy clara, hay dudas, así que decidirán en función del resultado. Por eso el español trató de quitarse presión y de desvincular el viaje de la posible aprobación de sanciones. Es algo que los líderes discutirán en su próxima Cumbre, en marzo.

"Esperamos que el señor Borrell esté a la altura de las expectativas que los ciudadanos tienen y haga que la UE cumpla su ambición de defender los derechos y los valores en todo el mundo. No debe regresar de Moscú con las manos vacías. Si lo hace, la UE debe incrementar las sanciones. Sin una reacción europea significativa a la represión de Putin contra la oposición, la política exterior de la UE sólo funcionará a favor del Kremlin", avisan desde el Partido Popular Europeo, donde interpretan lo ocurrido estas semanas en Rusia como una muestra de la debilidad del régimen y sus nervios.

Las opciones de que le dejen verse con Navalny son prácticamente nulas, y él lo sabe. Pero también ha explicado que en Política Exterior las cosas no se hacen así y que no puede condicionar coger el avión a ese requisito. Y hace cuatro años que un alto cargo comunitario no visita la ciudad.

La UE y Rusia tienen muchos temas en la cartera. La relación no es nada fluida pero Borrell espera limar asperezas sobre la situación en Bielorrusia, el conflicto en Ucrania o la lucha armada en Nagorno Karabaj. Por no hablar del acuerdo nuclear con Irán, la situación en el norte de África y Oriente Próximo o los Balcanes occidentales. Putin en su primera intervención en años en la Cumbre de Davos, instó a "recuperar la agenda positiva" con la UE y "sin las fobias del pasado", una invitación interpretada en clave de Washington. Hay nuevo líder en la Casa Blanca y Moscú toca todas las teclas, pues para los próximos cuatro años necesitará otra melodía.

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