‘La paz con las Farc no está en peligro’: Juan Manuel Santos

‘La paz con las Farc no está en peligro’: Juan Manuel Santos

El expresidente habla con Yamid Amat sobre los cuatro años de la firma del acuerdo.

“Yo les diría a los colombianos que recuerden los días más oscuros de este conflicto y cómo fueron. Hay que debatir, por supuesto, el camino correcto para seguir adelante, pero sin volver atrás. Eso sería un gran error”. Estas palabras fueron dichas por el exprimer ministro del Reino Unido Tony Blair a propósito del acuerdo de paz firmado por el ex presidente Juan Manuel Santos con las Farc.

“Creo que este es un logro de proporciones históricas”, comentó, por su parte, el expresidente de Estados Unidos Barack Obama.

El acuerdo cumple 4 años de vigencia. Y para Santos, “la paz con las Farc no está en peligro”.

El exmandatario aceptó dialogar con el autor, como colaborador de EL TIEMPO, sobre los tropiezos que el acuerdo ha enfrentado y sobre todas sus conquistas.

¿Qué balance hace usted de lo ocurrido en ese lapso?

Dado que este acuerdo es el más complejo y el más ambicioso que hasta ahora se ha negociado, el balance es bastante positivo. Se han salvado miles de vidas, muchas de las regiones conflictivas viven un nuevo amanecer, aunque en otras la violencia se ha recrudecido. Hay problemas, por supuesto, algunos muy serios como los asesinatos de los líderes sociales y desmovilizados de las Farc, hay también retrasos, falta muchísimo por implementar, pero el balance es positivo.

Muchos excombatientes de las Farc han abandonado el proceso argumentando que fueron engañados…

Muchos, no. Casi el 95 por ciento de los exguerrilleros se mantienen en el proceso. Un porcentaje mucho más alto que el promedio en los países que sufrieron guerras.

Pero no está ‘Ivan Márquez’, quien firmó el acuerdo como líder de las Farc
En todo proceso hay desertores. Les quedó grande la paz.

¿La Justicia Especial para la Paz (JEP) está funcionando adecuadamente?

La justicia transicional avanza más rápido que en otros procesos, pero se necesitan resultados pronto. Se han acogido a ella más de 12.500 personas, y el respaldo internacional se mantiene incólume.

¿El compromiso asumido por el Gobierno de implementar se ha cumplido?

Le respondo lo más amable posible: puede y debe hacer mucho más. Las palabras bonitas deben convertirse en acciones concretas y con la financiación adecuada.
El actual gobierno insiste en que lo ha hecho.

¿Ha sido adecuada la implementación?
No. Algo ha hecho, pero muchas partes del acuerdo siguen sin desarrollarse.

¿A qué hay que dar prioridad ahora y por qué?

La lista de lo que falta por implementar es larga, Yamid. No hay una sola iniciativa del Gobierno en materia legislativa. Pero yo todavía sueño. ¿Se imagina lo que significaría para el país si se sienta el Gobierno con la oposición a cumplir con el punto uno, el de la reforma rural? Se podría saldar una deuda con el campo de 200 años, se atacaría de forma contundente la pobreza y la desigualdad que tanto van a crecer con la pandemia. Tenemos la peor distribución de tierra del planeta.

Parece una afirmación exagerada. ¿La peor de todo el planeta, insiste usted?

Sí, ¡qué vergüenza!, de todo el planeta, y eso se podría y se debe corregir. Recuerde que todo esto se diseñó para los colombianos, no para las Farc. En cuanto a prioridades, lo de las garantías de seguridad me parece lo más urgente.

Quienes han sido críticos del proceso sostienen que a usted le faltó ocupar con Fuerzas Militares los territorios que abandonaban las Farc…

El plan que se diseñó al principio, plan Horus, para ocupar los 150 municipios más críticos con Fuerza Publica, se adelantó con mucho éxito. Lo coordinó el general Mejía. Todos los indicadores de seguridad mejoraron drásticamente. El problema es que no hubo continuidad ni se extendió a los otros municipios a donde se desplazaron las bandas criminales que se han multiplicado como moscas.

Si la seguridad mejoró, como dice usted, ¿por qué cree que la mayoría de esas zonas están hoy en poder de bandas de narcotraficantes?

Por falta de una verdadera y eficaz política de seguridad que requiere liderazgo y voluntad política. Así de sencillo.

Pero, muchos altos funcionarios lo acusan a usted de ser el responsable, al no prever lo que podría ocurrir…

A mí me acusan de todo lo malo que ha hecho este gobierno y de lo que no ha hecho, hasta de la pandemia o de las goleadas a la Selección. Pero ahí están los hechos, están las cifras de lo que dejamos. Poco a poco la verdad se va conociendo. La inexperiencia y la incompetencia no las pueden seguir escondiendo o justificando con el espejo retrovisor, con comparaciones falsas, después de dos años y medio de tener las riendas del Gobierno.

Dentro de ese marco de circunstancias, el propio presidente Duque ha dicho que el crecimiento inmenso de las plantaciones de hoja de coca y la proliferación de laboratorios de cocaína son efectos de un virtual consentimiento de su gobierno con sectores de la guerrilla que alimentaban su lucha con el narcotráfico…

¿Un pacto con la guerrilla para fortalecer el narcotráfico? ¡Qué tal! Tan absurdo como falso. Nadie niega que se incrementaron los cultivos, por varios factores: la devaluación, baja del precio del oro, expectativa de beneficios por el proceso de paz, la decisión del entonces ministro de sacar a los soldados de la erradicación, la suspensión de la fumigación. Todo es cierto, mea culpa, pero también es cierto que se incrementó en ese periodo la incautación como nunca antes. El resultado final neto es que disminuyó la disponibilidad de coca frente a los ocho años anteriores. Eso sí no lo dicen. Pero Yamid, mire lo siguiente: en 2018, cuando se certificó que había 180.000 hectáreas sembradas, se erradicaron 80.000 hectáreas en un plan que diseñamos con EE. UU. En 2019 erradicamos otras 100.000 hectáreas, y en este año 100.000 o más, dice Mindefensa; o sea casi 300.000 en los últimos tres años.

Entonces, ¿por qué seguimos inundados de coca?

Le doy parte de la respuesta: de las 80.000 hectáreas que se erradicaron en el 2018, casi la mitad había sido por el programa de erradicación voluntaria. Este programa se incluyó en el acuerdo de paz porque es la única, la única estrategia eficaz. Los campesinos necesitan alternativas para no resembrar. Así lo comprobó la ONU cuando verificó, no una, sino tres veces, que con esta modalidad la resiembra era de menos del uno por ciento. Pero le cancelaron el contrato a la ONU y este programa que, repito, es el único eficaz, se dejó morir.

¿Se dejó morir o la mataron?... ¿No están asesinando a quienes no resiembran?

Sí, han asesinado a muchos promotores del programa, porque funciona.

¿Y la aspersión aérea con glifosato?

Precisamente ese es otro estímulo perverso: amenazar con aspersión puso a muchos a sembrar antes de que llegara. Y nunca llegó. Y ojalá no llegue porque no sirve. Pero, mire: cuando ya tienen el sol a las espaldas, que dejen de hacer el ridículo achacándole todos los males habidos y por haber al supuesto mar de coca que heredaron hace tres años. Buen gobierno es también asumir responsabilidades.

¿Por qué dice que ojalá no llegue la aspersión aérea? ¿Y por qué dice que no sirve?

Porque nunca se asperjó tanto como durante mi ministerio y no funcionó. Además, es costosísimo, malo para el medioambiente y malo para la salud pública.

Si no se hace aspersión aérea con glifosato, ¿quién convence al Gobierno de Estados Unidos para que no presione exigiendo la fumigación aérea?

Biden es mucho más realista y pragmático en este tema. Espero que más bien apoye revivir la erradicación voluntaria.

Por otra parte, algunos dirigentes piden modificar el acuerdo de paz…

Ningún acuerdo es perfecto, pero lo que se negoció está bien. Es un ejemplo que el mundo entero destaca y aplaude. Lo muestran como ejemplo. No hay necesidad de reformas. Además, una reforma tendría que ser acordada entre las partes: las Farc tienen que estar de acuerdo. El acuerdo está blindado por nuestra Constitución, por el derecho internacional y es inderogable inclusive por un referendo.

Salvo algunos militares en retiro, la mayoría de exmiembros de la Fuerza Publica apoyan la JEP. Inclusive, el general Mora ha declarado que la JEP es de lo poco que le gusta del acuerdo… ¿qué piensa?

Que así se diseñó: los beneficios de la justicia transicional son también para los militares y para todos los actores del conflicto.

Sí, pero el general Mora lanzó muy duras críticas al acuerdo…

Tal vez se debe a las presiones del ala ultraconservadora de los militares retirados que nunca estuvieron de acuerdo con sentarse a negociar con la guerrilla.

Pero hay quienes afirman que el general Mora no fue muchas veces consultado sobre temas importantes durante las negociaciones…

No es cierto. Él era uno de los cinco plenipotenciarios. A mí nunca se me quejó por eso, que hubiera sido lo apropiado, como sí lo hicieron los otros.

¿Otros negociadores?

Sí, cuando tenían reclamos me los hacían.

¿Y a qué adjudica que solo hasta ahora el General haga publicas sus críticas?

Yo prefiero quedarme con ese general Mora con el que diseñamos el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas, cuando fui ministro de Hacienda junto con el general Tapias y el ministro Ramírez, o con el libertador de Cundinamarca, como yo le decía cuando fui ministro de Defensa, por sus exitosas operaciones, o con mi exembajador en Corea, o con el coequipero y negociador plenipotenciario que participó con tanto entusiasmo en todas y cada una las discusiones y estampó su firma de aprobación, no una sino muchas veces, en los acuerdos que firmamos con las Farc. Recuerdo su emoción cuando decretamos que todos los militares fueran distinguidos con la Citación Presidencial de la Victoria, que todavía todos portan en su pecho con orgullo, porque para nuestras Fuerzas, como para cualquier soldado, como dicen los grandes generales de la historia, la paz es la victoria. Ese es el general Mora, respetable y respetado, que prefiero recordar.

Miembros de las antiguas Farc han confesado la autoría del asesinato de Álvaro Gómez. ¿En las negociaciones de paz alguna vez lo revelaron?

No, nunca, pero me parece importante que lo hayan hecho. Lo mismo que con los atentados a Germán Vargas. Espero que sigan contando toda la verdad.

¿Usted cree que los jefes paramilitares deben decir su verdad ante la JEP?

Por supuesto. Hay que buscar el máximo de verdad que nos permita la reconciliación. Y en esa verdad tiene que estar la de los paramilitares, por más dolorosa que sea. No hay que tenerle miedo. Es una catarsis por la que tenemos que pasar. Será difícil, pero muy necesaria para consolidar la paz.

A raíz de la declaración de las ex-Farc, muchos dirigentes del Centro Democrático han pedido que sean anuladas las curules que tienen actualmente en el Congreso exmiembros de las antiguas Farc. ¿Qué opinión tiene usted?

Sería perfidia. Y eso sí convertiría parte del acuerdo en un engaño. ¡Quién iba a pensar que la compañera de ‘Tirofijo’ presidiría el Senado, como sucedió esta semana! De eso se trata un proceso de paz, de cambiar las armas y la violencia por la convivencia y controversia pacífica y democrática. A muchos no les gusta, es entendible, pero es mucho mejor la paz que la guerra, así a veces resulte más difícil. Y se lo digo con conocimiento porque me ha tocado hacer la guerra y la paz.

¿Usted por qué no involucró al expresidente Uribe desde el principio del proceso, para haber tenido una base política más amplia?

No me haga pelear con Uribe. Deje así. El país tiene que superar esa polarización que nos tiene tan divididos, inclusive sobre temas que nos deberían unir.

¿Los tropiezos políticos que el acuerdo ha tenido a través de los años no han sido provocados por no haber involucrado a Uribe?

¿No será más bien, Yamid, que en el fondo nunca quiso involucrarse? ¿Por qué sería? ¿Quién vive políticamente de los conflictos, de manipular los miedos, de satanizar a los adversarios? No solo Trump.

¿Está en peligro la paz?

La paz con la Farc no. Si resistió las mentiras y entrampamientos de Néstor Humberto y la DEA, aparentemente resiste todo, por fortuna. Hay que llegar al fondo de este sórdido asunto. Pero para tener una paz completa debemos dejar atrás tanto odio, tanta sed de venganza, tenemos que aprender a perdonar, a respetar las diferencias, a dialogar en lugar de polemizar, a tener empatía, a sentir compasión… Solo así podremos reconciliarnos. Poco a poco, como nos dijo el papa Francisco, lo lograremos. La esperanza nunca se debe perder. Soy optimista.

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