La paradoja argentina: mucha deuda, pocos recortes

La paradoja argentina: mucha deuda, pocos recortes

20/07 Buenos Aires se ha vuelto un paria en los mercados internacionales, pero el Gobierno peronista no puede estar más feliz. ¿Por qué?

Cuando un embajador, ministro, primer ministro o alto responsable de algún organismo multilateral habla con el Gobierno argentino, la versión de los hechos varía según quién la presente. Los argentinos siempre dirán que recibieron la comprensión y el apoyo para renegociar la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Si se habla con el otro lado de la mesa, lo que se diga será diferente. Por una elemental cuestión diplomática, nadie salió aún a decir que Alberto Fernández presenta una versión interesada de los hechos.

Hasta ahora. Según reveló recientemente Clarín, "el Departamento del Tesoro, el Club de París y el FMI decidieron avanzar en negociaciones solo si [el ministro de Economía, Martín] Guzmán presenta un plan económico. Pero también fijaron sus propias pautas internas. A partir de ahora todas las reuniones con funcionarios argentinos serán blanqueadas a través de comunicados oficiales". ¿Por qué? Porque ven "que en la Casa Rosada hacen interpretaciones tendenciosas de los encuentros secretos".

Para un grupo político como el kirchnerismo, que hace del relato un arma de seducción masiva, la novedad es una mala noticia. O quizás no: la gran paradoja argentina hoy es que lo que parece algo negativo, la falta de acuerdo con el FMI y, en parte, con el Club de París, es en realidad algo muy positivo para la Casa Rosada: la vicepresidenta Cristina Kirchner necesita ganar a fin de año las elecciones de medio término sí o sí, y para eso necesita disponer de la mayor cantidad de dinero posible. Mientras menos deuda externa se pague, más habrá para repartir fronteras adentro. Lo que suceda con la economía tras las elecciones ya es otra cosa.

Es también por eso que la reciente rebaja de calificación de la deuda argentina no le quita mucho el sueño al Gobierno. De ser "mercado emergente" pasó a "standalone" en el índice de Morgan Stanley Capital International (MSCI). La de standalone es una categoría por debajo de la de "mercado fronterizo". Argentina comparte ahora el mismo escalafón con Bosnia, Jamaica, Botswana, Ucrania o Trinidad y Tobago. Los "fuertes controles de capitales en el mercado de renta variable argentino" son la explicación para la degradación, según MSCI. "La severidad prolongada de los controles de capitales sin resolución no está en línea con los criterios de accesibilidad del índice MSCI de mercados emergentes", explicó Craig Feldman, responsable del índice. Argentina había recuperado la categoría de "mercado emergente" en 2018, bajo el Gobierno de Macri.

Ser standalone significa que Argentina seguirá sin crédito externo (salvo pequeños préstamos que recibe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o de la CAF), algo que perjudica notablemente a un país con un 55% de inflación anual y en el que el PIB cayó un 9,9% en 2020. Un país que no crece desde hace 10 años y que tiene el mismo PIB per cápita que en 1970. Ante datos tan negativos, ¿resistirá la Argentina o será inevitable escenario de una convulsión social como sucedió en muchos de sus vecinos latinoamericanos?

ANDATE
"La gente está esperando una explosión, pero lo que sucede es una implosión: silenciosa y hacia adentro", describió recientemente el consultor Guillermo Olivetto. "La Argentina está operando en un nivel de complejidad desconocido. Hay una pérdida de la ilusión. Jóvenes que se dicen 'me tengo que ir del país' y padres que les dicen: 'andate'. Cómo en la gran crisis de 2001".

La pandemia del covid llevó a Argentina a situaciones no vistas en otros países. Ubicado en el sur de Sudamérica, a nueve horas de vuelo de Estados Unidos y 11 de Europa, Argentina está cada vez peor conectada con el mundo: Air New Zealand,Latam y Emirates ya abandonaron sus operaciones en el país, mientras otra media docena de líneas aéreas las tiene suspendidas indefinidamente. Durante el mes de julio, el Gobierno decidió que solo 600 personas entraran a diario en el país, en el que viven 45 millones de habitantes. Un tema que no le quita precisamente el sueño a aquellos que forman parte de la estadística que dice que el 45% de los habitantes del país son pobres.

Ese contexto desquiciado y desquiciante podría hacer pensar que el Gobierno peronista tiene perdidas las elecciones de septiembre (primarias) y noviembre, pero la realidad es otra: puede ganarlas. El precio de la tonelada de soja por las nubes, el acuerdo con los acreedores privados para pagar la deuda dentro de u nos años, la demorada negociación con el FMI y un inesperado obsequio desde Washington conforman un panorama más alentador de lo imaginable para Alberto Fernández.

¿Obsequio desde Washington? Sí, la decisión del FMI de repartir 650.000 millones de dólares en derechos especiales de giro (DEG), que es la moneda del Fondo, hará que Argentina reciba 4.100 millones. Con esto podrá cubrir buena parte de sus deudas. El país propuso incluso en el G20 que los países de ingresos medios puedan recibir los DEG que los desarrollados no necesiten utilizar.

Guzmán "afirma que Argentina participa en las decisiones económicas internacionales y se atribuye un rol central en la instrumentación del impuesto a las multinacionales", señaló Clarín, que define al ministro como un especialista en patear el balón hacia adelante y no tomar decisiones.

GIRO AL GASTO
Fernández y Guzmán ya dijeron que no les interesa tener un plan económico, que es lo que el G7 y los organismos multilaterales le reclaman. El recurso retórico de que el presupuesto nacional de 2021 es el plan, esgrimido por el ministro, ya no sirve: ese presupuesto prevé una inflación anual del 29%, y antes de llegar a mitad de año ya se acumuló un 25%.

Guzmán es un espécimen curioso. Discípulo del Nobel Joseph Stiglitz, llegó al ministerio con fama de heterodoxo, pero en silencio, gracias a no pagar la deuda, al impuesto inflacionario y a un fenomenal recorte al poder adquisitivo de los pensionistas, llevó el déficit fiscal al 0,5% del PIB. El ala más extrema del peronismo se espanta: "¿Austeridad en medio de la pandemia?"

Esa austeridad se terminó. Lo que se viene es gasto y más gasto. Lo quiera o no Guzmán. Y un fuerte crecimiento del déficit.

"Se van a gastar casi todo lo que consiguieron ahorrar en el primer semestre", pronosticó el economista Marcos Buscaglia.

El analista Marcelo Bonelli señaló que detrás del giro hacia el gasto y el déficit está Axel Kicillof, ministro de Economía hasta diciembre de 2015 con Cristina Kirchner y hoy gobernador de la provincia de Buenos Aires, la más poderosa del país.

"Se habló del Plan Kicillof, que está en plena vigencia. Se instrumenta por decisión y aval de Cristina y lo aceptó Alberto: congelar y poner en una olla a presión todas las variables de la economía. Entre ellas, las tarifas, los combustibles y el dólar oficial. Se trata de algo que ya salió mal (en 2015): el mismo plan que aplicó Kicillof cuando fue ministro y terminó en una bomba de tiempo que le explotó a Mauricio Macri".

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