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La pandemia resquebraja Mercosur

La pandemia resquebraja Mercosur

El proteccionismo alentado por el coronavirus lleva a Argentina a retirarse de negociaciones comerciales con nuevos países, contra el criterio de Brasil, Paraguay y Uruguay.

Ha comenzado a hablarse incluso de un Mercosur «a dos velocidades», si es que este mercado común nacido en 1991 entre Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay puede resistir en pie las fuertes sacudidas generadas por las nuevas dinámicas mundiales. Una de ellas es el auge del proteccionismo, que la pandemia de coronavirus está acentuando.

De hecho, la situación de emergencia creada por el Covid-19 no está cambiando propiamente las relaciones entre los países, sino más bien acelerando tendencias que ya se estaban apuntando en el mundo, como el fraccionamiento de una integración que hasta ahora era cada vez más global y omnicomprensiva.

El anuncio el pasado viernes de la cancillería argentina de suspender su participación en las negociaciones de Mercosur sobre nuevos acuerdos comerciales con terceros países (Corea del Sur, Singapur, Líbano, Canadá e India, entre otros) supone la ruptura de la unidad de acción del grupo. Buenos Aires no cuestiona seguir «acompañando» los acuerdos ya gestados con los bloques comerciales europeos (UE y EFTA), aunque tampoco adelanta un «sí» completo (simplemente dice no querer «entrar en debates por ahora estériles»).

Mercosur sigue, pero no se desarrolla
Argentina no sale de Mercosur ni este queda congelado, pues siguen vigentes todos los mecanismos de integración entre los cuatro vecinos sudamericanos, así como los intercambios comerciales y de todo tipo en funcionamiento. Lo que sí queda en entredicho es su futuro, ya que cualquier nuevo acuerdo de Mercosur con un tercer país debe ser aprobado por los cuatro socios.

En su anuncio, Argentina expresa su compromiso con el proyecto de Mercosur y alude a la excepcionalidad del momento para pedir que, al menos mientras duren las actuales circunstancias, se paralicen las negociaciones en curso, más avanzadas en el caso de Corea del Sur. Teóricamente existe la posibilidad de que, aunque esas negociaciones sigan sin la participación de Buenos Aires, Argentina llegue a aceptar el tratado que finalmente se ponga sobre la mesa. Pero eso es difícil, pues cada país tiene sectores muy específicos que atender y los argentinos no habrían terciado para defender sus propios intereses.

«Dos velocidades» y «geometrías variables»
La salida que quedaría sería modificar las normas internas de Mercosur, para que cada miembro –solo o con otros de los socios­– puede llegar a acuerdos comerciales fuera del bloque. Algo así ya sugirió Jair Bolsonaro cuando Mercosur alcanzó el reciente acuerdo con la UE y Alberto Fernández, aún por llegar a la Casa Rosada pero ya cerca de ganar las elecciones, cuestionaba el acuerdo en el que había participado su antecesor, Mauricio Macri, más abierto al librecomercio.

En esa dirección parecía apuntar el mismo viernes Paraguay, a quien corresponde la presencia pro témpore de Mercosur, al indicar que el resto de los socios –los tres con gobiernos de derecha– «evaluarán la medidas jurídicas, institucionales y operativas más adecuadas».

No obstante, un Mercosur «a dos velocidades» o de «geometrías variables» difícilmente se sostendría dado su exiguo número de miembros y la particular proporción de sus economías: sin Argentina o sin Brasil, Uruguay y Paraguay quedarían de mero apéndice de uno de sus grandes vecinos. Por otra parte, la ausencia de uno de estos dos últimos dejaría al bloque con poco poder de negociación como tal, más allá del peso propio la economía argentina o brasileña.

Integración regional versus completa globalización
A raíz de la pandemia, la brusca reducción de la actividad productiva mundial y del volumen de transporte en las rutas comerciales internacionales han supuesto la ruptura de las cadenas de suministros y la necesidad de contar con una producción y un mercado más próximos geográficamente entre sí. El «repliegue» que ya venía protagonizando Estados Unidos, reclamando el regreso de empresas y sus puestos de trabajo y aumentando aranceles, simboliza una tendencia internacional preexistente de un cierto resurgir de fronteras que la presente crisis acelera.

El proteccionismo tiene larga historia tanto en Argentina como en Brasil. Precisamente el nacimiento de Mercosur marcó un histórico cambio de política, que ahora el Gobierno argentino, de un peronismo poco amigo de interdependencias, parece querer revertir. «En su política interna la Argentina se previene de los efectos de la pandemia mientras protege las empresas, el empleo y la situación de las familias», ha justificado la cancillería argentina.

El fin de la senda hacia una globalización absoluta entre continentes que el mundo transitaba podría revalorizar cierta integración regional o subregional, siempre que esta mantenga la clara soberanía de los estados. Argentina dice ver la utilidad de esa compenetración entre vecinos (no entre alejados geográficamente): «la integración regional es una forma de afrontar la pandemia global y sus consecuencias económicas y sociales», según la cancillería. No obstante, con todo esto, el propio Mercosur queda en entredicho.

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