La OTAN reconoce que la retirada implica riesgos

La OTAN reconoce que la retirada implica riesgos

Los 10.000 soldados inician la salida de Afganistán en mayo

La próxima salida de Afganistán fue una decisión coordinada al detalle en el fondo y en la forma entre los aliados de la OTAN y los Estados Unidos. De entrada, con la presencia física del secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, y del de Defensa, Lloyd Austin, en Bruselas, en la sede de la OTAN, desde donde se improvisó una videoconferencia con los ministros de los países aliados. Allí se adoptó el acuerdo y se comunicó inmediatamente después de que Joe Biden hiciera en Washington el anuncio de la retirada.

La OTAN sacará también a sus tropas de Afganistán a partir del 1 de mayo, en una operación que durará unos pocos meses. No se dan más precisiones. “Esta reducción será ordenada, coordinada y deliberada”, dice el comunicado aprobado por la Alianza.

Una operación que conlleva sus riesgos. Lo reconoció el secretario general de la OTAN. “No es una decisión fácil y supone riesgos”, dijo Jens Stoltenberg, para añadir que “afrontamos un dilema porque la alternativa a salir es estar preparados para un compromiso militar indefinido a largo plazo”. Un compromiso que supondría probablemente incrementar el número de tropas estacionadas en aquel país, según el secretario general de la Alianza.

Actualmente, son 36 los países que participan en la denominada Resolute Support Mission (misión de apoyo decidido) liderada por la OTAN, que desde enero del 2015 entrena y asiste a las fuerzas armadas y las instituciones afganas. EE.UU., Alemania, Turquía, el Reino Unido e Italia, con 6.000
militares, aportan el grueso del total de 9.592 soldados que participan. En el caso español, son 24 los militares desplegados.

En el anuncio de la retirada, hecho conjuntamente por Stoltenberg, Blinken y Lloyd, los tres repitieron casi palabra por palabra una misma frase: “Entramos en Afganistán juntos, hemos ajustado nuestra postura juntos y estamos unidos saliendo juntos”. Mensaje de unidad para un paso que ellos mismos reconocen difícil y arriesgado. Para afrontar la maniobra combinan avisos, como que “cualquier ataque talibán a las tropas aliadas durante la retirada encontrará una respuesta enérgica”, con un balance positivo de la presencia en Afganistán.

En el 2001, los aliados invocaron el artículo 5 del tratado de Washington por primera y única vez en la historia de la OTAN. Un paso altamente simbólico. Además, los aliados fueron a Afganistán en apoyo de EE.UU. para prevenir que los terroristas utilizarán aquel país como refugio para atacar a los países occidentales. Durante décadas, “hemos trabajado conjuntamente para conseguir estos objetivos”, dicen los aliados, y ofrecen también una colaboración futura con Afganistán. Apuntan que retirar las tropas no supone el fin de la relación con el país, sino el inicio de un nuevo capítulo.

Después de que se consume su retirada, la OTAN y Estados Unidos esperan poder confiar en las fuerzas militares y policiales afganas, en la formación y preparación de las cuales han invertido miles de millones de euros, para garantizar la seguridad, aunque nada está garantizado.

Además de razonas políticas, la coordinación de la retirada es conveniente para los aliados para contar con los medios de transporte aéreos y navales de Estados Unidos para retirar su equipo pesado del país.

La ministra española de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, defendió la salida coordinada de las fuerzas aliadas y de Estados Unidos. “Esta ha sido la filosofía de la misión de la OTAN. Lo queremos hacer juntos siguiendo esta fecha señalada por Estados Unidos del 11 de septiembre, en la que esperamos que todos los hombres y mujeres del ejército de España vuelvan a nuestro país”, dijo la ministra.

Por otro lado, en la misma reunión la OTAN también reclamó a Rusia que retire sus tropas des­plegadas cerca de Ucrania. “Los ­aliados damos pleno apoyo a la ­soberanía e integridad territorial de Ucrania”, dijo Stoltenberg, que ­pidió a Moscú que “desescale” de forma inmediata, y que abandone su patrón de provocaciones ­agresivas.

Tanto la OTAN como Estados Unidos han calificado el despliegue ruso cerca de las fronteras de Ucrania como el mayor desde el 2014, cuando se produjo la anexión rusa de Crimea. Es uno de los episodios que centra la tensión entre Rusia y la OTAN, con las actuaciones de Moscú en la zona que Estados Unidos y el resto de aliados consideran como fuente de grave preocupación.

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