La OTAN pulsa el ‘reset’ en las relaciones con Estados Unidos

La OTAN pulsa el ‘reset’ en las relaciones con Estados Unidos

Stoltenberg propone reformar el concepto estratégico y la financiación

La OTAN está en plena etapa posTrump. Después de cuatro años de fricciones con la administración estadounidense y a poco más de un año la “muerte cerebral” anunciada por Emmanuel Macron, la Alianza Atlántica prepara un reset . Con Biden será otra cosa.

“Tenemos una oportunidad única para abrir un nuevo capítulo en las relaciones entre Europa y Estados Unidos”, dijo el secretario general, Jens Stoltenberg, después de la videoconferencia de ministros de Defensa de ayer en la que participó por primera vez un miembro de la Administración Biden. Fue el nuevo jefe del Pentágono, Lloyd Austin, el que mandó el mensaje de que “tenemos que consultarnos, decidir y actuar conjuntamente. Estoy convencido que Estados Unidos son más fuertes cuando trabajan en equipo”, escribió en su cuenta de Twitter. Cambia radicalmente la letra y la música respecto a lo que decían sus predecesores en los últimos cuatro años, especialmente si el orador era Trump.

Después de 4 años de fricción y de la “muerte cerebral” que anunció Macron, la alianza abre una nueva etapa
Para Stoltenberg, es hora de recuperar la confianza perdida y aprovechar el momento para reformar la OTAN. Quiere modificar el concepto estratégico de la Alianza, diseñado en el 2010, y que no tiene en cuenta ni el aumento de la capacidad militar de China ni la concepción de Rusia como adversario. Y también quiere cambiar la financiación, llevando a los países a contribuir al despliegue de las fuerzas de otros aliados.

Todo con la vista puesta en la cumbre de la OTAN prevista
para antes de este verano, aunque sin fecha fija, que supondrá la
presentación oficial de Joe Biden y a la que prepararán el terreno los ministros de Asuntos Exterio-res el 23 y 24 de marzo. Respecto al aumento de gasto en defensa, aunque Donald Trump subió el tono al exigirlo, la realidad es que el compromiso ya viene de los tiempos de Joe Biden como vicepresidente de la presidencia de Barack Obama. Fue en el 2014 cuando se adquirió el compromiso de dedicar un 2% del presupuesto de cada país a la defensa. Stoltenberg destaca el progreso realizado, dado que los aliados europeos llevan siete años consecutivos aumentando el presupuesto en defensa, lo que permite que ya sean nueve los países que dedican el 2% mientras que eran solo tres en el 2014.

Lo que ahora se plantea es una fórmula adicional de financiación, que los socios contribuyan a pagar los despliegues de tropas dentro de los Estados miembros limítrofes con Rusia, así como las operaciones de vigilancia aérea y marítima. Algo que hasta el momento sufraga el país que envía los efectivos. “No es normal que un país que aporta tropas y material en una misión aérea de la OTAN o en un grupo táctico pague la factura”, es el argumento que esgrimió Stoltenberg antes de la reunión.

Mientras, el tema de fondo será la actualización del concepto estratégico, con el horizonte fijado en el 2030, para adaptarse a un contexto cambiante y al mismo tiempo, reforzar los valores básicos que defiende la OTAN. Un ejercicio que deberá realizarse en un ambiente interno de tensión entre Turquía y el resto de aliados. Los desencuentros, especialmente con Francia, son frecuentes. La compra de Ankara del sistema de misiles ruso S400 supuso un momento de tensión en una alianza que, desde la anexión de Crimea, contempla a Rusia como adversario y no como el socio con el que intentaba entenderse.

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