La ofensiva de terciopelo de los talibán 2.0

La ofensiva de terciopelo de los talibán 2.0

18:36 - Gestos amables y seductoras promesas salen hoy de quienes hace dos décadas aprobaban lapidaciones.

El clima en Kabul está enrarecido. Gestos afables, palabras melifluas y promesas encandilantes salen hoy de las mismas bocas que hace 20 años aprobaban lapidaciones, proferían alabanzas a los asesinos de las Torres Gemelas y desafiaban al mundo desde un país aislado casi por completo. Incluso el oscurantista portavoz del movimiento, que durante años permaneció en la penumbra protegido tras el alias de Zabihullah Mujahid, salió ayer a cara descubierta para responder a los periodistas.

"No queremos tener ningún problema con la comunidad internacional", aseguró el portavoz en su primera intervención desde Kabul, en la cual, además, prometió una amnistía general de todos los funcionarios del anterior Gobierno y ex empleados de las fuerzas internacionales, hasta la fecha tildados de 'traidores'. "Nadie va a llamar a la puerta de nadie a preguntarle para quién ha trabajado", prosiguió Mujahid. "Van a estar seguros. Nadie va a ser interrogado o perseguido".

A los feroces milicianos talibán se les ha visto estos días columpiarse puerilmente por los parques infantiles, poner a prueba sus enclenques cuerpos en un gimnasio de Kabul y posar joviales junto a reporteros extranjeros. También reunirse con miembros de la minoría sikh e incluso, siendo extremistas suníes, asistir a los rituales de duelo del Ashura chií, en uno de los distritos kabulíes más azotados por la guerra que ellos mismos declararon al Gobierno afgano. "Todo el mundo está perdonado", insistieron.

Hubo más. Mujahid prometió preservar los derechos de las mujeres como el de estudiar y trabajar pero matizando, enigmático, que "dentro de los límites de la ley islámica" o Sharía. Prometió que la prensa privada podría seguir siendo "libre e independiente". A los Estados Unidos, que en las últimas horas ha puesto el acento en su deseo de que Afganistán no vuelva a convertirse en terreno fértil para la red terrorista Al Qaeda, Mujahid les prometió que "el suelo de Afganistán no será usado contra nadie".

ESCEPTICISMO
Fue toda una batería de buenas intenciones que unos creyeron, otros quisieron creer y algunos más, como el periodista afgano Frud Behzan, se tomaron con escepticismo. "Le están diciendo al mundo lo que quiere oír, pero fuera de Kabul la situación es muy diferente. Los talibán están reimponiendo sus leyes represivas, oprimiendo a las mujeres y prohibiendo los medios independientes", aseguró este joven profesional a través de su cuenta de Twitter. Otros testimonios a EL MUNDO afirman sucesos similares.

Medio mundo se pregunta ahora si, en esta nueva era digital, los talibán son distintos de los de la analógica. Porque se trata de las mismas barbas, aunque un poco más grises: Abdul Ghani Baradar, ex lugarteniente del Mulá Omar -antiguo Emir de Afganistán- y jefe de la oficina política de los talibán, llegó ayer a la ciudad afgana de Kandahar, cuna del movimiento, junto con otros veteranos como Abdul Hakim -jefe del brazo judicial- y el Mulá Fazil. Según medios locales, su destino final era Kabul.

"Nuestra ideología y nuestras creencias son las mismas que las de entonces, porque al fin y al cabo somos musulmanes. Pero hay un cambio en términos de experiencias, tenemos más experiencia y una perspectiva diferente", respondió Zabihullah Mujahid, cuando se le pidió compararse con el pasado. Puede que se refiriera al pragmatismo que les facilitó el sentarse a negociar con su mayor rival, la Casa Blanca, y firmar un acuerdo tan beneficioso que les abrió por completo la vía para retomar el poder.

Con todo, los talibán subrayaron ayer que mantienen conversaciones para formar un Gobierno que sería anunciado "al concluir". Anteriormente, Abdullah Abdullah, excandidato opositor al fugado ex líder Ashraf Ghani, y Hamid Karzai, presidente del país tras el derrocamiento de los talibán, anunciaron que mantenían conversaciones con los fundamentalistas para formar un nuevo Gobierno. Eso sí, los talibán no han cesado ni un instante en llamar al nuevo país 'Emirato Islámico'.

CONSERVAR LA INFLUENCIA EN ASIA CENTRAL
Tamañas intenciones suponen, en un mundo que bascula cada vez más al Este, un reto para Occidente. Washington se enfrenta a un complejo puzzle diplomático. Con China habiendo abierto la puerta a reconocer un Gobierno talibán, y Rusia habiendo mantenido contactos cordiales con sus dirigentes desde hace tiempo, EEUU y la UE se van arrastrados a una competición política por, en su caso, no perder la influencia en Asia Central.

"Un futuro Gobierno afgano que defienda los derechos básicos de su pueblo, que no reciba terroristas y que proteja los derechos básicos de la mitad de su población -sus mujeres y niñas-, ese sería un Gobierno con el que estaríamos dispuestos a trabajar", aseguró el portavoz del Departamento de Estado, Ned Price, cuando se le preguntó por las líneas rojas de su Administración a la hora de abordar un país crucial, vecino de países tan cruciales para la Casa Blanca como China, Pakistán o Irán.

No en vano, fueron los estadounidenses quienes habilitaron a los talibán en 2018 para poder sentarse a negociar cara a cara en Qatar, otro país que gana peso regional gracias a haber servido de sede de la política talibán. El pacto EEUU - talibán de febrero de 2020 vino seguido de una fase de atentados sin apenas precedentes en dos décadas, acompañada de un proceso de negociaciones entre los insurgentes y el Gobierno de Ghani convertido en un diálogo de sordos, que desembocó en los últimos sucesos.

Muchos activistas afganos, durante el último año, han criticado duramente una postura de EEUU que tildan de permisiva con la violencia supuestamente talibán, que estos desmentían mientras acusaban al Gobierno de fomentar el caos. "Está claro que había un maldito acuerdo entre América, Pakistán y los talibán", se lamenta un joven obrero kabulí. Asfandyar Mir, un analista experto en Seguridad asociado a la Universidad de Stanford, describe la exitosa estrategia talibán de "colapso político inducido".

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